sábado, 23 de marzo de 2019

La Templanza, "temperatura" ideal de nuestras emociones



Hace muchos años estuve practicando el Tarot de forma habitual. Supongo que esa búsqueda es natural en algún momento de la juventud, esperando encontrar  en el exterior, respuestas a nuestras más íntimas y personales interrogantes.

Cuando hacía una tirada (al igual que cuando lanzamos una moneda al aire para que decida por uno), yo pedía en silencio: que salga La Templanza, que salga La Templanza...
Lo que a mi vida le faltaba, y que anhelaba, era el concepto que escondía esa carta.

No habría sido necesario leer tanto, buscar, preguntarle al Tarot o a otra persona, habría bastado con mirarme y darme cuenta de que lo que no había en mí, era un equilibrio.
Al mirar la carta sentía una quietud, una serenidad que no conocía en mi vida cotidiana. Cuando mucho, la alcanzaba al escribir, al leer un bello poema o al escuchar ciertas piezas musicales.

"El término Templanza viene del latín "tempetantia" y éste del verbo "temperare" (en origen, atemperar, hacer que algo modere su temperatura, con arreglo al tiempo, también "moderar"), es una cualidad humana que consiste en actuar o hablar de forma cautelosa y justa, con sobriedad, con moderación o continencia para evitar daños, dificultades e inconvenientes..." (
https://www.significados.com/templanza/)


En el libro "La vía del Tarot", de Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa, encontramos lo siguiente:

"La Templanza, el número XIIII, representa un ángel. Esta carta llega después del trabajo en profundidad del Arcano XIII, que ha eliminado lo inútil y creado el vacío necesario para el restablecimiento de la circulación interior. Ha llegado el tiempo de la paz y de la salud. Vemos que este ángel está arraigado en la tierra y no vuela, aunque sus alas azul cielo se lo permitan. Templanza ha superado lo carnal, puede volar hasta regiones muy sutiles. 
La mirada y el cabello de Templanza están llenos de luz divina, y la flor roja de cinco pétalos que se abre sobre su cabeza nos indica que lleva la quintaesencia. Sus pensamientos se manifiestan bajo forma de maravilloso perfume, más allá de la palabra. Pero hemos visto que este ángel está arraigado en la tierra. A sus  pies se entrelazan, se acarician, dos serpientes: Templanza ha asumido todas las energías telúricas y ha dominado su libido. Las dos serpientes son los polos sexuales, lo masculino y lo femenino del tantra, o los dos nadir Ida y Píngala que se entrelazan desde la base de la columna vertebral para convertirse en uno solo, elevándose hasta las alas celestes del ángel. 
El ángel crece sobre la potencia de su sexualidad; la fuerza animal sublimada se ve de nuevo en la energía celeste y espiritual de su cabello amarillo. Los cuatro pequeños triángulos amarillos en su pecho evocan los cuatro centros del ser humano: el intelectual, el emocional, el sexual y el corporal. Estos centros no se comunican entre sí, están yuxtapuestos, cada uno con su propia ley. Pero encima aparece un círculo amarillo, símbolo de la perfección, donde se inscribe en hueco un triángulo que permite a cada uno de los elementos encajarse perfectamente en él. Es la quinta esencia, el ser esencial que hay en nosotros, que comunica con cada uno de los cuatro centros y permite la armonía del ser humano. Asimismo, se distingue en el pecho del ángel una mano, símbolo de suerte y de paz: su corazón irradia caridad. Templanza hace que se comuniquen entre sí las energías, los fluidos. Podría decirse que atenúa las pasiones. Por su acción, ya no hay energías opuestas, ya no hay contrarios, sólo complementarios: es el secreto del equilibrio. Templanza indica el restablecimiento de la salud, el equilibrio mental y emocional, el control de las pasiones no por represión, sino mediante la sublimación. Cuando se saca esta carta, se recibe un mensaje de pacificación: «Encuentra el centro, tu péndulo vital debe apartarse de los extremos, pasa por la vía del medio». Debajo de su traje, aparece la punta de su zapato, una de las pocas manchas moradas del Tarot. Este pie angélico también está templado: es la mezcla del rojo activo y del azul receptivo que comparten el cuerpo de Templanza. Se comprende entonces que por dentro, bajo sus vestiduras, el ángel es morado: ha realizado la unión de lo positivo y de lo negativo, de lo activo y de lo pasivo... "

 


(¿Habrá relación entre la palabra "Templanza" y los Templarios, guardadores del Santo Grial?).

Mi primer acercamiento a la palabra, se remonta a mi niñez, cuando mi madre hablaba de "agua templada" al momento del baño de tina. Y lo comprendía perfectamente. No había que tomar un curso ni que viniera alguien a decirme cuándo el agua estaba templada. Bastaba con la experiencia directa: tocaba el agua y sabía, de inmediato, si había que sacarle o ponerle calor.

En nuestro "quehacer emocional" no resulta tan fácil reconocer el equilibrio, y actuar de acuerdo a él, como meter la mano en nuestro interior y percibir la "temperatura exacta".

En lo personal, las Flores de Bach me acompañaron durante el viaje en busca de ese aprendizaje. Hoy puedo "meter la mano en las aguas de mi ser y comprender con exactitud cuándo mis emociones se encuentran templadas" o, por el contrario, percibir que estoy en desequilibrio y dejarme, una vez más, ayudar por la sabiduría que nos entrega la naturaleza.


Sandra, Requínoa 2016

lunes, 11 de febrero de 2019

"La Experiencia de la propia Conciencia". Wayne Dyer


¿Qué experimentará cuando haya respondido al reto de mirar hacia el interior y vivir según las directrices de su yo espiritual? 
No desarrollará de modo repentino nuevos talentos e intereses. No obstante, tendrá un nivel de conciencia que le permitirá ver cosas que han estado ocultas. Esta comprensión le proporcionará una sensación de paz y satisfacción interior. 
La experiencia de la propia conciencia no es algo que se pueda obtener del mundo físico. Pero sus interacciones con el mundo físico se verán alteradas de forma espectacular cuando la adquiera. 
Será capaz de manifestar con precisión qué necesita del mundo físico. Participará en la creación de lo que su yo interno sabe que es necesario para la búsqueda sagrada. 
Esta comunicación con su yo interno le llevará a nuevos grados de conciencia superior.

Vivirá los siguientes cambios derivados de la Conciencia Superior
y se convertirán en parte de su vida diaria:
  1. Experimentará e intensificará el significado de la conciencia. Se dará cuenta de que en este sistema inteligente no existen los accidentes. Comprenderá que todo lo presente en su vida tiene algo nuevo que enseñarle. Apreciará a todas las personas y todas las cosas de su vida. Al saber que no existen las coincidencias, comenzará a confiar en esa sensación de que los acontecimientos en apariencia desconectados tienen un significado. Incluso empezará a crear esas situaciones cuando las necesite. Se sentirá ante el destino como un igual, en lugar de una víctima del mismo. 
  2. Descubrirá la existencia de una fuente universal de energía. Usted tendrá fe en esa fuente universal de energía. Comenzará a ejercitar su capacidad de establecer contacto con esta fuente y a convertirla en par te de su vida cotidiana. Desarrollará un profundo conocimiento sobre la energía divina y su capacidad para acceder a esa energía. Será incapaz de abrigar ninguna duda acerca de la fuente universal de energía. Comprenderá que todos los seres son parte de ella y que ésta es lo que les anima. No tendrá duda de que todas las debilidades y falsedades se derivan de la negativa a reconocer estos hechos. 
  3. Se sentirá amado. Pedirá y aceptará la guía de Dios. Esta vital nutrición espiritual la percibirá tanto en sus experiencias internas como externas. El miedo inmovilizador disminuye al sentir la presencia de la energía divina. Todo parece ser como debe ser, a pesar de que puede que no lo entienda. Se sentirá en paz respecto de lo que ve y lo que siente. Sus deseos de enmendar y reparar los errores de su vida también forman parte de este plan divino. Buscará satisfacer sus deseos para servir a Dios y a la humanidad con lucidez y ánimo de paz. 
  4. Desarrollará sus sentimientos de respeto y estima. Comenzará a ver la belleza, y a sentirse que le embarga un sentimiento de respeto ante la magnificencia del universo. Estimar la belleza es en realidad la sensación de amor que se experimenta cuando se está conectado con lo divino. Ese amor le llenará con una nueva sensación de fortaleza. Al centrar su energía interna en la belleza que le rodea, recibirá esa energía. Con la práctica, este tipo de receptividad se transformará en una fuente de sustento en su vida diaria. 
  5. Se sentirá conectado con todos. Al transformarse su yo superior en la fuerza dominante de su vida, se volverá cada vez más consciente de su vinculación con los demás. Al igual que usted puede observar millares de flores con diferentes tonalidades originadas por el mismo haz de luz, podrá observar también muchos matices y formas distintas en personas, con lenguas, costumbres e ideas políticas, todas originadas en una sola esencia. Una luz, muchos colores. Una esencia, muchas manifestaciones físicas. Esto no será una mera percepción filosófica. Será una forma de vida. Sentirá que cualquier cosa que sea destructiva para un ser humano es destructiva para todos. Sabrá que la esencia o fuerza vital que fluye a 28 29 través de usted, fluye a través de todo. Esta conciencia superior le llevará a la conclusión a la que llegó el Mahatma Gandhi: «Dios no tiene religión». Esa conciencia le proporcionará la energía del amor, la cual nos ayudará a unirnos a todos. 
  6. Establecerá una nueva relación con la realidad. Cuando su alma se convierta en la fuerza que guíe su vida, romperá la relación habitual con la realidad. Los límites de su percepción se ampliarán para incluir otro mundo que coexiste con el nuestro. Sabrá que los límites existen en la medida en que el orden social define nuestras vidas. Trascenderá el orden social y romperá esa caduca relación una vez que haya transformado su realidad personal. Cuando descubra que es ilimitado, diferentes opciones comenzarán a nacer, hijas del conocimiento ilimitado que reside en su interior. Ya no creerá ni siquiera en las suposiciones de más sólida apariencia sobre sí mismo y lo que le rodea. Sabrá que todos los «poderes» que se les reconocen a los maestros espirituales están dentro de usted. Sus niveles de conciencia cambiarán de un modo tan espectacular que ya no se sentirá limitado por la realidad de la mayoría. 
  7. Experimentará la entrega y la aceptación. Finalmente dejará de luchar y se limitará a dejarse ir, a pesar de que no consiga entender por qué acontecen tantas cosas que no están de acuerdo con la forma en que usted orquestaría el universo. Aceptará que Dios sabe lo que está haciendo. Este proceso le transformará, será más eficaz en su búsqueda. Ya no juzgará a Dios. Por el contrario, sabrá que éste es un sistema inteligente. Los huracanes, los tornados, las muertes accidentales, el delito y la pobreza serán vistos como partes de este plan divino de la misma forma que lo son los días nublados, los mares en calma, la compasión, la prosperidad y la plácida muerte. Su deseo por mejorar las condiciones también participa de ese plan. Trabajará en ello, en lugar de centrarse en por qué son «erróneas» esas condiciones. 
  8. Se convertirá en un soñador despierto. Su mayor conciencia se lo permitirá. Todo lo que sea capaz de conseguir cuando sueña será posible cuando esté despierto. El poder de su mente para dar forma a lo que antes sólo podía ocurrir en sueños, comenzará a constituir su realidad en estado de vigilia. En sueños, cuando quiere examinar en detalle un objeto no tiene 30 que acercarse a él: atrae el objeto hacia usted con el poder de su energía interior. Con la misma energía, comenzará a dar forma a objetos o realidades en su estado de conciencia de vigilia. Comenzará a poder desplazarse por el tiempo, crear los personajes que necesita la obra de su vida, a comunicarse con los difuntos, a estar en más de un sitio a la vez, a hacerse invisible, a conseguir parecer más viejo o más joven, y todos los otros «trucos» de los que disfruta en sus sueños. Algunas personas necesitan toda una vida para aprender a convertirse en un soñador despierto. Con su consciencia superior y la guía de su yo más noble, se convertirá en uno de esos soñadores despiertos. 
  9. Conocerá el poder y el éxtasis del silencio. Descubrirá que cuando «guarda silencio» entra en uno de los lugares más sagrados que puedan existir. Un momento de silencio es el más alto honor que podemos hacerle a alguien. Descubrirá que también es el más alto honor que puede hacerse a sí mismo. Como escribió Herman Melville: «El silencio es la única voz de nuestro Dios... A todas las cosas y emociones profundas las precede y acompaña el silencio». Se apartará de la vida «ruidosa» y buscará el silencio. La oración y la meditación serán parte integral de su vida. Las respuestas que busca, la guía que necesita, la ayuda que requiere, aparecerán mientras practique el silencio como un modo de honrar su verdadero yo. Será capaz de vivir estos momentos preciosos a voluntad. El ruido y la agitación serán incapaces de penetrar en su silencio. Entre el tráfico, en medio de tensas reuniones, durante ejercicios de competición, en casa, con sus hijos jugando y haciendo escándalo... será capaz de acceder a su propio silencio y saber qué quería decir Melville cuando escribió: «El silencio es la consagración general del universo. El silencio es la invisible imposición de las manos del divino pontífice sobre el mundo». Ésta será su realidad una vez lograda una mayor conciencia en su vida. 
  10. Sabrá que hay una solución espiritual para cada problema. En el reino del espíritu encontrará las respuestas para las dificultades. Su yo superior tiene la solución, con independencia de lo insoluble que pueda parecer el problema. Los problemas como la adicción a las drogas, la comida y el alcohol tienen soluciones en su yo superior. Al entrar en su interior verá su excesivo deseo de algo externo como un mal refugio ante el dolor, Cuando comience a disfrutar del placer y alborozo por dirigir la mirada hacia su interior, el deseo y la necesidad de lo externo desaparecerà Cuando empiece a conseguir un equilibrio perfecto al estar en paz, al escuchar su cuerpo, la pulsión de comer en exceso o ser indolente ya no gobernará su vida. Cada problema —ya sea en una relación amorosa, económica o se refiera a la salud o la imagen personal— tiene una soluciòn en su yo superior. Cuando esté en paz, goce del silencio, medite y escuche, escuche a Dios; se apartará de lo mundano y se encaminará hacia lo divino de su interior. Sabrá lo que necesita hacer. 
  11. Pasará de adquirir a compartir. En este superior estado de conciencia pasará de los deseos personales a preguntarse: «¿Cómo puedo ser de ayuda?». En lugar de centrarse en lo que puede obtener, le guiará el deseo de ayudar a satisfacer las necesidades de otros. Lo paradójico de esto es que entonces comenzará a ver que la abundancia afluye a su propia vida. Deseará menos y sin embargo se sentirá más satisfecho. Apartará la atención de sí mismo y obtendrá placer al ayudar a los otros. Necesitará menos, querrá menos y se sentirá menos atraído por la adquisición y la posesión. Sabrá lo que quiso decir Albert Schweitzer cuando escribió estas palabras: «Cada hombre tiene que buscar por sus propios medios que su propio yo sea más noble, y para darse cuenta de cuál es su verdadero y propio valor. Tiene que dedicarle un poco de tiempo a sus semejantes. Aunque sea poca cosa, présteles ayuda, haga algo por ellos, algo por lo que no recibirá más que el privilegio de hacerlo. Porque recuerde, usted no vive sólo en el mundo. También están aquí sus hermanos». 
  12. Vivirá de manera auténtica. Ya no tendrá ninguna dificultad para ser usted mismo. Sabrá que una existencia vivida de modo auténtico conduce a la verdad universal y a una superior conciencia. Se aceptará al saber que cualesquiera que sean sus actos en el pasado, incluso los que puedan haber sido destructivos e inmorales, fueron una parte de quien era en esa época y contenían grandes lecciones. Será capaz de decir con convicción: «Soy lo que soy». Mientras que a algunas de las personas que están cerca de usted esto podría resultarles difícil de aceptar, ya no será capaz de actuar en contra de sus ideas. Cada vez le resultará más fácil escuchar sin estar a la defensiva, porque su conocimiento interior será grande y satisfactorio. Vivirá su exis- tencia de forma auténtica: cumplirá el objetivo que tenía para estar aquí, sabiendo que «la vida pone exámenes» y aprendiendo de aquellos que suspendió. Su autenticidad se basará en el descubrimiento de que no puede emular a otras personas, y a pesar de eso ser sincero consigo mismo y con Dios. 
  13. La alegría será su estado natural. Accederá a un conocimiento interno plácido, como un tibio fluido que corre por dentro de usted. Descubrirá que la alegría es un estado natural y que puede alcanzarse sin recurrir a sustancias. La alegría es un estado de gracia, y un estado de autosuficiencia. Es una conexión con Dios, una conexión con la verdad universal. La ale- gría, el contento, le proporciona la sensación de tener un propósito. 
  14. Enjuiciará menos y será más magnánimo. La conciencia superior anulará sus tendencias enjuiciadoras. Comenzará a ver que juzgar a los demás no los define a ellos, sino que le define a usted. En consecuencia, se sentirá menos inclinado a juzgar a las personas o las cosas. Aceptará que los otros recorren su propio sendero. Aquello de ellos que antes le irritaba, se convertirá en el reflejo de una parte de usted mismo. Como lo expresó Carl Jung: «Todo lo que nos irrita de los de- más puede conducirnos a un entendimiento de nosotros mismos». Será capaz de verlo todo de esta forma no enjuiciadora. Aprenderá lecciones por las que se sentirá agradecido. Por eso, le resultará bastante fácil reconciliarse con el perdón. Sabrá que aquello percibido como «erróneo» era divinamente correcto. La ausencia de crítica y la capacidad para perdonar aportarán una nueva serenidad a su vida. También comenzará a perdonarse a sí mismo. Verá los errores como lecciones. Esto le liberará hacerse reproches a sí mismo. Ha tomado la decisión de ser libre.
De el libro "Tus Zonas Sagradas", primera parte "Prepararse para el trascendental  Viaje" 

miércoles, 28 de febrero de 2018

"Una Experiencia Chamánica"

En alguna parte, alguien contó este cuento y así oí yo decir:

Abatida la mujer por la imposibilidad de salir del círculo de la infelicidad, esperó quedar sola en casa y tirada como una muñeca de trapo sobre su sofá, lloró. Pero su llanto no era de aquellos cotidianos, no esa una simple llovizna de primavera, sino una tormenta de esas que sólo ocurren con décadas y hasta siglos de distancia. Ni ella misma lograba recordar haber llorado de ese modo y con esa intensidad. Pero no intentaba ni recordar ni pensar, porque la humedad de su tristeza mojaba todo lo que de su mente quisiera escapar.
Entumidos y engrillados se quedaban adosados a su cabeza los fracasos, las tristezas, las pérdidas, las humillaciones, las soledades, las carencias, las heridas, las desesperanzas. Y sólo conseguían aumentar el caudal de los mares, de los océanos en esa oscura noche de su alma. 
Un desamparo de meteorito sin órbita rodeaba su instante infernal y ya comenzaba a dormirse -o tal vez a morir- cuando escuchó una voz que le decía: tranquila.
Y sí, eso, de manera instantánea, la tranquilizó. Pero también la asustó. Abrió los ojos y más allá de la espesa cortina de lágrimas, aunque no vio, vio a un hombre sentado sobre la mesita de centro, estirando sus brazos hacia ella.
Ante estas cosas inexplicables, nadie se detiene a buscar explicación y fue así como ella sólo atinó a preguntar: ¿Y tú, còmo te llamas? Entonces recién pudo verlo con nitidez dentro de la locura que es estar mirando a alguien que no se ve. Amablemente, el hombre le respondió “puedes llamarme Carlos”.
Ella ya no lloraba, tampoco se compadecía de sí misma, estaba realmente en paz y entregada a lo que fuera que estaba sucediendo.
Le llamaba la atención el color de piel del hombre, tan oscura, pero con una tonalidad que ella no identificaba con la raza negra. También se fijó en lo delgado que era y en su hermosa sonrisa, blanca, impecable.
Luego él le dijo: no te desesperes, yo estoy esperándote.
Y se esfumó.
Pasaron los años y ella siempre recordó este evento como un delirio de su estado alterado por colapso emocional. Aunque siempre esperó, sin tener mucha conciencia de ello, a Carlos.
Pasaron los años, sí, y hubo más llantos de llovizna y también más y más días de sol.
Entre otoños y primaveras, sucedió que muchas veces fue invitada a acercarse al Chamanismo, pero ella no sentía que fuera algo que le hiciera vibrar –ella se mueve por la pasión y es ésta la tómbola que elige los caminos que recorre-.
Un día de verano, y como siempre en su vida, alguien movió los hilos de todas las cosas, a su favor. Y así fue que tuvo un fin de semana libre, que fue invitada generosamente a un taller sobre Chamanismo, que la tómbola paró en el número indicado y sin más, partió.
Hubo charla teórica, hubo café y galletas, hubo una interacción con buscadores que llegaron ahí con un propósito y su voluntad, no como ella que simplemente…estaba ahí.
El sonido del tambor fue como la entrada a un portal por el que ella se deslizó sintiéndose muy liviana. En su camino por montañas sobre nubes, recorrió muchos mundos y se encontró con maestros amorosos que le indicaban con sus manos estiradas, el camino a seguir. Y seguía, en un trayecto por el que no avanzaba en función del tiempo como lo conocemos.
De pronto se encontró ante una ciudadela que flotaba en los cielos y entró por un pasillo que al final tenía una especie de guardián. Lo reconoció de inmediato, era un dios o algo parecido, de la cultura de la India, y se le vino de inmediato a la cabeza el nombre “Ganesha”. Él, al igual que todos los personajes que se había encontrado en el camino, le indicó con su mano el camino a seguir, y lo hizo, custodiada por un hombre muy anciano vestido solo por un tapabarros albo. Avanzó sólo un poco más y entro a un patio interior de unos pocos metros, circular y brillante. En el centro había una pileta de un par de metros de diámetro, sus aguas estaban cubiertas por flores de loto y sobre ella, flotando, o levitando, un hombre, sonriendo, la miraba. Ella aún no le dirigía directamente la mirada, sorprendida al constatar que las paredes de las construcciones que rodeaban la pileta, no eran sólidas, sino de ¡luz!

 Entonces, ella, creyendo que ya nada podría sorprenderla más, mira al rostro del hombre y reconoce a Carlos.
Ahí estaba la misma piel morena, ese hermoso color que tienen las personas de la India. Y esa misma delgadez característica. Sin lugar a dudas, era la misma ¿persona?
Entonces soltó “la cabeza” y se integró de modo natural a todo lo que estaba sucediendo. Sin resistencias ni ideas preconcebidas ella le preguntó: ¿eres tú mi Maestro? Y 3 veces él respondió “SI”
Y entonces ahí, en una ciudad colgando de las nubes, rodeada de paredes de luz sólida, conversando con su maestro que levitaba sobre flores y completamente dichosa, ella sintió Paz.
“Acá estaré siempre que necesites de mí. Estoy tan feliz de que hayas llegado. Te dije que estaba esperándote y así ha sido por mucho tiempo. Este es un momento precioso. Quiero decirte que mi nombre no es Carlos, sólo usé un nombre que pudiera no confundirte ni hacerte imaginar. Un nombre cualquiera. Eres curiosa, lo menos que esperé entonces fue que me preguntaras el nombre. Pero ya está. Yo soy Ananda, discípulo del Buda, tu Maestro Espiritual y Guía. No te pierdas en el temor ni en la desconfianza. Lo opuesto al miedo es el amor. Hay mucho miedo en ti que te paraliza. ¿Me preguntas cómo soltarlo? Ama. ¿Preguntas qué es el Amor? ¡Oh, querida! Tú lo sabes bien. Cuando estás frente a una persona que te va a consultar como terapeuta, tú estás en el punto más alto del amor. Y tú lo sabes. ¿Por qué preguntas? ¿A cuántas personas has acogido en el maternal fuero de tu alma? Cada vez que a tu consulta llega una persona desintegrada -como lo estuviste tú el día que te fui a conocer- y sale llena de esperanzas, lo que estás sintiendo es amor. Ahora, esa misma energía compasiva, amorosa, afectuosa, comprensiva y llena de alegría, viértela sobre ti misma. Y el miedo se irá. Cada cual está aquí para sí mismo y para los otros. Cada uno en su Misión. La tuya ya la conoces. Sencilla y generosa.
El Dar y el Recibir no tienen extremos, están en una espiral continua. Ahora anda y Escribe sobre todo esto”.
Ananda calló  y como aquél lejano día, estiró sus manos, pero esta vez, ella las recibió. Con las calideces de sus manos fundidas unas en las otras, se miraron sin decir palabra, sonriendo.
 Nuevamente hubo café y galletas y colores y risas y tanto, tanto por procesar.
Entonces ella llegó a casa y se puso a investigar sobre Ananda, uno de los discípulos del Buda, conocido por su sabiduría, también por interceder ante él para que las mujeres pudieran entrar a la orden budista. Poseedor de una gran memoria, fue convocado luego de la muerte de Buda con el propósito de recopilar y organizar su doctrina. Gracias a  sus recuerdos se confeccionó la segunda de las tres partes que componen las escrituras budistas oficiales. Y mucho mucho màs que a ella sòlo la hizo agradecer.

Nota 1: Lo que dice Internet sobre Ananda (que no se sabe si es verdad pero tiene sentido):
Fue así que Ananda se presentó al Concilio y, gracias a sus recuerdos, se confeccionó el Sutra-pitaka (lit.: ‘cesta de los discursos’), la segunda de las tres partes que componen el denominado Tripiṭaka o Canon Pali, que son las escrituras budistas oficiales.
En estas escrituras, en los cuatro primeros Nikayas, se puede leer frecuentemente la frase:
"Así oí yo decir" antes de las palabras de Buda; ese "yo" se supone que es pronunciado por Ananda quien se convertiría en el segundo sucesor de Buda, después de Mahākāśyapa.
El Canon Pali no menciona la muerte de Ananda, sin embargo, el célebre monje budista chino Fa Hsien, recogió en su peregrinación a la India una antigua tradición según la cual, cuando Ananda rondaba los 120 años, presintiendo su muerte, nombró como su sucesor a Śānavāsika y decidió realizar un viaje de Rājagṛha a Vesāli; una vez llegado allí, decidió alojarse en una isla en medio del Ganges.
Tan pronto los príncipes y habitantes de Vesāli se percataron de la presencia de Ananda, acudieron a verle desde una de las riberas del río; en la otra ribera, se presentaron el rey Ajātashatru (rey de Magadha) y su séquito, que habían ido tras Ananda desde Rājagṛha.
Unos y otros, le pedían a Ananda que fuera hacia su lado del río para morir y él, demostrando su gentileza y compasión, para evitar cualquier clase de disputa entre los dos bandos a causa suya, usó sus poderes psíquicos elevándose por los aires y haciendo que su cuerpo fuera consumido por el fuego para, finalmente, dejar que sus cenizas se dividieran cayendo a ambos lados del río.

Nota 2: Mis eternos agradecimientos a Mariella, maestra y amiga.






sábado, 17 de febrero de 2018

"Ecopedagogía: Cultivar la Intuición, la Imaginación, la Creatividad, la Sensibilidad de nuestros Niños a través de la Experiencia"


Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: 
la Naturaleza. 

(Jean-Jacques Rousseau)

La educación tradicional solo ha hecho hincapié en los aspectos cognitivos de los niños, llegando incluso a creer que había un solo tipo de inteligencia y que esta podía medirse y resumirse en un número, en un afán de clasificación que nos permitiera tener la ilusión de que controlamos todo, incluso algo tan mágico y complejo como el ser humano en desarrollo.
La ecopedagogía cultiva especialmente otras capacidades humanas tales como la intuición, la imaginación, la creatividad, la estimulación sensorial y la sensibilidad a través de la experiencia. Con ello, estimula un profundo sentido de conexión con la vida, consigo mismo y con los demás que fomenta y desarrolla la capacidad de empatía y de responsabilidad.
Este nuevo enfoque cambia la filosofía de origen en la que hemos ido creciendo donde el ser humano es el centro del universo y la Tierra es una gran masa inerte, desprovista de vida, como una ingente despensa de víveres y riquezas materiales. Desde este lugar, estamos solos, aislados, profundamente desconectados y esto no nos ha salido gratis.
Nuestros niños van creciendo como pueden en burbujas casi herméticas con universos muy limitados y artificiales formados por pantallas, teclas y hormigón generando trastornos físicos y emocionales a los que damos respuesta con fármacos. Niños enfermos de una sociedad enferma, representan la consecuencia y el síntoma a la vez.
Como el resto de mamíferos, nuestros cerebros están diseñados para lo que se conoce como biofilia, es decir para relacionarnos con las demás especies, animales o vegetales. Se trata de una atracción genética por la vida, una tendencia innata a dar valor a lo que nos rodea y percibimos como vivo.
Educar y criar, alejando a los niños de lo que es innato en ellos, es ir contra su esencia, requiere de un entrenamiento largo y minucioso que solemos llamar “educación”.
Las consecuencias son fácilmente reconocibles, aunque no por ello menos trágicas: nuestros niños han perdido espontaneidad, suelen tener biorritmos alterados, problemas de sueño, sensibilidad limitada, fatiga sensorial y falta de movimiento, entre otros que suelen derivar en alteraciones de conducta y problemas de concentración, el famoso TDAH por ejemplo.
Los pediatras recomiendan exponer a los bebés a la luz solar al menos 15 minutos diarios, ya que es la mejor fuente de Vitamina D, imprescindible para el desarrollo. Numerosos estudios e investigaciones demuestran que la actividad no estructurada al aire libre actúa como un potente preventivo de los trastornos de conducta y que el TDAH mejora.
En la primera infancia, es decir desde el nacimiento hasta aproximadamente los siete años, los niños son poseedores aún de una conciencia mental pura, no necesitan proyectar ni clasificar ni etiquetar ni juzgar. Son capaces de relacionarse directamente a través de los sentidos: tocar, oler, saborear, escuchar, respirar… se trata de absorber el mundo de una forma más fluida y amplía, sin imposiciones artificiales que nada aportan pero sí limitan, como el aprendizaje de la lectoescritura antes de esa edad, típico de nuestra cultura.

“Los niños necesitan dominar el lenguaje de las cosas antes que el de las palabras”

Antes de los siete años, los niños deben correr, saltar, escalar, cuidar plantas y animales, jugar con agua y arena, pintar, escuchar e inventar canciones, no aprender signos estructurados inmóviles entre paredes con pantallas digitales.
Los entornos naturales son idóneos como marco para el desarrollo de la creatividad, la impulsan desde su diversidad de materiales, texturas, colores y su ausencia de indicaciones sobre cómo deben usarse o jugar con ellos. Y la creatividad no sólo es eso que se necesita para pintar un cuadro o escribir un libro, es una capacidad imprescindible en el desarrollo de nuestros hijos porque les prepara para tolerar la ambigüedad, asumir riesgos y ser flexibles, es decir para una sana adaptación a los cambios y avatares de la vida, nada más y nada menos.
Nosotros, los padres, tenemos una irrenunciable responsabilidad en ello, tratando de educar desde la libertad y la humildad de saber, de sentir y transmitir que somos parte, no el todo.
Nuestro papel debiera ser más el de la aceptación serena e incondicional, la confianza en que cuentan con los recursos que necesitan para ser quienes quieran ser, interesarnos honestamente por sus cosas, asegurar que cada día disponen de tiempo libre para jugar, dejar que se aburran sin caer en la pantalla, darles muchas, muchas posibilidades de conexión con la naturaleza, con los otros (humanos, no humanos, plantas, minerales…), evitar organizar su tiempo como si la agenda de un ministro se tratara, no interferir ni dirigir sus juegos, no impedirles que se sienten en el suelo, que caminen descalzos, que toquen, que se manchen, que desordenen… para construir su mundo, primero necesitan “destruir” el nuestro. Sino, se limitarán a copiarlo desde la obediente sumisión, dejándose a sí mismos por el camino.
Seamos facilitadores, no adiestradores. Devolvamos a nuestros niños lo que les pertenece, su conexión con la Tierra de la que son hijos, su innata curiosidad por lo vivo, su tendencia humana al cuidado de otro, a la generosidad, a la empatía, despertando sus sentidos a una sensibilidad diferente, plena, conectada, responsable.
Y de paso, dejémonos llevar nosotros también por esa energía no contaminada que cada día nos regalan tan generosa y abundantemente.

Fuente: 
https://elpais.com/elpais/2017/06/13/mamas_papas/1497350778_146220.html

domingo, 11 de febrero de 2018

"El cuento de Buda y Ananda: La Claridad de las Aguas"


En un caluroso día de verano, Siddhartha Gautama estaba atravesando un bosque junto a su principal discípulo, Ananda. Sediento, el Buda se dirigió a su acompañante:
-Ananda, hace algo más de una hora cruzamos un arroyo. Por favor, toma mi cuenco y tráeme un poco de agua. Me siento muy cansado — el Buda había envejecido.
Así lo hizo Ananda. Deshizo sus pasos, pero cuando llegó al arroyo, acababan de cruzarlo unas carretas tiradas por bueyes que habían removido las hojas muertas y el cieno, enturbiado el agua y convirtiéndolo en un lodazal. Este agua ya no se podía beber; estaba demasiado sucia. Así que Ananda regresó junto a su maestro, con el cuenco vacío.
-Tendrás que esperar un poco — dijo Ananda — . Iré por delante. He oído que a sólo cuatro o cinco kilómetros de aquí hay un gran río. Traeré el agua de allí.
Pero Buda insistió:
-Regresa y tráeme el agua de ese arroyo.
Ananda quedó perplejo, no podía entender la insistencia, pero si su maestro lo solicitaba, él, como discípulo, debía obedecer. Así que volvió a tomar el cuenco en sus manos y se dispuso a iniciar el camino de regreso al arroyo.
-Y no regreses si el agua sigue estando sucia — dijo Buda — . No hagas nada, no te metas en el arroyo. Simplemente siéntate en la orilla en silencio y observa. Antes o después el agua volverá a aclararse, y entonces podrás llenar el cuenco.
Molesto, Ananda volvió hasta allí, descubriendo que su maestro tenía razón. Aunque aún seguía algo turbia, el agua estaba visiblemente más clara. De modo que se sentó en la orilla, observando pacientemente el flujo del río.
Poco a poco, el agua se tornó cristalina. Ananda tomó el cuenco y lo llenó de agua, y mientras lo hacía, comprendió que había un mensaje en todo esto. Ahora podía comprender.
Rebosante de júbilo, Ananda regresó bailando hasta donde estaba Buda, entregándole el cuenco y postrándose a los pies de su maestro para darle las gracias.
-Soy yo quien debería darte las gracias, me has traído el agua — dijo Buda.
-Volví enojado al río — contestó Ananda — , pero sentado en la orilla, he visto como mi mente se aclaraba, al igual que el agua del arroyo. Si hubiera entrado en la corriente, se habría enturbiado de nuevo. Si salto dentro de la mente, genero confusión, empiezan a aparecer problemas. He comprendido que puedo sentarme en la orilla de mi mente, observando todo lo que arrastra: sus hojas muertas, sus dolores, sus heridas, sus deseos… Despreocupado y atento, me sentaré en la orilla y esperaré hasta que se aclare. Por eso, maestro, yo te doy las gracias.

martes, 23 de enero de 2018

"El Cerebro después de los 50"


El Dr. Juan Hitzig es autor del libro “Cincuenta y tantos” Cuerpo y Mente en forma aunque el tiempo siga pasando.
En la página de Gerontología de la Universidad Maimónides se lee:
No hay duda de que el ser humano vive cada vez más. ¿Cómo hacer para que esta longevidad no sea una acumulación de dolencias y enfermedades, sino una etapa vital, plena de experiencias y desarrollo personal?
Las ideas centrales de este libro se basan en investigaciones que demuestran que alrededor de los cincuenta años se encuentra el Punto de Inflexión Biológica que define en qué forma envejeceremos. Transmitiendo experiencias y observaciones que ha hecho a lo largo de su carrera, el autor sugiere ideas y conclusiones que ayudarán a los lectores a acceder a una longevidad saludable. Tomando en cuenta aspectos biológicos, sociológicos, psicológicos e incluso espirituales, presenta una manera de encarar los próximos años que permitirá frenar el envejecimiento y renovar, con inteligencia, la segunda mitad de la vida de muchos.
Profesor de la Universidad Maimónides y reconocido gerontólogo dedicado a estudiar las causas de la longevidad saludable sostiene con humor que:
“El cerebro es un ‘”músculo” fácil de engañar; si sonríes cree que estás contenta y te hace sentir mejor”.
Explica que el pensamiento es un evento energético que transcurre en una realidad intangible pero que rápidamente se transforma en emoción (del griego emotion, movimiento), un movimiento de neuroquímica y hormonas que cuando es negativo hace colapsar a nuestro organismo físico en forma de malestar, enfermedades e incluso de muerte. Con los años, el Dr. Hitzig ha desarrollado un alfabeto emocional que conviene memorizar.
Las conductas con R
Resentimiento, rabia, reproche, rencor, rechazo, resistencia, represión. Son generadoras de coRtisol, una potente hormona del estrés, cuya presencia prolongada en sangre es letal para las células arteriales ya que aumenta el riesgo de adquirir enfermedades cardio-cerebro-vasculares.
• Las conductas R generan actitudes D: Depresión, desánimo, desesperación, desolación.

En cambio, las conductas con S
Serenidad, silencio, sabiduría, sabor, sexo, sueño, sonrisa, sociabilidad, sedación, son motorizadoras de Serotonina, una hormona generadora de tranquilidad que mejora la calidad de vida, aleja la enfermedad y retarda la velocidad del envejecimiento celular.
• Las conductas S generan actitudes A: Animo, aprecio, amor, amistad, acercamiento.

Fíjate que así nos enteramos de que lo que siempre se llamó “hacerse mala sangre” no es más que un exceso de cortisol y una falta de serotonina en la sangre.

Algunas reflexiones más del Dr. Hitzig:
• Presta atención a tus pensamientos pues se harán palabras.
• Presta atención a tus palabras pues se harán actitudes.
• Presta atención a tus actitudes porque se harán conductas.
• Presta atención a tus conductas porque se harán carácter.
• Presta atención a tu carácter porque se hará biología.

Hace muchos años el poeta Rabindranath Tagore decía: 
Si tiene remedio, ¿de qué te quejas? Y si no tiene remedio, ¿de qué te quejas?” 
Podría servirnos para aprender a dejar las quejas y los pensamientos negativos de lado y buscar en cada situación el aspecto positivo ya que hasta la peor de ellas lo tiene. De esa forma nos inundaría la Serotonina con todas sus eses, la sonrisa se nos grabaría en las mejillas y todo ello nos ayudaría a vivir mucho mejor ese montón de años que la ciencia nos ha agregado. Porque, olvidaba escribirlo, el Dr. Hitzig ha comprobado con sus investigaciones que quienes envejecen bien son las personas activas, sociables y sonrientes. No las rezongonas, malhumoradas y avinagradas que nadie quiere tener cerca.
Empecemos hoy practicando las eses frente al espejo para mejorar nuestro humor y cuidar nuestra salud. ¿Estás de acuerdo con el alfabeto emocional? ¿Qué abunda más en tu vida, R o S?
Finalmente todo es cuestión de actitud