miércoles, 15 de marzo de 2017

"Así como la araña teje telas, nosotros fabricamos sueños..."


Vivimos en un mundo materialista desprovisto de moral: es otra razón que me ha impulsado a explorar el Evangelio. 
Las leyes que nos rigen no son «morales». 
La bondad no aparece en sus líneas. 
Las leyes están hechas para proteger al más fuerte: firmar un contrato, por ejemplo, implica ávidas batallas para evitar ser estafados. Todos los contratos se establecen sobre el robo: se trata de ver quién tendrá ventaja sobre el otro. 
El que impone su fuerza es respetado y honrado; admiramos su inteligencia y su éxito. Por el contrario, la víctima es despreciada porque se dejó engañar. 
Navegamos así en un mundo materialista edificado sobre el robo, la competición, la explotación, el egoísmo... 
Todo está diseñado para impedir que la conciencia del hombre se desarrolle, porque la conciencia molesta, trastorna. 
El sistema escolar mantiene a los niños en un nivel lejano a la toma de conciencia: un nivel que impide al mundo cambiar. 
De modo manifiesto existe una conspiración tendente a mantener al mundo tal cual es, sobre sus cimientos desprovistos de moral. 
A los sesenta años, es decir en el ocaso de la vida, tiramos a los seres humanos al basurero social. Los hemos acostumbrado a esta idea. Al aceptarla, los individuos viven acompañados de la angustia de llegar a esta edad crítica. 
Así, nos encontramos en una sociedad criminal que destruye al ser. 
Es la conspiración contra el despertar. 
¿Qué hacer? Me pregunté si al ocuparnos de sanar el mito no llegaríamos a crear una nueva moral que nos permitiera alcanzar la conciencia colectiva. 
Esta moral no tendría como fundamentos las nociones de bien o mal, sino la de belleza. 
Sin embargo, ¿qué moral podemos construir si vivimos entre personas que desprecian el espíritu tanto como a quienes lo desarrollan? 
Un individuo es considerado enemigo en el momento en que se atreve a cultivar una sensibilidad, una conciencia, una creatividad propias, en el momento en que osa convertirse en sí mismo. 
¿Qué hacer ante estos seres que consideran que el mundo les pertenece porque son la mayoría? 
¿Qué hacer ante todas esas personas para quienes la filosofía consiste en vender caro lo que obtuvieron barato, esas personas que están en competición y buscan rebajar a los otros por todos los medios posibles? 
¿Qué hacer en un mundo que se burla de cada ser y de su genio, un mundo que no necesita ni de la conciencia ni del corazón de cada uno? Un mundo que quiere que seamos compradores frustrados. 
Mi primer afán al estudiar el Evangelio es exaltarlo al buscar las más bellas interpretaciones posibles. 
Soy muy consciente de que se trata de un trabajo sin fin porque uno siempre podrá encontrar una belleza mayor. 
Espero con este trabajo contribuir a la toma de conciencia colectiva que está por venir. Pero es posible que tengamos que esperar hasta el siglo XXII para que la humanidad cambie de modo fundamental. 
¿Qué sucedería si Cristo se presentara hoy? El Cristo es un Mesías: si acude es para salvar a la humanidad. Ningún individuo puede salvarla ahora. 
Si el Cristo viene, será un Cristo colectivo. Será la iluminación de toda la humanidad. Si la humanidad entera no se ilumina, lo humano se acaba. 
El Cristo o es colectivo o no es. 
¿Y qué es el hombre? El hombre tiene que comprender que su cuerpo es el universo, que el tiempo es lo que le sucede a él, y que su conciencia es parte de la conciencia cósmica. Tenemos que comprender –aunque no lo vivamos, aunque muramos antes de verlo– que el hombre va a poblar las estrellas, que va a lograr vivir tanto como el universo, que constituirá una conciencia global y será la mente del cosmos. Si no tenemos este ideal, no vale la pena vivir. Poco a poco debemos acercarnos a este ideal. 
Nosotros no veremos la llegada de la Conciencia cósmica; no veremos los frutos de las semillas que estamos plantando. Debemos sacrificarnos, porque sólo nuestros descendientes lo verán. 
Ése es el sentido del sacrificio que nos enseñan los Evangelios: la absoluta humildad necesaria para actuar sabiendo que no veremos los resultados. 
La mala lectura del mito nos enseña a vivir en el mayor egoísmo: ensuciamos el planeta y no nos importa porque no padeceremos la catástrofe; ensuciamos nuestros cuerpos y nos autodestruimos para morir pronto y no ver los resultados de las devastaciones que estamos cometiendo. 
Sólo nos importa el tiempo que calculamos estar aquí, y el porvenir nos tiene sin cuidado, aunque sea el de nuestros hijos; vagamente nos tranquilizamos pensando que ellos se las arreglarán como nosotros. 
Pero la verdadera humildad consiste en trabajar y actuar en cada instante creyendo en la humanidad futura, en que ella llegará a abrirse al cosmos como una flor en un mañana que nosotros, tú, yo, no llegaremos a ver. 
Tenemos que pensar en lo que vendrá, y amarlo. Debemos actuar creyendo en la humanidad futura. Trabajar para ella, incansablemente. Aprender a aceptar el sacrificio. Porque de otra forma, ese cambio no se producirá. Nosotros plantaremos la semilla, nosotros trabajaremos, nosotros haremos avanzar a la humanidad hacia su realización. ¿Cómo nacen los mitos? Primero alguien los sueña, esos sueños luego son convertidos en cantos, después alguien los transforma en poemas y, finalmente, alguien más los escribe en Libros Sagrados. 
¿Y de dónde proceden estos sueños iniciales? Quizá de la misma divinidad (si somos creyentes) o de los arquetipos (si no lo somos). 
Así como la araña teje telas, nosotros fabricamos sueños...


Extracto de la Introducción del libro "Evangelios para Sanar" de Alejandro Jodorowsky, Ediciones Siruela.

"Humberto Maturana: El Lenguaje fundamento de lo Humano"




Para Humberto Maturana, biólogo y epistemólogo chileno, lo peculiar humano está relacionado principalmente con el lenguaje y su entrelazamiento emocional.

Si vemos a través de una ventana a dos personas sin oír lo que dicen, para afirmar que están conversando, lo que tendríamos que observar es el curso de sus interacciones. Al verlas fluir en interacciones recurrentes, las cuales nos parecen un fluir en coordinaciones conductuales, podemos señalar que se están poniendo de acuerdo. Entonces decimos que están en el lenguaje.

Si queremos tomar un taxi, hacemos un gesto con la mano que nos coordina con un automovilista que se detiene. Tal interacción es una coordinación conductual simple, la vemos como tal, nada más. Pero si después de hacer el gesto que coordina nuestra conducta con el automovilista para que se detenga, hacemos otro por el cual él da una vuelta y se detiene a nuestro lado, orientado en la dirección contraria a la que seguía, ya hay una coordinación de coordinación de acción.

La primera interacción coordina el detenerse y llevar, y la segunda coordina la dirección a tomar. Tal secuencia de interacciones constituye un “lenguajear” mínimo. 
Un observador podría decir que hubo un acuerdo. 
A primera vista sólo ha ocurrido una secuencia de coordinaciones conductuales, pero se trata de una secuencia particular, porque la segunda coordinación de acciones coordina la primera, y simplemente se agrega a ella.

El lenguaje se constituye cuando se incorpora a nuestra vida como modo de vivir, este es un ir de coordinaciones conductuales a coordinaciones conductuales que surgen en la convivencia como resultado de ella. 
Es decir, cuando las coordinaciones conductuales son consensuales. 
Toda interacción implica un encuentro estructural entre los que interactúan. Y todo encuentro estructural resulta en el gatillado o desencadenamiento de un cambio estructural entre los participantes del encuentro, concluye Maturana.

El resultado de esto es que, cada vez que hay encuentros recurrentes, hay cambios estructurales que siguen un curso contingente al curso de éstos. Esto nos pasa en el vivir cotidiano. 
Así,  aunque como seres vivos, estamos en continuo cambio estructural espontáneo y reactivo, el curso que sigue nuestro cambio estructural espontáneo y reactivo, se hace contingente a la historia de nuestras interacciones.

Maturana nos presenta el caso de un niño que está creciendo. Lo ponemos en tal colegio y crece de una cierta manera aparente en ciertas habilidades que decimos que adquiere. 
Si lo ponemos en otro, crece de otra manera con otras habilidades. Hablamos de aprender, pero de hecho, lo que hacemos al poner a un niño en un colegio, es introducirlo en un cierto ámbito de interacciones en el cual el curso de cambios estructurales que se están produciendo en él va a ser uno y no otro.

De manera que todos sabemos que no da lo mismo vivir de una forma u otra. Ir a un colegio u otro. Y esto nos hace pensar porque decidimos hábitos difíciles de modificar. Además, todos sabemos, aunque no siempre nos hacemos cargo de ello, que lo que está involucrado en aprender es la transformación de nuestra corporalidad que sigue un curso u otro según nuestro modo de vivir.

Hablamos de aprendizaje como de la captación de un mundo independiente en un operar abstracto que casi no toca nuestra corporalidad, pero sabemos que no es así. Sabemos que el aprender tiene que ver con los cambios estructurales que ocurren en nosotros de manera contingente a la historia de nuestras interacciones.

El niño aprende a hablar, continúa Maturana, sin captar símbolos, transformándose en el espacio de convivencia configurado en sus interacciones con la madre, con el padre, y con los otros niños y adultos que forman su mundo. 
En este espacio de convivencia su cuerpo va cambiando como resultado de esa historia, y siguiendo un curso contingente a esa historia. Y el niño que no es expuesto a una historia humana y no vive transformado en ella, en el vivir en ella, no es humano.

Es por la corporización del modo de vivir que no es fácil cambiar si uno ya ha “vivido de una cierta manera”. La dificultad de los cambios de entendimiento, de pensamiento, de valores, es grande. Esto se debe a la inercia corporal y no a que el cuerpo sea un lastre o constituya una limitación: es nuestra posibilidad y condición de ser. Más aún, el vivir transcurre constitutivamente como una historia de cambios estructurales en la que se conserva la congruencia entre el ser vivo y el medio, y en la que, por ende, el medio cambia junto con el organismo que contiene.

En otras palabras, dice Maturana, organismo y medio sé gatillan mutuos cambios estructurales bajo los cuales permanecen recíprocamente congruentes, de modo que cada uno se desliza en el encuentro con el otro, siguiendo las dimensiones en que conservan organización y adaptación. 
En caso contrario, el organismo muere.

Finalmente, esto ocurre espontáneamente, sin ningún esfuerzo por parte de los participantes, como resultado del determinismo estructural en la dinámica sistémica que se constituye en el encuentro del organismo y su medio. 
En consecuencia, mientras estoy vivo y hasta que muera, me encuentro en interacciones recurrentes con el medio, bajo condiciones en las que el medio y yo cambiamos de manera congruente. Esto es siempre cierto. Sólo si yo cambio cambia mi circunstancia, y mi circunstancia cambia sólo si yo cambio.
Organismo y medio van cambiando juntos de manera congruente durante toda la vida del organismo.

Autor: Juan Rodes, colaborador de la revista SITIOCERO. Dice de él: "Creo en el concepto del amor, aunque de tanto uso ya está más deteriorado que mis títulos. Soy un amante del conocimiento que nunca ha dejado de sentir el placer de aprender. Amo la libertad y los paisajes, y como a un paisaje diferente amo a cada ser humano. Amor y pasión quiero dar también en todo cuanto escribo..."
Fuente: http://sitiocero.net/2011/humberto-maturana-el-lenguaje-fundamento-de-lo-humano/

martes, 14 de marzo de 2017

"Ojalá te Enamores. El Enamoramiento como Maldición..."



El enamoramiento como maldición

¿Qué es esto de que enamorarse puede ser una maldición? 
Algo que puede desearse al peor de los enemigos. 
¿Qué tiene de maldito el amor? Morir de amor se dice, mal de amores, matar por amor, estar loco de amor, que el amor es ciego, que el enamoramiento es una locura pasajera.
Nos serviremos de esta maldición –que en su origen escapa al sentido que aquí le daremos- para sostener (en lo cual para nada somos originales) la oposición que el amor (pero: ¿cualquier amor? ¿siempre?, ¿hay distintas formas del amor?) hace a la forma de vida neoliberal. Una forma de vida centrada en la pretensión del dominio racional total y absoluto sobre todo lo existente. Que pretende mensurar, calcular, anticiparlo todo. 
Como primer paso diremos que el amor (las preguntas son insistentes: ¿cualquier amor? ¿siempre? ¿hay distintas formas del amor?) desbarata esa intención. Volveremos sobre estas preguntas para desnaturalizar la aseveración que circula sin interrogación respecto de la oposición amor-capitalismo. Oposición que es, también, entre lo medible (la pretensión de medirlo todo) y lo que no puede serlo. 
Sabemos que todo enamoramiento arroja al sujeto al ojo de un huracán: a su alrededor todo gira enloquecida y vertiginosamente, pero ese ojo, ese núcleo es un punto fijo, que lo liga a lo desconocido. 
El enamoramiento se hunde –y hunde al sujeto, lo arroja- a lo desconocido. 
Dos temas son indecidibles en un psicoanálisis: por qué esa elección –que muchas veces inclusive es un encuentro mortífero, como señalara Piera Aulagnier-, y por qué esa separación. 
Algo escapa a toda razonabilidad. Y no es que se trate, como bien Freud señalara, de una locura pasajera: porque hay algo loco que permanece agazapado en todo enamoramiento una vez devenido amor, es decir –siguiendo a Jullien- aun cuando el amor ha sido despojado de su ruido, del ruido que produce el enamoramiento. Ese algo es su ombligo. Que, como en el sueño, lo liga con lo desconocido. 
Todo amor tiene su ombligo. Para bien y para mal. Es inevitable. 
Veamos: el enamoramiento hace perder los estribos; es decir, la pulsión saldrá a todo galope, incontenible, generando un acontecimiento pasional, poniendo al sujeto al borde de un abismo. Puede caer en el mismo, puede retornar o perderse para siempre. Pero ese abismo –si de amor se trata- estará siempre allí. El enamoramiento es caos, es sin fondo: a partir de ese caos se generará un lazo amoroso, que cobrará cierta forma para contener al caos. “Dar lo que no se tiene a aquel que no lo es” es la provocadora sentencia de Lacan. 

Sin embargo podríamos ir más lejos y decir también que el sujeto da algo que no sabe que tiene, innombrable, y el partenaire recibirá algo que no tiene y está en su deseo, pero que ignora no tenerlo tanto como su deseo, no sabe lo que no tiene e ignora lo que recibe. 

Hay algo engañoso: se da a alguien que no es –acá matizaremos la sentencia lacaniana: Lacan siempre ha sido sentencioso, en el sentido en que su palabra es una sentencia, algo que da por terminada toda discusión, que no puede ser sometida a discusión: aclaremos, para sus enamorados, sus fascinados…luego veremos el papel de la idealización –; diremos entonces que un aspecto de ese otro escapa a la alteridad, es alcanzado, teñido por el estado originario de la psique, ella misma como objeto perdido y sus sucedáneos: los primeros objetos, ese otro prehistórico e inolvidable. Y al mismo tiempo le da algo que ignora, o que en realidad el otro le supone. Sujeto supuesto del amor. Eso es un aspecto/fase del enamoramiento y del amor, tanto más exclusivo y excluyente y perdurable cuanto más la neurosis se haya hecho presente en uno o dos de los sujetos.

Los estratos del amor 

La elección de objeto –del otro del amor- tiene diversos estratos. 
En el primero, dicha elección es inconsciente, o, yendo más lejos, está referida a lo fusional que habita en el primer estrato de la psique. Tiene que ver con el deseo de reencontrarse con un estado de indiferenciación y fusión con el otro, prehistórico e inolvidable. 
Bien hace Piera Aulagnier en hablar de la satisfacción de demanda fusionada como el primer destino del placer y su puesta en juego en el lazo con el/la amante (no sólo con él, pero es el tema que aquí nos ocupa). 
Este es el estrato al cual hicimos referencia al hablar de aquello que liga al enamoramiento/amor a lo desconocido: hay algo, más allá de las palabras, del sentido, que late en cada lazo, que lo liga a una escena prehistórica, inolvidable: así es, se trata de un oxímoron. Porque nada que sea prehistórico ocupa un lugar en la memoria, y sin embargo, hay algo inolvidable. Porque se liga el objeto del amor a objetos prehistóricos, al objeto a, causa del deseo, a algún rasgo, sonido, imagen, piel, gesto, caricia… que han quedado como signos perceptivos intraducibles, pero que sin embargo afectan a los que estarán en la serie de los objetos amorosos. 
Ya más ligado a la historia del sujeto -y es algo que será objeto privilegiado de un psicoanálisis - y que puede ser alcanzado por su Yo, están los objetos amorosos de la infancia: “se parece a tu papá/mamá, en cómo te mira, cómo se ríe, en tal o cual gesto, en su violencia, en su desdén, en su desvivirse por vos…”, pero también echarán luz sobre demandas no satisfechas del sujeto. Son los estratos privilegiados que se ponen en juego en un psicoanálisis, ligados a lo edípico. En las neurosis vemos que se cumple notablemente que todo encuentro (amoroso) será un reencuentro que recubrirá a casi la totalidad del objeto amoroso: sea porque el objeto satisface esas demandas infantiles o porque se rehúsa a hacerlo. También observaremos elecciones reactivas a los modelos infantiles: por oposición. Lo edípico sigue estando presente de manera exacerbada. 

Del amor al odio… 
…hay un solo paso. 
Hallamos aquí otro componente, es decir, aquello que ignora la alteridad: reino del narcisismo y el autoerotismo. En muchos casos -en su extremo es el terreno de los crímenes pasionales. El otro cumple un papel de estabilización para el sujeto, su posesión garantiza la estabilidad del Yo, por lo cual deber ser poseído. Terreno de los celos y la posesividad. Por eso la amenaza de su ausencia puede precipitar a un pasaje al acto, aunque no siempre es así y encontramos casos de premeditación, con anticipación y planificación. Intrapsíquicamente las diferencias no son muy relevantes. Terreno del llamado femicidio: más allá de que la significación del patriarcado puede favorecer la posesividad y denigración (posterior a la idealización) del objeto, lo cierto es que estos elementos -posesividad y denigración, tanto como su ligazón a cierta garantía de estabilidad yoica, pero también por el papel que lo desconocido juega en el lazo amoroso- son muchas veces independientes de toda significación social. El descompletamiento producido por un deseo que se dirige a otro sujeto arrasa con el Yo. E inclina la balanza de la profunda ambivalencia que habita a los lazos narcisistas hacia el odio. Los celos contienen este elemento entre sus pliegues aparentemente objetales. La demanda de presencia incondicional de ese objeto, cuya satisfacción es vital, se interrumpe más o menos bruscamente produciendo una crisis identificatoria. Cuanto más peso en la elección de objeto tengan el narcisismo y lo autoerótico, es decir, la importancia del objeto de amor para la estabilidad del Yo, más rápido es el pasaje del amor al odio. El faltarle al sujeto no se corresponde solamente con la insatisfacción de la demanda de permanencia incondicional, ya que no es necesaria la ausencia real sino que muchas veces alcanza con que el objeto no cumpla con las demandas narcisistas del sujeto para desencadenar la furia de éste. La tragedia está llena de casos de matar o morir de amor. O matar y morir. Lo cierto es que hay pasiones que pueden desencadenarse en una relación amorosa. Grandes tragedias como Otelo, Medea, Hamlet, Edipo mismo, dan cuenta de este afecto y de una posible consecuencia del mismo: la venganza. Pero el sujeto también puede autodestruirse, con todas las diversas significaciones que el suicidio puede tener: venganza, autodenigración, insoportabilidad del estado de ausencia o combinación de varios de estos elementos. ¿Puede esto ocurrirle a ambos partenaires? Sí, puede producirse. De hecho es la primera fase del enamoramiento, la activación de ese ombligo, pero que hace que ambos depongan su Yo al idealizar al otro. La gran prueba es cuando aparezca la castración en el otro: ahí puede desvanecerse el lazo -ya que uno de los dos o ambos no toleran que el otro no sea completo y no lo complete- o dará paso al amor, que contendrá –como vimos inicialmente- este aspecto “loco” entre sus pliegues. 
En todo amor hay un núcleo de pasión: es el combustible necesario para encender la llama amorosa. Por lo menos eso es lo que se ha conocido en Occidente como forma. Un combustible que también puede incinerar a ambos partenaires: Romeo y Julieta, Tristán e Isolda... Esto hace, a mi entender, a aquello que Jullien denomina como “el ruidoso amor”, o lo ruidoso del amor diría, que tanto habita en la poesía, la música, la tragedia, el cine, etc.: es la hybris amorosa, la desmesura del afecto amoroso por el otro. 

La alienación, o la maldición del amor 

Mencionamos los encuentros mortíferos. Hacen honor a la maldición, árabe para algunos, gitana para otros. En este tipo de encuentro uno de los dos sujetos se ha apropiado del Yo del otro. Tal como Freud describiera en su Psicología de las masas -y traspuesto al lazo de pareja-, uno de los dos ocupa la función de hipnotizador, dominando al otro que, a su vez, lo idealiza. El objeto ha pasado a ocupar la función de Ideal del Yo, que desaparece en el amante. Este ha sido traccionado por el ombligo del enamoramiento y ha caído en su abismo. Lo que debiera ser una fase del amor que aparece por momentos, ocupa toda la escena y se prolonga indefinidamente, y en uno solo de los partenaires. El Yo de uno de los dos es dominado por el otro: alienación. El otro deviene en un objeto obligado, ligado a un placer obligado y a una vida obligada. También se relaciona con el asesinato del otro, que suele producirse cuando el sujeto recupera su Yo y amenaza con dejar a su amo. Mientras el amor implica una relación de simetría (Aulagnier), con reconocimiento de la alteridad, en la alienación se trata de una relación asimétrica. El otro ha devenido indispensable: es fuente exclusiva de todo placer, y se ha ubicado en el registro de la necesidad. No se trata de una pasión compartida, sino de la idealización que un sujeto realiza sobre el otro. Al mismo tiempo es vivido como el único sujeto que puede proveerle del placer de meta fusionada. Pero ese otro -y esto es fundamental- puede poseer un deseo de alienar, de dominio sobre quien lo idealiza: para él/ella el otro también ocupa un lugar fundamental en el registro de la necesidad. La ruptura del contrato de sumisión -en el cual interviene una importante corriente masoquista- puede desencadenar lo peor: “Si no es mío/a no lo será de nadie”. 
El amor y la simetría

 Llegamos así a los aspectos más “exteriores” de la relación, a su proyecto, su modalidad, lo que tanto Badiou como Jullien llevan a pensar como vida de a dos: tienen que ver con el Yo (Je) de los sujetos. Porque más allá del ombligo del lazo, que es parte de su cemento, está ese otro cemento, que es el del encuentro, el de la posibilidad de superar la exterioridad absoluta con el otro, hace a la capacidad de entrega, de interpenetración. Entramos en el terreno que Piera Aulagnier designa como relaciones de simetría. Veamos algunos párrafos del recorrido que ella hace por esta cuestión. Indican claramente lo que Castoriadis designa como superación 9 de la exterioridad recíproca: es el ir hacia el otro, reconocerlo en su alteridad, abrirse a ese otro… “La simetría no es la identidad sino exactamente una analogía, una reciprocidad en un poder afectivo del que ambos participantes gozan recíprocamente. (…) La relación de simetría o la relación de amor es una relación en la cual: 
1) cada uno de los dos Yo en presencia convierte al otro en el depositario privilegiado pero no exclusivo de sus demandas de placer;” Diremos nosotros: esto es porque si fuera exclusiva pasaría a ser una relación pasional, de alienación; en este caso, el otro está afectado por la castración, no colma al sujeto y la idealización puede ser depuesta; al mismo tiempo esto habla de la importancia para el Yo del lazo con otros por fuera del objeto amado. “
2) cada uno de los dos Yo preserva al otro como soporte de su libido gracias a un representante psíquico del otro, y gracias a la relación pensada en ese otro que fija la libido, y que le asegura su objeto durante la ausencia real del amado o durante ciertos momentos de conflicto. 
3) cada uno de los dos Yo reconoce que el poder de placer siempre es proporcional al poder de sufrimiento; lo reconoce y acepta los riesgos, sabiendo que estos riesgos son inseparables del placer que uno da, así como del que uno recibe. Esta reciprocidad, por sutil que sea, viene a limitar la dependencia del amante con respecto al amado, y la torna compatible con esa parte de autonomía de las catectizaciones narcisistas que el Yo tiene la obligación de preservar”. (Aulagnier, 1980, págs. 164/5) 
El amor aparece claramente diferenciado de las manifestaciones de la pulsión de muerte, salvo en aquello que Piera Aulagnier denomina como encuentros mortíferos y las relaciones de alienación, a los cuales ya nos hemos referido. Desde el punto de vista de la tendencia a la objetalización que produce el amor, diferenciando de las elecciones narcisistas, hay un reconocimiento del otro en la elección objetal. En el narcisista no, aunque Piera Aulagnier va a señalar la predominancia de una de las libidos, pero están ambas. Cuanta más libido objetal, más alteridad es reconocida. 

Más allá del amor 

Apenas nos referiremos a la propuesta de François Jullien que está en su texto "Lo íntimo". Lejos del ruidoso amor. También a la propuesta de Alain Badiou en "Elogio del Amor". Para Jullien en la intimidad (que a nuestro entender es una suerte de más allá del amor) el otro nos penetra: todo encuentro íntimo implicará una interpenetración que se da en un espacio entre, en el cual lo íntimo de cada uno se pone en juego, enlazándose; haciendo lazo. El otro abre mi interioridad, hace caer una barrera, y ambas interioridades conviven, es una vida íntima de a dos. 
Esta es sin duda la más  profunda dimensión del lazo entre los sujetos, coexistiendo con lo amoroso y lo erótico, que pueden o no llegar a ese punto de lo íntimo. 
Lo íntimo es heredero del ágape cristiano, pero va más allá de éste. 
También del eros griego. 
“No hay, como en la educación helénica mediante el eros, superación, elevación y sobre calificación de un ‘sí mismo’ por colmar la falta; sino que la renuncia a sí mismo descubre, en el encuentro con el Otro y con su Afuera, el recurso en sí mismo de algo más profundo que sí mismo, y forma al sujeto verdadero que se torna nuevo. No obstante, lo íntimo se distingue del ágape en que no despega una cosa de la otra: no separa lo sensual y lo espiritual” (Jullien) 
El amor implica de por sí una impostura que reasegura frente a lo desconocido: nos amamos, estamos seguros en ese afecto que se alza como barrera frente a la posibilidad de aparición de lo íntimo. Del acontecimiento de lo íntimo. El amor implica ambivalencia mientras que lo íntimo implica ambigüedad. 
“Lo íntimo es el acontecimiento (advenimiento) que forma una cesura y lo cambia todo” (Jullien) 
Nosotros sostendremos que el amor puede ser trascendido por lo íntimo que se hace presente en él, siempre y cuando no se retroceda ante ello. Una vez terminado al amor y lo íntimo de éste, “devolvemos al Otro a su afuera, lo abandonamos a su exterioridad” (Jullien, ) 
Amor y neoliberalismo 

Para Jullien la posibilidad, una vez arribado a lo íntimo, es la vida de a dos. Y lejos del ruido del amor: de su fetichismo. 
Pero –agregamos- un ruido sin el cual la vida de a dos se ve imposibilitada, y que si fuera lo único también la imposibilitaría. Para Badiou el amor implica trascender el narcisismo. El amor es un trabajo (en esto coincide con Chico Buarque , que es quien sostiene además que no tiene medida); 
“El amor se centra en la mera esencia del otro, en el otro tal como surgió, totalmente armado con su ser, en mi vida, que está como consecuencia trastornada y rearmada” (Badiou, ). Hace así alusión al amor como acontecimiento, en un modo claramente relacionado con lo que plantea Jullien. “La declaración de amor marca la transición de azar a destino y por eso es tan peligroso y está tan cargado de una suerte de horroroso miedo escénico”. (Badiou).
 Es este riesgo de la aparición de amor y de la mano de éste de lo íntimo lo que la sociedad neoliberal pretende evitar, ya que la apertura de lo que no tiene medida va contra la tendencia del capitalismo a que todo lo tenga y esté así ordenado y dirigido de acuerdo a la mercantilización de la vida en todos sus aspectos. Hablamos entonces de este amor, respondiendo así a las preguntas de inicio de este texto. Lo que va en contra de esta posibilidad es lo que Bauman señala como la propensión de la sociedad neoliberal a favorecer/promover relaciones que estén 11 puramente focalizadas en la utilidad y la gratificación: evitando así la aparición de lo íntimo, que se sitúa por fuera de las relaciones de intercambio de producción y consumo, es más: las enfrenta. La obsolescencia planificada, el consumismo, el elogio de la fugacidad de la mano de la aceleración de la temporalidad, la “vida ahorista”, trabajan en contra del amor y el surgimiento de lo íntimo. Que a su vez actúan en contra de esa ola que pretende cubrirlo todo. Más clara queda aún la convocatoria que Freud hiciera a Eros como salvaguarda de la autodestrucción de la sociedad. Porque, finalmente, la exaltación del narcisismo y de lo autoerótico actúa contra Eros llevando a un repliegue subjetivo. Y ese es un movimiento mortífero. 
“Ojalá te enamores” puede así hallar un sentido positivo, ya no ser sencillamente una maldición, sino una esperanza. Esperanza que para Green hace a la lógica del deseo. 

Título original: Lo que no tiene medida
Autor: 
Yago Franco. Psicoanalista, y escritor de textos psicoanalíticos y ensayos. Además de su actividad clínica con adolescentes y adultos y sus tareas de supervisor, dicta seminarios y conferencias en instituciones psicoanalíticas de la Ciudad de Buenos Aires y otras ciudades de Argentina.
yagofranco@elpsicoanalitico.com.ar
Fuente: http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num28/ep-28.pdf

domingo, 12 de marzo de 2017

Vacío emocional: cuando nos falta algo que no podemos explicar


Sentirse vacío por dentro es una experiencia muy común vinculada al sentimiento de soledad.
“Lo tengo todo y no me falta de nada pero yo me siento vacío por dentro”. Esta es una de las frases que más escucho en consulta y seguro que este pensamiento te ha rondado más de una vez por la cabeza.
¿A qué se debe este tipo de vacío emocional?

“Me siento vacío por dentro”

Más allá de las necesidades materiales más básicas  
existen muchas otras que, llegado un punto, pueden producir malestar si no son satisfechas. Este vacío podríamos asemejarlo con la forma de un agujero negro y profundo situado en nuestro estómago o pecho. Podríamos sentirlo igual que cuando nos asomamos a un pozo y sólo vemos oscuridad y no somos capaces de divisar el fondo.
Se trata de un vacío que se convierte en una sensación muy dolorosa y un gran sentimiento de soledad, y es que sientes que hay algo que necesitas para sentirte completo, pero que quizás no sepas qué es, y ese algo es una necesidad de cariño y aprobación.

Combatir el vacío emocional

Muchas personas combaten este vacío de distintas maneras pensando que así podrán completarse. Algunos comienzan a realizar ejercicio en exceso, otros aumentan su consumo de alcohol, algunas personas se encuentren echando más horas de lo normal en el trabajo; algunas se atiborran de comida y otras comienzan a tener gran cantidad de relaciones sexuales, en búsqueda de encontrar a esa persona que pueda llenar ese vacío emocional que siente y que otra persona ha dejado.
Esta última conducta haría mención al dicho popular que todos conocemos de “un clavo saca otro clavo”.

¿Qué pretendo conseguir con estas conductas?

Llenar el vacío que siento. 
Es cierto que estos recursos que uno toma le ayudan a controlar esa sensación momentáneamente, así como la ansiedad y el nerviosismo, pero ¿cuál es la realidad? Ese vacío continúa estando dentro de nosotros y si no lo trabajamos a tiempo puede complicarnos nuestro día a día.

¿Qué estamos obteniendo de esta solución puesta en marcha?

Lo que yo hago es anestesiar este sentimiento cuando conecto con él. Imaginemos un colchón hinflable que se nos ha pinchado, lo que hacemos es arreglarlo con un parche sabiendo que esta solución rápida sólo durará un tiempo y que después, posiblemente, este parche se despegará y finalmente tendremos que comprar otro colchón nuevo. Es decir, intento ponerle distintos parches a mi agujero negro para taponarlo, pero el resultado es que vuelvo a llegar al punto inicial.
Las causas

Las causas del vacío emocional acostumbran a ser varias, afectando todas a la vez a nuestras expectativas y creencias. Quizás cuando fuiste pequeño no recibiste el afecto que necesitabas, o quizás viviste muchas peleas abrumadoras en casa o no sentías que se validasen tus esfuerzos y resultados. O quizás viviste una pérdida o vínculo afectivo que para ti era importante.
Esto puede llevarte, ahora en la adultez, a tener un autoconcepto negativo de ti mismo y una necesidad y dependencia excesiva de atención y aprobación por parte de los demás. Pueden ser factores predisponentes a que yo me sienta así de incompleto, vacío y solo. Necesito del otro para formar el puzzle, ya que sin él me falta la pieza que me completa.

La insatisfacción en las relaciones

En consulta me encuentro con pacientes están insatisfechos con su relación de pareja o quizás con el puesto de trabajo que tanto les ha costado conseguir, pero se aferran a ello por el miedo a la soledad, en el caso de la relación de pareja, o por el miedo a la frustración que se puede sentir al darte cuenta de que el trabajo que siempre habías deseado no se ajusta a tus expectativas. Es decir, yo puedo tener una pareja con la que me encuentro a gusto y me quiere, pero quizás la relación no me satisface y puedo sentirme solo y vacío por ello.
Es por ello, que en ocasiones buscamos esto que nos falta en mi relación de pareja actual en otra persona, pero sin ser capaces de desvincularnos de nuestra pareja. Es importante que tomes este vacío como una señal de alarma de que algo no está bien dentro de ti y que no te hace sentir pleno ni te permite alcanzar el bienestar emocional que deseas.

Negación de la realidad y falsas expectativas

¿Qué ocurre? Muchas veces miramos a otro lado o hacemos oídos sordos a este vacío porque no queremos toparnos con la realidad por la que nos sentimos de este modo, provocando una gran dificultad para mantener nuestro bienestar emocional.
El problema está cuando confundimos los deseos con necesidades, provocándote a ti mismo ese malestar emocional. 
¿A qué me refiero? Cuando piensas que tu relación de pareja es tan valiosa que sin ella nunca más podrás ser feliz. O que si decides dejar ese trabajo que no cumple las expectativas que pensabas nunca podrás llegar a alcanzar el éxito.
Por ello, te propongo un ejercicio: 
deja de lado las soluciones materiales, ponte unas gafas y un bañador y bucea por tu interior, para poder identificar que es aquello con lo que no te encuentras bien y que te está provocando esa sensación de vacío. Porque es en nuestro interior donde está la clave para alcanzar de nuevo nuestra felicidad.
El objetivo es hacer este vacío más pequeño y que podamos convivir con él sin que nos haga daño. Y te preguntarás, ¿pero no puede desaparecer del todo? La respuesta es no, ya que todo lo que vivimos nos deja una huella interna, por lo que todos tenemos ese pequeño vacío.
Es importante que cojas las riendas de este malestar para poder regular y manejar tus emociones. No tienes por qué pasar por esto tú solo, quizás necesites ayuda para tomar este control. 
Recuerda: es una solución valiente y responsable para poder alcanzar tu bienestar emocional.

La Autora: Lidia Garía Asensi, Psicóloga sanitaria en Madrid. Máster en Terapia Familiar y de Pareja y Máster en Psicología General Sanitaria. Empleo de diferentes corrientes psicológicas: sistémica, cognitivo-conductual y terapia EMDR. 
Fuente: https://psicologiaymente.net/clinica/vacio-emocional#!

sábado, 11 de marzo de 2017

"El Cerebro y la Sabiduría"



La sabiduría es una capacidad psicológica única que se ha mencionado desde la antigüedad. Esta conducta se ha discutido desde diversas disciplinas del conocimiento desde siempre y solo recientemente ha sido analizada por las neurociencias. Por otro lado, ha sido definida a lo largo de los siglos y en el transcurso de las civilizaciones como un cúmulo de elementos psicológicos.

Los componentes más comúnmente señalados dentro de esta virtud humana han sido la capacidad de empatía; la compasión o el altruismo; la estabilidad emocional; el auto-conocimiento e, inclusive, algunas actitudes pro-sociales, como la tolerancia hacia valores ajenos.

Sin embargo, ciertas preguntas han quedado sin respuesta: ¿es la sabiduría universal o tiene una base cultural? ¿Es una virtud únicamente humana relacionada con la edad? ¿Depende de la experiencia o, por el contrario, puede ser enseñada?

Con el fin de determinar si existen circuitos cerebrales específicos responsables de la sabiduría de los humanos, los científicos Thomas Meeks y Dilip Jeste, del Departamento de Psiquiatría e investigación sobre envejecimiento de la Universidad de California, EE. UU., se centraron inicialmente en los estudios en los que se había utilizado la técnica de neuroimagen funcional. Este método permite medir los cambios en el flujo sanguíneo del cerebro o las alteraciones en relación con determinadas actividades cerebrales, así como en investigaciones sobre el funcionamiento de los neurotransmisores.

Así descubrieron, por ejemplo, que el ejercicio del altruismo activa la corteza media pre-frontal, mientras que la toma de decisiones requiere una combinación de las funciones racional (corteza prefrontal dorso lateral, que juega un papel en la atención y en la memoria de trabajo), socio-emocional (corteza prefrontal media) y de detección de conflictos (corteza cingulada anterior, también asociada con el llamado “sexto sentido”).

Diversas áreas del cerebro parecen estar vinculadas con diferentes componentes de la sabiduría. En el artículo aparecido en Archives of General Psychiatry se especifica:

“la corteza prefrontal del cerebro se activa con la regulación emocional o la capacidad de relativizar; la corteza prefrontal lateral facilita la toma de decisiones calculadas o basadas en razonamientos; y la corteza prefrontal media estaría implicada en el equilibro emocional y la actitudes pro-sociales o socialmente positivas”.

Por otro lado, el neurocircuito de la recompensa (cuerpo estriado ventral y núcleo accumbens) también parece importante para la promoción de actitudes pro-sociales y la actividad monoaminérgica (especialmente serotoninérgicos y dopaminérgica) resulta esencial para ciertos subcomponentes de la sabiduría como la regulación emocional (incluido el control de los impulsos), la toma de decisiones o las actitudes pro-sociales.

En definitiva, según sugieren los investigadores, la neurobiología de la sabiduría podría implicar un equilibrio óptimo entre las regiones del cerebro más primitivas (sistema límbico) y las más nuevas (corteza prefrontal del cerebro). La comprensión de la neurobiología de la sabiduría tendría una especial significación clínica, por ejemplo, para el estudio de ciertos trastornos o lesiones cerebrales traumáticas que pueden afectar a los carácteres vinculados con esta capacidad.

El procesamiento de la información se lleva a cabo en la materia gris. La materia blanca se encarga de conectar diferentes partes del cerebro, facilitando la ejecución de varias tareas a la vez. Se cree que las mujeres tienden a tener más materia blanca que los hombres y ellos están dotados de más cantidad de materia gris, pero ambos son inteligentes y sabios a su manera.

El cerebro de los hombres y el de las mujeres se conectan entre sí de manera muy diferente. Este dato que parece confirmar los clásicos estereotipos sobre actitudes y comportamientos propios de cada sexo. Sin embargo, estos nuevos mapas de la conectividad cerebral demuestran diferencias impactantes, aunque también complementarias en la arquitectura del cerebro humano. 
Además, ayudan a elaborar una potencial base neuronal que explique por qué los hombres son brillantes en algunas tareas y las mujeres, en otras.

Semejante conectividad registrada por distintos mapeos cerebrales sugiere que el cerebro masculino está estructurado como para facilitar los intercambios de información entre el centro de la percepción y el de la acción, y el cerebro de las mujeres con conexiones que unen el hemisferio derecho, en donde se halla la capacidad de análisis y el tratamiento de la información, con el hemisferio izquierdo, el centro de la intuición.

Por esto, se puede afirmar que las mujeres son superiores a los hombres en cuanto a su capacidad de atención; la memoria de las palabras y de los rostros; en las pruebas de inteligencia social y en la ejecución de tareas múltiples. 
En cambio, los hombres las superan en capacidad y velocidad del tratamiento de la información. Asimismo, son, en promedio, más aptos para aprender y ejecutar una sola tarea, como, por ejemplo, andar en bicicleta, esquiar o navegar, etc.

Para los científicos involucrados en la investigación, los próximos trabajos deberán identificar con más precisión qué conexiones neuronales son propias de un solo sexo y cuáles, compartidas por los dos.

Según OSHO: "Ninguna sociedad quiere que seas sabio, porque todo hombre y mujer sabios, no pueden ser serviles, sirvientes, no pueden ser manipulados, no pueden ser obligados a seguir masas, ni a vivir como robots, pues una persona despierta e inteligente prefiere la muerte, antes de prestarse a algún tipo de estupidez, prefiere seguir a su propia conciencia, que seguir a una nación que son solo líneas imaginarias en el mapa, para que algunos pocos tengan el poder y opriman, no será parte de pseudo religiones que solo buscan mantenerlo distraído del verdadero conocimiento y conciencia y por su puesto llenarse los bolsillos con el sufrimiento ajeno. Una persona verdaderamente sabia, es libre y solo obedece a su propia conciencia y corazón, no manda, ni se deja mandar, tampoco no pisa, ni se deja pisar…".


Autor: Dr. Luis M. Labath. Médico Especialista en Medicina Interna. Ex Director Médico del Hospital José M. Cullen. Miembro de Honor de la Asociación Médica Argentina. Designado como Maestro de la Medicina Latinoamericana por la Asociación Médica Latinoamericana.
Fuente: http://asociacioneducar.com/cerebro-sabiduria

"La Importancia del Riesgo en el Juego"




Cuando hablamos de que debemos permitir los juegos arriesgados o que los niños asuman riesgos no significa, para nada, que los niños deban estar expuestos a peligros.
Entendemos el riesgo en un sentido positivo y saludable cuando los niños pueden ejercitarse físicamente aprendiendo sobre sus fuerzas y conociendo las limitaciones de su propio cuerpo, experimentando el miedo, la seguridad…

De esta forma permitimos que sea el niño quién desarrolle el conocimiento de sus propias capacidades, no interferido por los miedos adultos.
Además, no se trata de que el niño asuma riesgos, sino de que realice actividades que conllevan la decisión sobre riesgos. Creo que es una puntualización muy necesaria porque los niños, por lo general, son muy conscientes de sus capacidades y suelen evaluar muy bien qué pueden hacer sin ponerse en peligros graves.
Por poner ejemplos prácticos, trepar árboles, saltar troncos, escalar por algunas rocas grandes, etc. son actividades que entrañan decisiones sobre riesgos (en el sentido saludable que hemos dicho).
Este riesgo no es equivalente al peligro. Me gusta considerarlos aspectos distintos porque a veces hay mucha confusión al respecto. Permitir que los niños realicen actividades que conllevan cierto riesgo no significa que puedan realizar o exponerse a todo tipo de peligros.
Por ejemplo, caminar por un precipicio sin vallas de seguridad a 10 metros de altura o un parque realizado sobre suelo de cemento es, a todas luces, peligroso.
No existe el riesgo cero. Eliminar los riesgos entraña un riesgo en sí mismo.
Creo que algo que hemos de tener todos claro es que no es posible eliminar por completo los riesgos en la infancia (igual que en la vida).
Estamos muy pre-ocupados de eliminar por completo toda situación de peligro pero crear entornos asépticos, hiperprotegidos y acolchados conlleva riesgos también para los más pequeños, tanto o más peligrosos que dejar que los niños calibren cada situación.
Cuando los niños no pueden jugar afuera libremente, cuando les impedimos que valoren por sí mismos los peligros de cada situación, cuando nos avanzamos a sus “análisis” con un “te caerás”, “por ahí no que es peligroso”, etc. estamos impidiendo que puedan evaluar las situaciones por sí mismos, atrofiando así su propio radar y pudiendo tomar decisiones peligrosas cuando un adulto no vigila o en la edad adulta.
Pero hay otro problema aún más desconocido. Cuando frenamos constantemente las iniciativas de los niños, cuando les impedimos moverse libremente los niños pueden presentar déficits sensoriales y problemas en el sistema vestibular (lo que puede conllevar dificultades en la postura, el equilibrio o la orientación del propio cuerpo en el espacio).

LOS NIÑOS BUSCAN RIESGOS INSTINTINTIVAMENTE

Existe una gran normativa relacionada con la construcción de los materiales de juego para los niños. Ya sean estructuras de los parques, o relacionadas con los juguetes. Pero para lo que no hay normativa (y no tendría ningún efecto) es para prever la relación y forma de interactuar que tendrán los niños con esos materiales.
¿Quiénes de ustedes no han estado en parques totalmente seguros, con un columpio, un tobogán, un suelo de caucho y poco más? ¿Y cuántas veces han visto a los niños tirarse de cabeza, o de cabeza y de espaldas, o de lado?
Aunque eliminemos todo riesgo, ellos los van a buscar, seguramente no tanto por buscar un riesgo en sí mismo sino por responder a su necesidad de calibrarse, de avanzar, de ver hasta dónde pueden llegar, probar que hacen cuando ven que no han estimado bien sus capacidades. Es una necesidad que tratan de ver satisfecha de una u otra manera, aunque el entorno no les sea favorable y sea “soso y parco en posibilidades”.
Si prohibimos que trepen a los árboles buscarán otros elementos en los que satisfacer esa necesidad


CÓMO ACOMPAÑAR A LOS NIÑOS EN EL RIESGO Y FAVORECER UN ACERCAMIENTO SALUDABLE CON EL MISMO

Permitir que los niños asuman riesgos mientras juegan y exploran es, para muchos adultos, de las tareas más complicadas de acompañar a los pequeños. Es por eso que les dejo algunas ideas, muy sencillas, por si les sirven y los ayudan en esa tarea tan bonita y a la vez tan complicada de acompañar a los pequeños en el juego.

1. SALIR A JUGAR AL AIRE LIBRE: Salir a jugar a fuera es esencial para que los niños puedan jugar y asumir riesgos en sus exploraciones. Es necesario salir de los entornos protegidos y cerrados y tener tiempo libre, no “híper supervisado” por parte del adulto.

2. CUIDAR O REVISAR EL ESPACIO PREVIAMENTE. Cuando hablamos de no vigilar y supervisar constantemente a los niños no significa que pueda desconectarme por completo de la situación.
Una tarea importante es asegurarme de que el lugar no presenta peligros importantes, ya sean estructuras de parques muy deterioradas, ríos con fuertes corrientes, elementos cortantes en la zona, etc.
Y comprobada la zona y en función de la edad de cada niño hay que dar un paso atrás y permitir que sean ellos, los pequeños, quienes tomen las decisiones relacionadas con el riesgo, teniendo en cuenta la edad de cada niño, por supuesto.

3. NO INTERFERIR NI AYUDARLES A TREPAR DÓNDE NO PUEDEN: A menudo los adultos tenemos muchos miedos pero paradójicamente les subimos a un montón de lugares que ellos, por sí mismos, no podrían.
Pero de esta forma no les estamos ayudando a valorar sus capacidades ni tampoco a estimar adecuadamente los peligros de cada situación. Si nos importa su seguridad, lo ideal es que los niños suban dónde pueden por sí mismos. Eso les ayudará a tener ideas claras sobre sus capacidades y a actuar sin ponerse en peligro.

4. DIFERENCIAR NUESTRO MIEDO DEL SUYO: Algo que es fundamental es no transmitir nuestros propios miedos a los pequeños. El lenguaje es muy importante, mucho más de lo que nos pensamos.
Mientras no hemos podido superar nuestros propios miedos es muy importante procurar evitar las frases tipo “te caerás” o “eso es muy peligroso” y sustituirlas por una frase mucho más real que es “a mí me da miedo eso”.
Es decir, me da miedo a mí, adulto. No te tiene por qué dar miedo a ti (niño). Te lo digo para que estés alerta y prestes atención, pero si tú sientes que eres capaz, adelante.

5. CONSIDERAR A LOS NIÑOS PERSONAS AUTÓNOMAS Y CAPACES: Creo que hay que partir de la premisa de que los niños son seres capaces, con sentido de la responsabilidad y con posibilidad de calibrar los riesgos de cada escenario.
Por lo general, a los niños que se les ha permitido manejar los riesgos desde la cuna suelen ser muy conscientes de sus posibilidades y ser responsables con ellas.
No hay nada que haga a un niño más capaz y seguro de sí mismo que las personas que le quieren y cuidan confíen en sus capacidades.

Concluyo ya, remarcando la complejidad de este tema, porque la percepción del riesgo es subjetiva. Lo que para unos es tolerable para otros es francamente peligroso. Pero siento que hay que encontrar un equilibrio.
En los últimos años ha habido una corriente de fuerte protección de la infancia, de acolcharles el entorno al máximo. Por ello, nos corresponde ahora a todos trabajar nuestro sentido de percepción del riesgo, evitando peligros innecesarios, pero dándoles la oportunidad de tener una infancia sana y divertida.


Fuente: Extraído de http://www.tierraenlasmanos.com/como-acompanar-juego-arriesgado-infancia/

jueves, 9 de marzo de 2017

"La Medicina Consciente"



“La Medicina Integrativa CONSCIENTE es la medicina orientada a la salud, que tiene en cuenta la persona en su totalidad (cuerpo, mente y espíritu), haciéndola participante activa de su proceso curativo. 
Enfatiza en la relación terapéutica y hace uso de todas las terapias apropiadas, tanto convencionales como complementarias, de manera consecuente y promoviendo la toma de Consciencia como principal herramienta terapéutica”.

Los principios de la Medicina Consciente 

1.- Paciente y profesional son compañeros en el proceso de mejoría:
Respeto por el “paciente”. Se promueve que deje de serlo y se vuelva “activo” hacia su propia salud. 
El paciente es siempre un maestro y los tratamientos se acuerdan en base a sus valores, creencias y a la mayor evidencia disponible.

2.- Todos los factores que influyen en la salud y bienestar son tomados en consideración (orgánicos, mentales, espirituales, comunitarios y medio ambientales):
Además de considerar el aspecto físico, importa que el paciente recupere su armonía mental y espiritual en el entorno más adecuado para él.

3.- Se promueve la respuesta innata de auto equilibrio, utilizando adecuadamente lo mejor de la medicina convencional y complementaria :
El cuerpo tiene la tendencia natural al equilibrio (salud). Con los estímulos adecuados, es posible potenciarla y así evitar drogas que sólo cubran los síntomas. 
Siempre priorizaremos intervenciones de mínimo efecto secundario.

4.- La Medicina Integrativa Consciente no se opone a la medicina convencional y tampoco fomenta la medicina natural sin evidencia:
Es sabido que la medicina convencional o moderna es muy efectiva en patologías agudas, cirugías, traumatología y procesos infecciosos severos, no obstante ha demostrado no dar alcance suficiente a personas con patologías crónicas o con trastornos emocionales
Es en estos casos donde, la utilización criteriosa de las diversas técnicas de la medicina complementaria, logran dar respuesta efectiva y duradera.

5.- La base de esta nueva visión de la medicina es fomentar la toma de consciencia para lograr cambios genuinos en la vida del consultante:
La persona cambia sólo cuando quiere cambiar. 
Entender a cabalidad la propia participación en el cuadro que le aqueja, le permite al paciente decidir cambiar. 


Fuente: http://www.medicinaconsciente.cl/www/medicina-consciente/