viernes, 27 de octubre de 2017

"Guía de Meditación para Principiantes"


“Para poder subir la cumbre, sólo debes ver donde dar tu primer paso”
Como en todo aprendizaje, comienza de lo fácil a lo difícil, de lo simple a lo complejo. 
Si de entrada practicas horas y horas con técnicas para meditadores avanzados, 
puedes sentir frustración.

Guía para comenzar a Meditar
  1. Empieza con algo simple: haz una cuenta regresiva.
  2. Si haces una cuenta regresiva del 100 al 1 y tu mente salta de una cosa a otra, haz una cuenta más corta. Visualiza un número cada dos segundos.
  3. No te impacientes si no puede mantener la cuenta, aún cuando sea corta, nadie aprende a caminar en un día, así también meditar lleva su tiempo de aprendizaje. Relájate, deja pasar los pensamientos que aparezcan tranquilamente.
  4. Acorta tus tiempos de meditación: si lo necesitas, comienza con cuentas del 10 al 1, concéntrate en visualizar bien claro los números (puedes poner un reloj para que te avise a los cinco minutos, ya que podrás hacer varias cuentas), imagínalos en colores, compuestos de ladrillos, madera, metal, de luces de neón, etc. Si los pierdes por pensamientos que cruzan no te molestes con ellos, déjalos pasar y vuelve a continuar donde te quedaste o empieza de nuevo. Es mejor menos tiempo con calidad, que mucho tiempo con mala calidad.
  5. Aumenta tus prácticas paulatinamente: una vez que domines la práctica con pocos números, auméntalos en cinco o diez números, pero no más. Trabaja con ellos cinco días, y si los visualizas correctamente sin pérdidas en tu concentración, vuelve a aumentar la cuenta. Hazlo hasta llegar a 100 (también puedes ir del 300 al 1; cada cuenta del 100 al 1 te lleva unos cinco minutos).
  6. Varía tus prácticas: luego de la cuenta regresiva visualiza un elemento (una fruta, un aparato, un cuadro, un lugar, un vehículo, un paisaje, una persona, un animal, un vegetal, etc.), practica con cosas que conozcas y a las cuales tengas acceso regularmente, así al volver a verlas puedes comprobar la calidad de los detalles que visualizaste, y repetir la experiencia si lo deseas.
  7. Utiliza todos tus sentidos: en tu imaginación recuerda la textura, los aromas, el sabor, y los sonidos de los elementos que visualices; si algo no produce sonido por sí mismo, imagina que lo golpeas y escúchalo, saboréalos, lánzalos, córtalos, aplástalos, etc.
  8. Imagina: la meditación mejora con la imaginación. Visualiza los elementos que hayas convocado anteriormente en el punto 5, pero cambia sus características, como su color, sus formas, su textura, su peso, su brillo, su aroma, etc. También puedes imaginar algo totalmente nuevo, como un paisaje de otro mundo, una nave que te lleva por el espacio, un jardín con flores que hablan, diviértete.
  9. Haz varias sesiones en el día: comienza con una práctica diaria en el horario que más te convenga, sin presiones. A medida que tu concentración mejore, agrega una práctica más, podrás encontrar tres momentos en el día para meditar (puedes agregar más, siempre que la calidad de tus meditaciones no disminuya).
  10. Disfruta de tus meditaciones.
  11. Recuerda: La práctica hace al Maestro.
Fuente: https://blog.metodosilvadevida.com/guia-de-meditacion-para-principiantes/

miércoles, 18 de octubre de 2017

"Estamos criando Niños muy Frágiles y Caprichosos, convencidos de que alguien tiene que garantizarles la Felicidad"


Para el filósofo Gregorio Luri, autor del libro «Mejor Educados», es mucho más sensato enseñar a nuestros hijos a superar las frustraciones inevitables que hacerles creer en la posibilidad de un mundo sin frustraciones. 

—A cualquier padre que se le pregunte responde que quiere un hijo feliz. Y es abrumadora la sobreoferta de obras de psicología y de noticias que indican el camino más corto para llegar a la felicidad.

—A esos padres les pediría que abrieran los ojos y que me dijeran qué ven. La vida es compleja, llena de incertidumbres, y con un sometimiento terrible al azar. Estoy empezando a pensar que hay un sector de educadores postmodernos que se han convertido en el aliado más fiel de la barbarie, que lo que hacen es ocultar la realidad y sustituirla por una ideología buenista, acaramelada, y de un mundo de «teletubbies». Personalmente, me resultan más atractivas la valentía y el coraje de afirmar la vida. Tenga usted un hijo feliz y tendrá un adulto esclavo, o de sus deseos irrealizados o de sus frustraciones, o de alguien que le va a mandar en el futuro. Personalmente, me resulta mucho más atractiva la valentía, el coraje de afirmar la vida. Algo que ha sido, por otra parte, la gran tradición occidental desde Homero hasta hace dos días: Querer a la vida a pesar de que esta es injusta, tacaña, austera. No querer a la vida porque encontramos la forma de diluirnos todos en un acaramelamiento que hasta me parece soez. Ahora la felicidad se entiende como un recorte de las aspiraciones.

—Tampoco queremos hijos infelices.

—En absoluto. Hay que tener claro que lo contrario de la felicidad no es la infelicidad, es la realidad. Hay que asumir la complejidad del mundo. Como seres humanos nuestro deber no es ser felices, es desarrollar nuestras capacidades más altas. Y la felicidad es una ideología que milita contra esto. ¿Por qué? Por la simpleza de nuestros teóricos, que nos llevan a una felicidad en cursivas. Procure que sus hijos no sean infelices, y después enséñeles la realidad, a sobrellevar sus frustraciones, a sobrellevar un no. Estamos creando niños muy frágiles y caprichosos, sin resistencia a la frustración, y además convencidos de que alguien tiene que garantizarles la felicidad. Y si alguien no se la garantiza, se encuentran ante una desgracia metafísica. Porque cuando nuestros hijos salgan al mercado, la sociedad no les va a medir por su grado de felicidad, sino por aquello que sepan hacer, que es exactamente lo que se le pide a las personas con las que nos relacionamos. Cuando vamos al dentista, no nos importa que sea feliz, sino que sea profesional en lo que hace. Si necesitamos un fontanero, querremos que sea eficiente, rápido, y a ser posible barato. Hombre, si es amable, mejor. Pero desde luego no vamos a valorar si es un fontanero feliz. Además, me parece muy sano que nuestras relaciones sociales, especialmente con los desconocidos, no estén mediadas más que por su profesionalidad, sin necesidad de estar pendientes de la emotividad.

—En su libro «Mejor educados» tiene un capítulo que reza: «Desconfíe del profesor que quiere hacer feliz a su hijo». ¿También de la escuela?

—De las que prometen «experiencias». Una escuela lo que tiene que ofrecer es la posibilidad de realizar trayectorias, no experiencias. Y en el caso concreto de los niños pobres, la posibilidad de cambiar de trayectoria, de liberarse, y de abrirse puertas. En educación o se puede ser «progre» con los pobres. Si vuestros hijos van a una de esas escuelas en las que Bucay es el intelectual de referencia, competir está prohibido, cuando juegan, todos ganan y nadie pierde, y se considera más importante educar emocionalmente que enseñar álgebra, entonces, manteneos vigilantes. El mundo, sea lo que sea, no es un fruto de nuestro deseo. Y está muy bien que no sea así, porque si no cada uno tendríamos el nuestro. Y la realidad es aquello que un escritor catalán decía: «Ante la realidad, siempre se está en primera fila». Esto hay que saberlo. Y de todas formas, te llevas unos cuantos sopapos en la vida. Lo cierto es que hay que estar listo para eso. Pero... ¿para qué estamos preparando nosotros a nuestros hijos? Para ser felices, mientras las madres «tigre» chinas, por ejemplo, entrenan a sus hijos para que sean capaces de ir a cualquier universidad del mundo. Nos puede parecer que son demasiado estrictas, pero la realidad de los resultados de sus hijos nos obliga a no hacer demasiadas bromas con ellas, porque existe la posibilidad de que en el futuro sean los jefes de los nuestros. ¿Conclusión? Queramos hijos felices, que tendremos que ir con nuestro currículum de la felicidad a buscar trabajo en empresas chinas.

—En este sentido, usted aboga por las escuelas tradicionales, frente a otras modernidades pedagógicas. ¿Por qué?

—Mire, hay escuelas, tanto públicas como privadas, que ponen gran entusiasmo en dejar bien claro que no son tradicionales. Viven en la fantasía de que una escuela no puede ser buena si no ha roto con la tradición pedagógica. Quieren ser exclusivamente escuelas del siglo XXI. No es raro que se definan a sí mismas con fórmulas retóricas muy sofisticadas detrás de las cuales no hay ningún contenido claro. Pienso en la psicología positiva, la educación emocional, las inteligencias múltiples... etcétera. Frente a esto, están las escuelas tradicionales, llenas de imperfecciones sí, pero que acumulan una larga experiencia de ensayos y de errores que deberíamos tener en cuenta antes de jugarnos la educación de nuestros hijos a la única carta de nuestra ingenuidad. Es más, con frecuencia la pedagogía beata añade a su propuesta de hacer felices a los niños algo que parece más serio: «hacerlos mejores personas». ¿Pero se puede puede ser mejor persona sin conocimientos, sin capacidad para mantener la atención, sin competencias, sin hábitos? Piense usted en su propio mundo antes de responder a esta pregunta: ¿Se puede ser creativo sin tener conocimientos? ¿Y la memoria, es un estorbo para tener conocimientos?

—También asegura usted en su obra que la escuela perfecta no existe.

—Esto hay que tenerlo claro cuando se busca un centro educativo para los hijos. Cada escuela tiene sus puntos débiles. Y esto causa una cierta frustración a muchas familias, pero así son las cosas: no existen ni la familia ni la escuela perfecta. Lo que hay que pensar es en el clima intelectual de la familia y en los hábitos de trabajo que reinan en ella. Esos serán mejores indicadores del éxito o el fracaso escolar del niño que la escuela misma. Y, desde luego, el trabajo diario de los niños nos predice con más fiabilidad su futuro éxito que la cantidad que paguemos de cuota escolar.

—Los padres de ahora, ¿son demasiado flexibles con sus hijos?

—No, lo que están es perplejos. Y existen elementos objetivos para su perplejidad. En contra de lo que se dice de que los padres han dimitido, pienso que están más preocupados que nunca, quizá demasiado. En este sentido, soy partidario de reformular los derechos de los niños. El primero de todos sería que los hijos tienen derecho a tener unos padres tranquilos, que no estén continuamente preocupados, pendientes de qué tienen que hacer en el momento en que se encuentran sus hijos. Segundo, que tienen derecho a tener unos padres imperfectos. Porque así tienen relación con seres humanos. Voy a decir algo que me parece esencial: ser adulto, o hacerse adulto, es aprender a querer a los que te rodean a pesar de que estén llenos de faltas. La clave de todo esto de la felicidad es una ideología muy extraña que considera que la vida es un conjunto de problemas, cuya respuesta nos la puede dar no sé qué sabiduría, y en el momento en que tengamos respuesta a esa sabiduría seremos felices. Eso es un cuento chino...

Fuente: http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20150112/abci-educacion-felicidad-gregorioluri-201412231135.html

sábado, 14 de octubre de 2017

"Siddhartha: la Búsqueda Esencial de un Espíritu insatisfecho"

Siddhartha
(Extracto Capítulo I)

Siddharta, el agraciado hijo del brahmán, el joven halcón, creció junto a su amigo Govinda al lado de la sombra de la casa, con el sol de la orilla del río, junto a las barcas, en lo umbrío del bosque de sauces y de higueras. EI sol bronceaba sus hombros brillantes al borde del río, en el baño, en las abluciones sagradas, en los sacrificios religiosos. La sombra se adentraba por sus negros ojos en el boscaje de mangos, en los juegos de los niños, en el canto de su madre, en los sacrificios religiosos, en las enseñanzas de su padre y sus maestros, en la conversación de los sabios. Ya hacía mucho tiempo que Siddharta participaba en las conferencias de los sabios. Con Govinda se entrenaba en las lides de la palabra, en el arte de la contemplación, de saber ensimismarse. Ya podía pronunciar quedamente el Om la palabra por excelencia. Había conseguido decirlo en silencio, aspirando hacia adentro; aprendió a enunciarlo calladamente, aspirando hacia afuera, concentrando su alma y con la frente envuelta en el brillo de la inteligencia. Ya sabía entender el interior de su atman indestructible en el mundo material.
La alegría invadía el corazón de su padre al ver al hijo inteligente, con deseos de saber; observaba cómo crecía en Siddharta un gran sabio y sacerdote, un príncipe entre los brahmanes.
Una deliciosa sensación llenaba el pecho de su madre cuando le veía andar, sentarse y levantarse. Siddharta el fuerte, el hermoso, el que caminaba sobre piernas delgadas, el que saludaba con perfectos modales.
EI corazón de las hijas de los brahmanes rebosaba amor cuando Siddharta paseaba por las callejuelas de la ciudad con la frente iluminada, con mirada real, con caderas estrechas.
Pero Govinda era el que más amaba a Siddharta, su amigo, el hijo del brahmán. Sentía afecto por la mirada de Siddharta y por su cálida voz; gustaba de su manera de andar y de sus armoniosos movimientos; apreciaba todo lo que Siddharta hacía y decía. Pero lo que veneraba más era su inteligencia, sus altos pensamientos ardientes, su férrea voluntad y su vocación sublime. Govinda lo presentía: Este no será un brahmán corriente, ni un oscuro funcionario de los sacrificios, ni un ávido comerciante de fórmulas mágicas, ni tampoco un orador vano y vacío, o un sacerdote malicioso. Sin embargo, tampoco será una mansa y estúpida oveja entre la masa del rebaño. No, y tampoco él, Govinda, quería ser así, un brahmán como hay diez mil. Quería seguir a Siddharta, el amado, el maravilloso. Y si Siddharta un día se convertía en dios, si un día entraba en el imperio de la luz, Govinda le seguiría entonces, como su amigo, su acompañante, su criado, su escudero, su sombra.
Todos querían así a Siddharta. A todos daba alegría y gozo.
No obstante, el propio Siddharta no sentía alegría ni gozo de sí mismo. Su corazón no compartía ese júbilo general cuando andaba por los caminos rosados del jardín de higueras, o se hallaba sentado a la sombra azul del bosque de la contemplación, cuando lavaba sus miembros en el diario baño propiciatorio, o hacía sacrificios entre las profundas sombras del bosque de mangos. Incesantemente se le aparecían sueños y pensamientos en que veía la corriente del río, el brillo de las estrellas nocturnas, el resplandor del sol. El ánimo se le intranquilizaba con pesadillas salidas del humo de los sacrificios, de los versos del Rig Veda, de las doctrinas de los viejos brahmanes.
Siddharta había empezado a alimentar el descontento en su interior. Comenzó por comprender que el amor de su padre, el cariño de su madre, y también el afecto de su amigo, Govinda, no le harían feliz para toda la vida. No le satisfacía ni le bastaba. Había empezado a presentir que su venerable padre y los otros profesores, junto con los sabios brahmanes, ya le habían comunicado la parte más importante de su sabiduría. Adivinaba que ya habían henchido hasta la plétora el recipiente, y, sin embargo, el recipiente no se encontraba lleno. El espíritu no se hallaba satisfecho, el alma no estaba tranquila, el corazón no se sentía saciado. Las abluciones eran buenas, pero eran agua; no lavaban el pecado, no curaban la sed del espíritu, no tranquilizaban el temor del corazón. Los sacrificios y la invocación de los dioses eran excelentes ... Pero, ¿lo eran todo? ¿Daban los sacrificios la felicidad? ¿Y qué sucedía con los dioses? ¿Realmente era Prajapati el creador del mundo? ¿No era el atman, lo único, lo indivisible? ¿Acaso los dioses no eran unos seres creados como yo y como tú, súbditos del tiempo, pasajeros? ¿Tenía sentido, entonces, ofrecer sacrificios a los dioses? ¿A quién más se debían ofrecer sacrificios y mostrar devoción, que no fuera al único, al atman? ¿Y dónde se podía encontrar el atman? ¿Dónde vivía, dónde latía su corazón eterno? ¿Dónde sino en el propio yo, en nuestro interior, en lo indestructible que cada uno lleva dentro de sí? ¿Pero dónde se hallaba este yo, este interior, este último? No es carne ni es hueso, no es pensamiento ni conciencia: así lo enseñan los grandes sabios. Entonces, ¿dónde? ¿Dónde se encontraba? ¿Existía otro camino para llegar al yo, al atman, un camino que valía la pena buscar?
¡Pero nadie enseñaba ese camino! ¡Nadie lo conocía! ¡Ni el padre, ni los profesores y sabios, ni los sagrados ritos de los sacrificios! Todo lo sabían los brahmanes y sus libros religiosos. Lo conocían todo. Se habían preocupado de todo; lo referente a la creación del mundo, al origen de la oración, de los elementos, de la aspiración, de la espiración, a las órdenes de los sentidos, a los hechos de los dioses. Sabían infinidad de cosas. Pero, ¿tenía algún valor saber todo eso, si se desconocía al Uno, al Único, al más Importante, al únicamente Importante?
Ciertamente, muchos versos de los libros sagrados, sobre todo los Upanishandas de Samaveda, hablaban de este interior y último. Maravillosos versos. Tu alma es el mundo entero, se leía allí.
Y escrito está que el hombre, mientras duerme, durante el sueño profundo, entra en su propio interior y vive en el atman. ¡Qué maravillosa sabiduría entrañaban esos versos! Todo el conocimiento de los grandes sabios se había reunido en estas palabras mágicas, puras como la miel de las abejas. No, no se debían menospreciar los enormes conocimientos que aquí se guardaban, reunidos por innumerables generaciones de sabios y penitentes, que habían logrado no sólo conocer este profundo saber, sino también vivirlo. ¿Dónde se encontraba el experto que era capaz de retener el atman desde el sueño hasta el despertar, durante la vida, con cada paso, palabra o hecho?
Siddharta conocía a muchos brahmanes venerables, sobre todo a su padre, el puro, el sabio, el más reverenciado. Su padre era digno de admiración; su comportamiento resultaba sosegado y noble, su vida era pura, su palabra sabia, los pensamientos de su frente delicados y aristocráticos. Pero él, que sabía tanto, ¿vivía en la bienaventuranza, tenía la paz? ¿Acaso no era también uno de los que buscan siempre, sedientos? ¿No necesitaba beber continuamente en las fuentes sagradas, en los sacrificios, en los libros, en los diálogos con los brahmanes? ¿Por qué él, que era irreprochable, tenía que lavar diariamente sus pecados, esforzarse cada día en la purificación, repetirla cotidianamente? ¿No estaba el atman en él, no fluía la primera fuente de su propio corazón? ¡Esa primera fuente debía, tenía que encontrarse en el propio yo! ¡Era necesario poseerla! Todo lo restante era una simple búsqueda, un rodeo, un desvarío...

Acerca del Libro
Siddhartha es una novela alegórica escrita por Hermann Hesse en 1922. El éxito del libro sucedió una veintena de años después de su publicación, tras el Premio Nobel conferido a Hesse en 1946.  Se publicó por primera vez luego de que Hesse viviera algún tiempo en la India en la década de 1910. Fue editada en Estados Unidos en 1951 y alcanzó gran notoriedad durante la década de 1960.

Para leer el libro completo sigue el enlace: 

viernes, 13 de octubre de 2017

"Hanami 花見: Tiempo para Disfrutar la Belleza de las Flores"

Hanami, de "Hana" (Flor) "Miru" (Mirar) 

Tradición japonesa de observar la Belleza de las Flores, aunque, por lo general, se asocia esta palabra al período en que florecen los Cerezos y en el que los japoneses acuden en masa a parques y jardines a contemplar sus flores (Sakura). 
Desde finales de marzo a principios de mayo, los Cerezos florecen por todo Japón, de sur a norte, acorde a los distintos climas existentes en las diversas regiones. 
Los primeros Cerezos del año florecen en las islas de Okinawa a principios de marzo (la región más meridional) y los últimos en la isla de Hokkaidō aproximadamente la última semana de abril (la región más septentrional).

El pronóstico de florecimiento (sakurazensen (桜前線?)) es anunciado cada año por la oficina de meteorología para que las personas estén preparadas.
En esta celebración, la gente se dirige a los parques a contemplar los Cerezos en Flor, y habitualmente realizando un picnic, con la familia o con la empresa (es habitual ver a empleados de empresas guardando los mejores sitios debajo de los cerezos con días de antelación). 
El Hanami continua en la noche y es llamado Yozakura (夜桜 Cerezos de noche).

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Hanami

jueves, 12 de octubre de 2017

"Patience. Guns N' Roses"

Impatiens
"Es la esencia floral para aquellos que son rápidos de pensamiento y acción y que desean que todas las cosas se hagan sin vacilación ni demora. Cuando se enferman están ansiosos por recuperarse rápidamente. Les resulta muy difícil ser pacientes con las personas que son lentas, ya que lo consideran erróneo y una pérdida de tiempo, y pondrán todo su empeño en lograr que esa gente sea más rápida en todos los sentidos. A menudo prefieren trabajar y pensar solos, para que puedan hacer todo a su propio ritmo..."
Dr. Bach

miércoles, 11 de octubre de 2017

"Cherry Plum, la esencia floral que sirve para hacer Contigo lo que la Primavera hace con los Cerezos..."



"Cherry Plum: Es la esencia para tratar el miedo a que la mente esté sobre-tensionada, miedo a perder la razón, de hacer cosas terribles y temibles, no deseadas y a sabiendas de que son malas, sin embargo, llega el pensamiento y el impulso de hacerlas..." 

Dr. Bach

martes, 10 de octubre de 2017

"La Responsabilidad de los Padres en el desarrollo de la Comprensión Emocional de los Niños"


Alba, de 3 años, está jugando en el parque mientras sus padres están sentados en un banco observándola. Desde lejos, Alba ve que sus padres se ríen mucho y acude corriendo alegre. Cuando se acerca, ve que de los ojos de sus padres brotan unas lágrimas.
Alba no entiende qué pasa, ¿por qué están llorando? ¿No se están riendo también? Alba es demasiado pequeña para entender que a veces, ante un mismo evento, se puede responder con emociones que parecen contradictorias. A Alba aún le queda mucho por comprender sobre las emociones.
La Comprensión Emocional es la capacidad que tenemos las personas para reconocer las expresiones emocionales específicas en los demás y entender qué situaciones pueden dar lugar a ellas. Se trata de un componente de la comprensión social que hace referencia a la capacidad de comprender y predecir los sentimientos, creencias y deseos propios y de otras personas.
Dentro de la comprensión emocional podemos encontrar distintos componentes que la conforman. No venimos a este mundo entendiendo la complejidad afectiva de golpe sino que, según vamos creciendo, vamos incorporando nuevos conocimientos sobre cómo funcionan las emociones.
Así, en el ejemplo anterior, Alba es capaz de reconocer que la risa es una manifestación externa de la felicidad, pero no es capaz de comprender que pueda ir acompañada de lágrimas.

Componentes de la Comprensión Emocional

En 2004, Francisco Pons y sus compañeros de las universidades de Harvard y Oxford identificaron, a través de sus investigaciones, hasta nueve componentes diferentes en la comprensión emocional:
  1. Reconocimiento: Los niños y niñas comienzan a ser capaces de reconocer y nombrar las emociones en función de sus indicadores expresivos. Es decir, reconocen que alguien está triste si le ven llorar, o que está contento cuando muestra una gran sonrisa. Es el primer componente en alcanzarse en el desarrollo evolutivo.
  2. Causalidad externa: Comprenden que las emociones pueden estar causadas por factores externos. Por ejemplo, entienden que su hermanito puede haberse puesto triste porque ha perdido un juguete.
  3. Deseo: Los niños y niñas comienzan a entender que las reacciones emocionales que tenemos ante distintos hechos están influidos por los deseos. Ante una misma situación, dos personas pueden tener sentimientos distintos según qué desearan.
  4. Creencias: Al igual que los deseos, las creencias que tienen las personas pueden afectar a la reacción afectiva que manifiestan, independientemente de que dichas creencias sean falsas o verdaderas. Por ejemplo, si yo creo que hoy va a pasar algo bueno y no ocurre, me pondré triste, cosa que no pasará si no creyera que fuera a ocurrir.
  5. Memoria: Los menores comprenden que existe una relación entre las emociones y la memoria, de forma que la intensidad con la que se vive una emoción puede disminuir con el paso del tiempo, aunque algunos elementos pueden servir como recordatorios que reactivan las emociones pasadas. Si Lucía tenía un perro que se les escapó, Lucía entenderá que la tristeza que sintió el primer día es más fuerte que la que sentirá en un mes. Pero Lucía también entiende que si se pone a ver fotos de su perro, su tristeza aumentará aunque haya pasado mucho tiempo.
  6. Control: Los niños y niñas empiezan a usar diferentes estrategias para regular sus emociones. Los más pequeños usan principalmente estrategias conductuales; es decir, si Pablo está muy enfadado y quiere dejar de estarlo, puede que se ponga a correr como forma de liberar esa emoción. Sin embargo, los niños mayores (aproximadamente a partir de 8 años) hacen más uso de estrategias cognitivas y reconocen que son más eficaces. Por ello, ante el mismo sentimiento de enfado, en vez de correr, lo que hará Pablo será pensar qué ha pasado, intentar quitarle importancia y darse cuenta de que no era tan grave y que la situación puede arreglarse fácilmente.
  7. Ocultación: Los niños y niñas comienzan a entender que la emoción que se manifiesta no siempre tiene que ser coherente con la que se siente. De este modo, comprenden que los sentimientos reales de una persona pueden estar ocultos y puede que mi mamá se sienta triste aunque en este momento esté sonriéndome.
  8. Mixto o compuesto: Se refiere a la capacidad de comprender que las respuestas emocionales son múltiples y contradictorias. Ante una misma situación, una persona puede tener varios sentimientos a la vez, como llorar mientras ríe (un componente que Alba, la niña del primer ejemplo, aún no había alcanzado).
  9. Moral: Los niños y niñas empiezan a relacionar los sentimientos positivos y negativos con acciones morales reprobables o encomiables. Así, empiezan a entender que si han hecho algo malo deben sentirse tristes, y si lo que han hecho es moralmente positivo, pueden sentirse orgullosos.
El mismo equipo que realizó esta clasificación de los componentes emocionales realizó un análisis posterior englobando los nueve componentes en tres periodos del desarrollo:
El primer periodo, alrededor de los 5 años, está caracterizado por la comprensión de los aspectos públicos de las emociones: su expresión externa, su causa y el uso de hechos u objetos como recordatorios de emociones pasadas.
El segundo periodo, alrededor de los 7 años, se caracteriza por la comprensión del aspecto cognitivo de las mismas: su conexión con los deseos, las creencias y la discrepancia entre la expresión y el sentimiento.
El tercer periodo, alrededor de los 9 años, estaría caracterizado por la comprensión de cómo un individuo puede responder desde distintas perspectivas a una situación determinada, mostrando sentimientos contradictorios, culpabilidad moral y haciendo un uso de estrategias de control cognitivo.

El papel de las interacciones y la crianza

Pese a existir unas normas en el calendario evolutivo de la comprensión emocional, lo cierto es que dicho desarrollo depende en gran medida de las interacciones sociales que tengan los niños y niñas. Los menores no se limitan a integrar en su aprendizaje conocimientos sociales disponibles, sino que los desarrollan y construyen a través de las situaciones cotidianas y constantes que experimentan en su entorno.
La idea principal que se deriva de esta afirmación es que las prácticas de crianza parentales son el elemento central en el desarrollo de la comprensión emocional y social. Es decir, que según nos críen nuestros padres, así se desarrollará nuestra comprensión de las emociones.
De este descubrimiento han derivado recientes estudios que han tratado de ver cómo difiere el desarrollo de dicha comprensión entre las personas que han crecido en contextos favorables de aquellas que lo han hecho en contextos adversos como son los niños y niñas que en sus familias han sufrido negligencia y maltrato o han pasado por centros de protección de menores.
Fruto de investigaciones sobre este área se ha descubierto que los menores maltratados pueden captar las emociones y otros estados mentales asociados a encuentros interpersonales de diferente manera que los niños y niñas que no han vivido esa situación, debido a que están acostumbrados a una inconsistencia, inestabilidad y falta de predictibilidad que no se vive en contextos de desarrollo favorables.
Por ejemplo, la investigación desarrollada por Pollak, Cicchetti, Hornung y Reed (2000) demostró que los padres maltratadores muestran menos emociones positivas y más emociones negativas, tienden a aislarse a sí mismos y a sus familias del resto de la sociedad, limitando la exposición de sus hijos e hijas a un menor número de modelos de comunicación social.
Los padres negligentes son menos expresivos hacia sus hijos (ni positiva ni negativamente), ofreciendo pocas posibilidades de intercambiar información afectiva.
A día de hoy existe un debate no resuelto sobre si los niños que han vivido situaciones de maltrato y negligencia desarrollan un patrón de competencia emocional menor o diferente a aquellos que no han vivido esa situación. Así, algunos investigadores sostienen que los chicos y chicas maltratados tendrían peores puntuaciones en la comprensión de cualquier emoción, mientras que otros defienden que estos chicos y chicas tienen un resultado mejor que el resto de la población en la comprensión y reconocimiento de emociones como la tristeza o el enfado.
Estos últimos autores defienden que los niños que crecen en situaciones adversas han desarrollado una mayor capacidad para reconocer señales emocionales negativas que suelen ir asociadas a situaciones de un daño inminente. De forma que la identificación temprana de estas emociones sería adaptativo para ellos porque les podría evitar alguna situación de maltrato o abuso.
Como vemos, el desarrollo emocional es un elemento muy importante del que dependen comportamientos e interpretaciones sociales que hagamos tanto de pequeños como de mayores. La forma en que tenemos de ver el mundo, de interpretarlo y sentirnos seguros o no en él está muy relacionada con cómo nos han criado nuestros padres y qué situaciones emocionales hemos vivido en nuestra infancia.

Fuente: http://psicopedia.net/1499/emociones-infantiles/