jueves, 21 de septiembre de 2017

"Nuestras Fallas Geológicas son nuestros Traumas, los Sismos nuestras Crisis" por Eduardo Grecco

Suelo enseñar que, en las crisis, la memoria de la ayuda retorna a nuestra vida cotidiana como el caudal de un río que ha sido desviado a su curso original. De pronto, nos volvemos solidarios donde hasta ayer competíamos. Tal vez, “desorganizados solidarios”, pero solidarios. Ahí nos damos cuenta que la eficacia no es lo importante, sino la intención amorosa que la alienta
En el dolor de tanto dolor, es bueno reencontrase con ese sentimiento tan humano, y tan reprimido, como la solidaridad. Ser solidario no consiste en imponer nuestra asistencia sino comenzar por preguntar ¿Qué necesitas? Y esto supone una disposición a dar lo que el otro requiere, no lo que nosotros queremos otorgar. 
Ser solidarios implica conectarnos, profunda y empáticamente, con los otros y con sus sufrimientos y carencias. Las crisis nos enfrentan a la finitud de las cosas y de la vida. De tal modo que, uno debe aprender a vivir el ahora, a no dejar para mañana los anhelos que se pueden realizar. Los deseos que reprimimos, los traumas que experimentamos, los sueños que postergamos, las personas que excluimos, los enojos que guardamos, no desaparecen sino que son fantasmas que moran agazapados en nuestra sombra. Así, como las placas tectónicas de la tierra se acomodan y, en este movimiento, producen sismos (aunque no es la única causa), así las placas tectónicas del inconsciente se reacomodan y producen crisis en nuestra vida. 
La magnitud de las crisis depende de la magnitud de lo reprimido. Represión es lo contrario de expresión, de modo que el tamaño de una crisis es proporcional a la capacidad expresiva de nuestra vida. Más expresión, menos intensidad de las crisis. Por eso, es bueno que, nosotros que somos terapeutas, nos preguntemos ¿Qué necesitamos? Uno da lo que ya tiene; contesta las respuestas que se ha contestado. 
México ha vivido el pánico de Rock Rose. Vi a tanta gente conmocionada y abracé a tantas personas llorando, que mis ojos y mis brazos están cansados. 
Caminé de regreso a mi casa, tanto tiempo, al lado de tanta gente, que por la noche caí rendido y dormí lo que no había dormido en meses. Hoy, aun la gente tiene miedo. Busca reunirse con las personas de sus afectos. No sabe que puede pasar mañana. Muchos están esperando una réplica del terremoto muchas más ayudando como saben. Hoy por la mañana entré en mi estudio, barrí los vidrios de unos cuadros rotos, junté libros que se habían caído de los estantes, prendí la computadora, contesté mails, mensajes y whatsapp de gente preocupada por mí y por México. 
Es muy grato sentir que tanta gente te quiere, es bello sentirse envuelto por tanto amor. Tal vez, las crisis nos recuerdan la necesidad de recargarnos de amor en nuestra vida. Bach, señalaba que Rock Rose es un remedio pasa ser usado en la depresión. (“En casos de gran urgencia, de gran peligro, de miedo intenso o terror o depresión, en todos los casos de máxima necesidad cuando la situación parece desesperada…” y “Cuando existe peligro mental, como amenaza de suicidio, locura o crisis nerviosa, miedo a la muerte o una depresión incurable.”) Y, la depresión, es una pena de amor. En este día, no he dejado de pensar como Rock Rose, al recordarnos la solidaridad dormida, también nos hace tener a la vista la fuerza del amor. Las crisis Rock Rose son, además de muchas otras cosas, monumentos que conmemoran traumas de amor de nuestra vida, y los reviven para sanarlos. Las placas tectónicas de nuestra sombra están formadas por nuestros desamores más arcaicos. Sobre ellos trabaja Rock Rose. 
Hay que recordar, curiosidad valiosa, que la palabra “tectónica” deriva del griego antiguo y alude a constructor, carpintero, en suma labores alquimistas, y que, terremoto (movimiento de la tierra) o sismo (temblor de la tierra), es un fenómeno, de sacudida brusca y pasajera, de la corteza terrestre, producida por la liberación de energía acumulada en forma de ondas sísmicas que, en general, se producen por la actividad de fallas geológicas.
Nuestras fallas geológicas son nuestros traumas, los sismos nuestras crisis, producto de la energía que hemos reprimido y que quiere expresarse y, como no puede hacerlo de manera sana, lo hace así, como una explosión. Ojalá aprendamos lo que la tierra nos enseña y cultivemos el arte de expresar y hagamos alquimia en nuestra vida.

Fuente: https://www.facebook.com/eduardohoracio.grecco/posts/1482472508503299

domingo, 17 de septiembre de 2017

"¿Qué es la Felicidad? según Humberto Maturana"

El no tener aspiraciones ni deseos, vivir la vida en la armonía de las circunstancias.
Esto no quiere decir vivir flotando. Uno hace lo que hace porque quiere hacerlo y si no resulta, hace otra cosa. 
La gente cree que la felicidad está en todas las cosas que uno hace, algunas andan más o menos, algunas resultan bien, otras mal.
La infelicidad es el apego a que resulten bien, uno se entusiasma, se ciega en la celebración. Entonces uno anda por la vida de saltos en saltos, de la angustia a la felicidad. 
Yo por lo menos no ando así, pero soy alegre justamente por eso.
Sufro, a veces. Pero no tanto.

Fuente: https://www.facebook.com/Matriztica/posts/10154830402551516

lunes, 4 de septiembre de 2017

"Cuadros Inspirados en las Flores de Bach"

Flores de Bach” se llama la muestra del artista Rodrigo Cabezas. 
La inauguración  se llevó a cabo el Jueves 31 de Agosto en el espacio "Infrarrojo", Barrio Italia, comuna de Providencia. 
Las pinturas expuestas son representaciones libres de las llamadas Flores de Bach.
Rodrigo Cabezas utiliza una figuración extrema enlazada con manchas y trazos provenientes del expresionismo, fusionando dos estilos discontinuos que no conviven habitualmente en una obra, dotando a estas pinturas de un aspecto único e irreal.
Las pinturas de mediano y gran formato son de fuerte colorido y expresivo gesto pictórico y buscan producir en el espectador un estado emocional que rememore o imite al efecto que Bach buscaba entre estas flores.


Con ocasión de la inauguración de la muestra tanto las bebidas como la comida integrarán las esencias florales de Bach en su preparación.
La muestra surgió del interés que el artista ha sentido por la terapia alternativa que el entusiasta investigador inglés Edward Bach desarrolló, en las primeras décadas del siglo XX, para el tratamiento de estados anímicos.
“Estoy dando un giro hacia la pintura de flores. Me interesa agregar sentido a este género pictórico. He intentado representar la ‘vibración’ que Edward Bach decía percibir en ciertas flores silvestres. Como trabajé con acrílico, le puse flores de Bach al agua que utilicé para pintar. Fue como un experimento y creo que quedó bastante bien”, comenta el expositor.
“Me sirvió pintar esta gran serie de cuadros de flores, y te cuento que yo estoy tomando flores también. El día de la inauguración, de hecho, las bebidas fueron a base de licores florales, champagne y flores de Bach. Las cosas comestibles, además, incorporaron flores y esencias de Bach”, comenta, sin especificar cuáles fueron las circunstancias personales que lo llevaron a interesarse en esa forma de medicina alternativa.

El Autor  Licenciado en Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile, discípulo de Eduardo Vilches. Master en Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Autónoma de Madrid. Desarrolla su trabajo desde los 80, formando parte activa de la escena plástica local desde ese entonces. Ha exhibido en Chile y el extranjero, destacándose su Mural en el edificio de la OEA en Washington. Sus últimos trabajos exhibidos en el Museo de Artes Visuales, MAVI, han significado una nueva etapa en su trabajo, de los que hoy vemos sus últimas creaciones, a partir del estudio de las Flores de Bach, Rodrigo Cabezas revisita uno de los motivos mas recurrentes de la pintura como es la naturaleza muerta y la pintura de motivos florales, desde un novedoso punto de vista.
Fuente
https://www.facebook.com/santapizza/photos/a.10154906042120479.1073741828.106898590478/10154906044340479/?type=3&theater
http://www.lun.com/Pages/frmPrintNews.aspx?ItemID=%20379745&NewsType=Search&SF=1&SupplementId=0
http://www.estoy.cl/sitio/evento/flores-de-bach
http://www.santapizza.cl/en-transito-rodrigo-cabezas-expo-flores-de-bach/

domingo, 3 de septiembre de 2017

"Practicando el Poder del Ahora"


El ser no sólo es trascendente; también impregna profundamente cada forma, y su esencia es invisible e indestructible. Esto significa que ahora mismo puedes acceder al Ser porque es tu identidad más profunda, tu verdadera naturaleza. Pero no trates de aferrarlo con la mente. No trates de entenderlo.
Sólo puedes conocerlo dejando la mente en silencio. Cuando estás presente, cuando tu atención está plena e intensamente en el ahora, puedes sentir el Ser, pero nunca podrás entenderlo mentalmente.
La iluminación es recuperar la conciencia del Ser y residir en ese estado de «sensación-realización».
La palabra iluminación suscita la idea de un logro sobrehumano, y al ego le gusta que sea así; pero no es más que tu estado natural en el que sientes la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, con algo que es esencialmente tú, y sin embargo es mucho mayor que tú. Es encontrar tu verdadera naturaleza más allá del nombre y de la forma.
La incapacidad de sentir esta conexión crea la ilusión de que estás separado de ti mismo y del mundo que te rodea. Entonces te percibes, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el miedo, y los conflictos internos y externos pasan a ser la norma.
El mayor obstáculo para experimentar la realidad de tu conexión es la identificación con la mente, que hace que el pensamiento se vuelva compulsivo. Ser incapaz de dejar de pensar es una enfermedad terrible, pero no nos damos cuenta de ella porque casi todo el mundo la sufre y se considera algo normal. Este ruido mental incesante te impide encontrar el reino de quietud interior que es inseparable del Ser. También crea un falso yo fabricado por la mente, que lanza una sombra de miedo y sufrimiento.
La identificación con la mente produce una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que bloquean toda verdadera relación. Esa pantalla se interpone entre tú y tú mismo, entre tú y tu prójimo, entre tú y la naturaleza, entre tú y Dios; crea la ilusión de separación, la ilusión de que tú y el «otro» estáis totalmente separados. Entonces te olvidas del hecho esencial de que, debajo del nivel de las apariencias físicas y de las formas separadas, eres uno con todo lo que es.
La mente es un instrumento soberbio si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa de forma inapropiada, se vuelve muy destructiva. Para decirlo con más precisión, no se trata tanto de que usas la mente equivocadamente: por lo general no la usas en absoluto, sino que ella te usa a ti. Ésa es la enfermedad. Crees que tú eres tu mente. Ese es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti.
Es como si estuvieras poseído sin saberlo, y crees que la entidad posesora eres tú.
La libertad comienza cuando te das cuenta de que no eres la entidad posesora, el pensador. Saberlo te permite examinar la entidad. En el momento en que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.
Entonces empiezas a darte cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, y de que el pensamiento sólo es una pequeña parte de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes —la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna— surgen de más allá de la mente.
Empiezas a despertar.

LIBÉRATE DE TU MENTE

La buena nueva es que puedes liberarte de tu mente, que es la única verdadera liberación. Y puedes dar el primer paso ahora mismo.
Empieza por escuchar la voz que habla dentro de tu cabeza, y hazlo tan frecuentemente como puedas. Presta una atención especial a cualquier patrón de pensamiento repetitivo, a esos viejos discos de gramófono que pueden haber estado dando vueltas en tu cabeza durante años.
Esto es lo que llamo «observar al pensador», que es otra manera de decir: escucha la voz dentro de tu cabeza, mantente allí como presencia que atestigua.
Cuando escuches la voz, hazlo imparcialmente. Es decir, no juzgues. No juzgues ni condenes lo que oyes, porque eso significaría que la misma voz ha vuelto a entrar por la puerta de atrás.
Pronto te darás cuenta de esto: la voz está allí y yo estoy aquí, observándola. Esta comprensión Yo soy, esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento. Surge de más allá de la mente.
Así, cuando escuchas un pensamiento, no sólo eres consciente del pensamiento, sino también de ti mismo como testigo del pensamiento. Ha hecho su aparición una nueva dimensión de conciencia.
Cuando escuchas el pensamiento, sientes como si hubiera una presencia consciente —tu yo profundo— por debajo o detrás de él. De este modo el pensamiento pierde su poder sobre ti y se disuelve rápidamente, porque ya no energetizas tu mente mediante la identificación con ella. Es el principio del fin del pensamiento compulsivo e involuntario.
Cuando el pensamiento se aquieta, experimentas una discontinuidad en la corriente mental, una brecha de «no-mente». Al principio las brechas serán cortas, tal vez duren unos segundos, pero gradualmente se irán prolongando. Cuando ocurren estas discontinuidades, sientes cierta quietud y paz dentro de ti. Es el principio del estado natural de sentirte unido al Ser, generalmente nublado por la mente.
Con la práctica, la sensación de quietud y de paz se va ahondando. De hecho, esa profundidad no tiene fin. También sentirás una sutil emanación de alegría elevándose desde lo más hondo de ti: la alegría de Ser.
En este estado de conexión interna estás mucho más alerta, más despierto que en el estado de identificación mental. Estás plenamente presente. Y también se eleva la frecuencia vibratoria del campo energético que da vida al cuerpo físico.
A medida que profundizas en este reino de la no-mente, como a veces se le denomina en Oriente, vas alcanzando el estado de conciencia pura. En ese estado sientes tu propia presencia con tal intensidad y alegría que, en comparación, todo pensamiento, toda emoción, tu cuerpo físico y todo el mundo externo se vuelven relativamente insignificantes. Sin embargo, no es un estado de egoísmo, sino de desprendimiento y generosidad. Te lleva más allá de lo que pensabas que era «tu identidad». Esa presencia es esencialmente tú, y al mismo tiempo es inconcebiblemente mayor que tú.
En lugar de «observar al pensador», también puedes crear una apertura en la corriente mental por el simple hecho de dirigir el foco de tu atención al ahora. Basta con que te hagas intensamente consciente del momento presente.
Esto es algo por demás satisfactorio. De este modo retiras la conciencia de tu actividad mental y creas una brecha sin mente en la que estás muy alerta y consciente, pero no piensas. Ésta es la esencia de la meditación.
En tu vida cotidiana puedes practicar esto tomando cualquier actividad rutinaria, que habitualmente sólo es un medio para un fin, y darle toda tu atención para que se convierta en un fin en sí misma.
Por ejemplo, cada vez que subas o bajes las escaleras en tu casa o en tu puesto de trabajo, presta mucha atención a cada escalón, a cada movimiento, incluso a tu respiración. Mantente totalmente presente.
O cuando te laves las manos, presta atención a todas las percepciones sensoriales asociadas con esa actividad: el sonido y la sensación del agua, el movimiento de tus manos, el aroma del jabón, etc.
O cuando entres en tu coche, después de cerrar la puerta, detente durante unos segundos y observa el flujo de tu respiración. Toma conciencia de una silenciosa pero intensa sensación de presencia.
Hay un criterio que te permite medir el éxito logrado en esta práctica: el grado de paz que sientas en tu interior.
El paso más vital en tu camino hacia la iluminación es éste: aprende a no identificarte con tu mente. Cada vez que creas una apertura en el flujo mental, la luz de tu conciencia se fortalece.
Puede que un día te sorprendas sonriendo a la voz que suena en tu cabeza como sonreirías a las travesuras de un niño. Esto significa que has dejado de tomarte el contenido de tu mente tan en serio, y que tu sentido de identidad ya no depende de él.

De "Practicando El Poder del Ahora"
Eckhart Tolle

sábado, 2 de septiembre de 2017

"Captura tu Atención antes que ella te Capture a Ti." Interesante Teoría sobre el Origen de Enfermedades Mentales


David Kessler parece saber de lo que habla. Antes fue comisionado de la FDA (Food and Drug Administration) y tiene evidentemente mucha experiencia tratando con adicciones y los efectos psicotrópicos de diferentes sustancias. En su nuevo libro Capture propone una teoría unificada de las enfermedades mentales, con base en un análisis histórico de diferentes casos y personajes que han padecido diferentes enfermedades mentales y adicciones. Kessler considera que en todos los casos existe un proceso neurológico en común, al cual llama "captura" y define como una atención selectiva que se enfoca --muchas veces obsesivamente-- en uno o en una serie de estímulos y no en otros (en los millones de estímulos que nos bombardean cada instante). Es decir, algo nos captura y esto echa andar un circuito de respuestas neuronales que con el tiempo se convierten en una enfermedad. 
Esto sugiere que una enfermedad mental es, sobre todo, una forma de ver el mundo, una perspectiva que al reforzarse, al fijarse obsesivamente y recibir el peso de una atención psíquica constante, nos encasilla y encierra en un estado determinado (y por el peso y la presión nerviosa hace que se desgaste la estructura cerebral). Esta perspectiva altamente selectiva suele ser desequilibrada, pero no es el resultado de un desequilibrio o un desbalance químico del cerebro, sino es esta tendencia la cual al reproducirse tiene efectos químicos en el cerebro (en esto Kessler propone una teoría radicalmente divergente de lo que la medicina moderna supone).
Algunos ejemplos de cómo sucede esto. Te encuentras trabajando en tu casa y en la calle ubicas el ruido relativamente quedo de una persona reparando una instalación eléctrica, un zumbido. Tu mente no deja de atender a ese sonido y después de un rato domina completamente el espacio, no puedes dejar de escucharlo y no puedes concentrarte en tu trabajo. Hay miles de otros sonidos, los pájaros, la música de la otra casa, los autos, etc., pero no puedes resistir fijarte en ese zumbido eléctrico que además te produce tanta ansiedad. 
Otro ejemplo: un día concluyes que tienes un gran defecto y simplemente no puedes hacer las cosas, tiendes siempre a procrastinar, por alguna razón, quizás genética o simplemente un hábito tan arraigado que es parte de tu naturaleza ya, tienes una pereza permanente, abulia, una debilidad de carácter. Todos los días cuando te levantas y quieres hacer algo --eso que sabes te puede hacer sentir mejor-- no lo haces porque no tienes la fuerza de voluntad, no eres suficientemente bueno. Eso sí, pasas el día dedicándole mucha energía a pensar en qué sucedería si hicieras eso y si tuvieras aquello necesario para hacer las cosas, eso que no tienes. Un circulo vicioso: un circuito o un bucle neural de retroalimentación negativa.
Un ejemplo en el sentido opuesto. Alguien dice algo sobre ti que toca una fibra especialmente sensible. Generalmente esto te produce enojo, estrés, desconsuelo. El enojo suele convertirse en un dolor de cabeza al final del día, en un aturdimiento, en un estado mental que te impide ser productivo y afecta todas tus relaciones. Sin embargo, ahora en vez de reaccionar lo dejas pasar, lo observas y reconoces pero no te genera ningún apego, la situación surge y prontamente desaparece puesto que no la has subrayado con tu atención. El enojo no ocurre, tu mente no se estresa, no queda registro de este evento, sigues con tu quehacer notando otras cosas que igualmente surgen y llaman tu atención pero desaparecen igualmente cuando no les das importancia específica.
Kessler señala que la "captura" opera a través de tres elementos básicos: 
"hace más estrecha la atención, una percepción de no tener control, y un cambio afectivo o emocional". De esta forma lo que capturamos va esculpiendo nuestra mente y puede llevarnos a una enfermedad neurodegenerativa, a un comportamiento compulsivo y a un estado general de ansiedad y depresión. Sin embargo, la captura necesariamente tiene también un aspecto positivo (en realidad es neutral, dice Kessler) y este foco de atención reducido puede tener también un efecto magnificante para sacarnos adelante, como ha sido el caso de personas que han logrado imponerse a enfermedades (como Winston Churchill) o como es el caso de personas que se apoyan en la espiritualidad. 
Todos los mecanismos con los que se tratan las enfermedades mentales, explica Kessler, actúan a través de una selección dirigida de la atención: "lo que las drogas hacen es que disminuyen mi reactividad y siento menos, la psicoterapia hace que vea la vida de forma distinta para que algo diferente capture mi atención, la espiritualidad hace que me desapegue de los estímulos". Esto es una forma un tanto reduccionista de explicar cómo operan estos métodos, pero ciertamente tiene algo de cierto. 
Las drogas que se toman para tratar la depresión, por ejemplo, tienen los efectos de hacernos sentir menos e incluso llegan a producir problemas para tener erecciones u orgasmos; la psicoterapia suele ser una forma de encauzar la atención hacia una perspectiva en la cual el paciente pueda integrar las obsesiones y ansiedades que lo asedian; al final de cuentas es fundamentalmente una forma de incidir en cómo vemos y en qué vemos; filosofías como el budismo, por ejemplo, sugieren que todas las cosas son impermanentes, y por lo tanto no tiene sentido reaccionar y formar apegos (ya que seguramente sufriremos si lo hacemos); el budismo esgrime una forma distinta de capturar la realidad, de hecho postulando la no captura como esencia de salud y libertad.
El mismo mecanismo psicodinámico opera en todos los casos que distintivamente van moldeando nuestras mentes, esto es un circuito de neuronas que "habiendo disparado juntas, se conectan", "lo que nos captura es el resultado de capturas previas", dice Kessler. Así tenemos una especie de cristalización o concentración de un proceso emocional o de un programa cognitivo (ese repetirnos que somos así o que el mundo es así), el cual se convierte en un circuito neuroquímico que corre constantemente o con alta frecuencia, con un sello neuronal distintivo de hormonas y sustancias químicas. He ahí cuadros como la depresión, el trastorno obsesivo-compulsivo o la adicción.

La realidad, sugiere la teoría de Kessler, es experimentada a partir de nuestra selección de un paquete limitado de estímulos dentro de una plétora innumerable, e inabarcable para nuestra percepción, de estímulos. Esta selección está ocurriendo todos los instantes, pero nuestra mente tiene una tendencia altamente selectiva, que fácilmente lleva a la obsesión, y decide enfocarse en una serie muy estrecha de pensamientos, memorias y concepciones que alguna vez fueron estímulos presentes, pero que hemos convertido en una realidad fantasma constantemente reproducida y superpuesta sobre la realidad de los estímulos directos.
Por último me parece que la teoría de Kessler tiene importantes paralelos con la filosofía de Buda y su noción de la formación de agregados y fabricaciones volitivas que constituyen de alguna manera la sustancia misma del sufrimiento. Kessler dice que el origen de todo el sufrimiento mental es una atención endeble que se vuelve víctima de sus propios deseos y obsesiones, hasta el punto de enmarañarse y paralizarse en una serie de hábitos. Las "capturas" que hacemos a su vez nos capturan. 
La doctrina de las cuatro nobles verdades de Buda parte de la realización de que el mundo es sufrimiento (dukha), y que el origen del sufrimiento es el deseo y el apego a las cosas placenteras y desagradables. En la enseñanza de los 12 nidanas el budismo explica que la ignorancia de que todas las cosas son impermanentes (anicca) produce construcciones o fabricaciones volitivas (sankharas), que son deseo de tener o sentir esta u otra sensación. En ciertos contextos, los sankharas pueden entenderse de manera equivalente al karma; tenemos entonces que el sufrimiento, que es el resultado de la avidez o la aversión que generan las cosas (que son impermanentes), persiste a través de una formación o un compuesto inicialmente producido por la mente pero que se fija en el cuerpo como una especie de nudo y memoria que puede permanecer en un nivel inconsciente. El cuerpo y sus lastres, nuestro karma y nuestras obstrucciones, los hábitos a los cuales estamos aferrados y el sufrimiento que generamos al reproducirlo serían solamente el edificio --de solidez y realidad ilusoria-- generado por estos sankharas, por este agregado de capturas... capturas sobre capturas, deseos sobre deseos.
El sankhara como un mal hábito pero también como un proceso neural reiterativo se alimenta y se mantiene como una sustancia compuesta en el cuerpo por la atención que le seguimos otorgando, la energía psíquica del deseo que sigue fijando, como un esmalte, esta volición mental y haciendo que se reproduzca. Estos sankharas serían las semillas de todas las enfermedades (no sólo mentales, según la visión budista), las cuales crecen en la medida que reciben nutrimento, una especie de agua y sol psíquico que puede proveer solamente la atención, el aferramiento de la mente, muchas de las veces el cual puede ocurrir de tal forma que, paradójicamente, debido a su constancia, se escape de nuestra atención consciente. Un reforzamiento que puede estar ocurriendo con cada percepción y pensamiento sin que el sujeto tenga noción clara de que está vitalizando su propia enfermedad.
En el Maha-satipatthana Sutta se enseña que la liberación de estos compuestos, de estas fabricaciones mentales anquilosadas, es posible a través de un acto de observación (mindfulness) en el cual una persona observa las sensaciones que surgen, pero no se aferra a ellas y así observa también su origen dependiente (su carencia de esencia) y su impermanencia. Una vez que una persona entiende que aquello que deseamos es impermanente y no tiene sustancia, entonces cuando se presenta (aquello que suele capturar nuestra atención), no existe impulso o volición de poseer o perseguir esa cosa y entonces el sankhara entra en un proceso de surgir y desaparecer y se desarrolla una ecuanimidad. El nirvana, de hecho, es descrito como el estado libre de formaciones o construcciones, un estado sin sankhkaras, un estado libre, es decir, sin captura, en el que todo pasa y todo se observa con delicia y ligereza, pero nada se coagula o cristaliza.

De todo lo anterior podemos avanzar una noción que me parece importante. Como señalan los antiguos textos budistas e hinduistas, la mente es en su naturaleza bruta un elefante salvaje y cuando se deja ir sin brida suele destruir, como un elefante, todo lo que toca. La energía mental, al estar focalizada por la atención obsesiva, como un rayo de Sol en una lupa, llega a quemar y lastimar aquello a lo cual se dirige. Por eso es fundamental entrenar la mente a que se tranquilice y relaje (domar al elefante), de otra forma la energía que dirige y la energía que gasta es demasiada (¡su poder es verdaderamente enorme!). Fácilmente podemos dejar que nos atrape la mente, una mente veleidosa y tiránica, que en vez de cumplir su función de ser una herramienta, una especie de altamente sofisticado secretario, asume una realidad hegemónica, monolítica y monomaníaca. Hasta la fecha creo que el ser humano no ha ideado una mejor técnica para fomentar la relajación de la mente y esa capacidad que celebró el psicólogo William James como la marca del genio, el poder dirigir la atención a voluntad, que la meditación, la disciplina de concentración y purificación de la mente. Si Kessler está en lo correcto y todas las enfermedades mentales (o al menos muchas) están relacionadas con este proceso de captura --una captura que tiende a procesos negativos, a fijaciones incontrolables-- entonces seguramente tenemos en la meditación una forma de tratamiento milenario, probado y altamente efectivo, especialmente cuando puede utilizarse de manera preventiva. Captura tu atención antes de que ella te capture a ti. 

Fuente: http://pijamasurf.com/2016/04/cientifico-sostiene-que-todas-las-enfermedades-mentales-tienen-esta-misma-causa/

viernes, 1 de septiembre de 2017

"Compasión, con los Otros y con Uno Mismo"



“El problema humano básico es la falta de compasión. Mientras este problema subsista, subsistirán los demás problemas. Si se resuelve, podemos esperar días más felices.”,
Dalai Lama.

En este mundo tan competitivo que hemos creado, la compasión es una cualidad olvidada. Sí, a veces la sacamos a pasear ante grandes desastres y calamidades, como cuando nos muestran en televisión imágenes terribles de niños que han sido víctimas de la guerra. Ahí desactivamos el automático y rememoramos por un instante nuestra humanidad. Sin embargo, rara vez sentimos compasión de forma cotidiana, por gente de nuestro entorno por ejemplo, y nunca o casi nunca sentimos compasión por gente que nos resulte amenazadora. Con frecuencia estas personas amenazantes son simplemente nuestros iguales, a quienes no dudamos en conceptualizar como nuestros competidores y, a veces, como potenciales fuentes de dolor en diversos sentidos, ya sean reales o imaginarios. Así las cosas, cuando nuestros iguales son básicamente enemigos, es normal que la compasión nos sea un sentimiento ajeno y extraño.
Pero, ¿en qué consiste exactamente la compasión? ¿Cómo se hace para ser compasivo? ¿Qué caracteriza a una persona compasiva? No basta con sentir pena o piedad, como quien da una limosna en la calle, sino que debe existir un sentimiento más proactivo y transformador. Voy a relatar un ejercicio que a mí me ayudó mucho a comprender y a sentir lo que significa la compasión.
En un curso sobre Psicoterapia y Mindfulness que se impartió el profesor Ronald Siegel, de la universidad de Harvard, nos propuso el siguiente ejercicio:
Nos pusimos por parejas y nos sentamos frente a frente de un desconocido. El ejercicio consistía en mirarnos fijamente a los ojos sin hacer ni decir nada. Evidentemente era bastante molesto. Resultaba amenazante tener a un desconocido a menos de un metro de distancia escudriñándote atentamente. Entonces el profesor Siegel nos invitó a viajar al pasado e imaginar el nacimiento de la persona que teníamos delante. Visualizamos al otro en los días en que era un bebé recién nacido. Imaginamos cómo sus padres lo cogían en brazos por primera vez. Lo vimos crecer, como cualquier persona, como nosotros mismos, sometido a su ambiente particular y respondiendo a las demandas de su entorno. Lo vimos desarrollándose hasta llegar a convertirse en la persona que teníamos delante, un producto de su genética y de sus experiencias vividas. De repente, esa persona ya no resultaba en absoluto amenazadora. La compasión había vencido al miedo.

El secreto de la compasión es saber mirar al prójimo con los ojos con los que lo miraría su madre. Aceptar sus virtudes y sus defectos sin juzgarlo. En lugar de protegernos ante su presencia, observarlo tal y como es, aceptarlo en nuestro espacio y compartir sus sentimientos. Desear que esté bien y que en su vida desaparezcan las dificultades. Más allá de criticar su conducta, hacer un esfuerzo por comprenderla. Ir tirando del hilo de las causas que le han llevado a ser como es. Entender sus acciones, pensamientos y sentimientos como partes de procesos más amplios, más que como estados puntuales que o nos gustan o nos disgustan. Y desde ahí, desde esa mirada de interés, respeto y comprensión, sentir el deseo de ayudarle a alcanzar un estado de bienestar.

¿Y qué ocurre con nosotros mismos? Nada muy diferente. Muchas veces actuamos como nuestro propio supervisor implacable. Estamos atentos a nuestros defectos y fracasos y nos los echamos en cara a la mínima oportunidad. Pero no para educarnos y para ayudarnos a mejorar como haría una madre, sino como lo haría un desconocido sin compasión, sin conciencia sobre el proceso de nuestras vidas, con fría intolerancia e inoportunas exigencias. Esto nos mantiene en un perpetuo estado de autoexamen que no nos permite estar relajados. Tenemos al enemigo dentro, un capataz con su látigo dispuesto. Ante esta continua amenaza, nuestra autoestima se ve afectada. No podemos desarrollar una imagen sana de nosotros mismos. Por eso es importante practicar la autocompasión.
¿Qué podemos hacer para desarrollar la autocompasión? Muy sencillo: tratarnos de forma amable y con cariño. Hablarnos a nosotros mismos como lo harían unos padres amorosos; con sabiduría y firmeza, pero con benevolencia. 
No se trata de hacernos frágiles, de sentirnos víctimas o vulnerables; eso es autocompasión mal entendida y morbosa (también llamada autoconmiseración); sino de querernos y de fortalecernos a través del amor que nos prodigamos. Se trata de dirigirnos a nuestro yo como haría alguien que nos quiere y que quiere lo mejor para nosotros. Hablarnos como le hablaríamos al niño que fuimos si pudiéramos viajar al pasado, sabiendo comprenderlo, aceptando sus defectos con buen humor y proponiéndole soluciones constructivas y a su alcance. 
Tampoco se trata de autoengañarnos. No se trata de decirnos a nosotros mismos que somos maravillosos cuando seguramente no es verdad. Ya sabemos que no somos los mejores, pero nos aceptamos y nos queremos como lo hacen los padres con sus hijos, como cada cual puede hacer consigo mismo.

Fuente: http://www.psicologoengijon.es/la-importancia-de-la-autocompasion/

"La Comida no es el problema"


"Si tenemos algún hábito compulsivo, 
cualquiera que éste sea, 
en vez de pensar en lo terribles que somos, démonos
 cuenta de que no lo tendríamos 
si en nuestra conciencia no hubiera la necesidad de tenerlo..."
Louise Hay

Estoy a salvo y seguro en mi mundo

El exceso de peso siempre ha significado protección. Cuando te sientes inseguro o asustado, te aíslas con esa protección. 
Te pasas la vida enfadado contigo mismo por ser gordo, y cuando comes te sientes culpable. 
El peso no tiene nada que ver con la comida. En tu vida está pasando algo que te hace sentir inseguro. Puedes pasarte veinte años peleando con la grasa, y seguirás siendo gordo porque no habrás abordado la verdadera causa. 
Haz a un lado el problema del peso y trabaja primero en el otro problema, en la pauta que expresa: «Necesito protección, me siento inseguro». 
No te enfades por tu exceso de peso; no olvides que las células responden a nuestras pautas mentales. Cuando tu necesidad de protección desaparezca, cuando empieces a sentirte seguro, la grasa se irá disolviendo por sí sola. Empieza a decir: «Yo solía tener problemas de peso», y empezará a cambiar la pauta. 
Lo que hoy decidas pensar, irá creando tu nueva figura del mañana.

Puedes repetir la siguiente afirmación positiva:
«Me dispongo a liberarme de la necesidad de tener problemas de peso. Me dispongo a liberarme del miedo. Me dispongo a liberarme de la necesidad de esta forma de protección. Estoy a salvo».

"Pensamientos del Corazón" 
Louise Hay