sábado, 24 de junio de 2017

"Hemos aprendido a domesticar a nuestros hijos". Claudio Naranjo


Usted aboga por una educación desde el corazón, que tenga en cuenta el ser, 

el conocimiento de uno mismo. 
¿Cómo debería ser una escuela de este tipo?

El énfasis para mí está en la formación de los educadores, no tanto en el tipo de escuela. Tengo la impresión de que si no se formara a los educadores con información e ideas, sino que recibieran una formación emocional, la cosa iría de otra manera.
Eso significa también una formación terapéutica porque, a nivel emocional, los que participamos en la civilización occidental estamos enfermos.
Somos todos víctimas de una misma plaga, la plaga del déficit de amor.
De generación en generación, los niños se ven cortos de “maternaje”, y esto no solo no ha mejorado, sino que ha empeorado con el hecho de que, hoy en día, las madres tienen que ganarse la vida fuera de casa. Son madres cada vez más ausentes y los niños se están poniendo cada vez más rabiosos, más difíciles. Llegan a la escuela más perturbados, y la escuela no se hace cargo de que ese daño emocional es significativo para la vida.
Los niños difíciles se ven como casos terapéuticos que los psicopedagogos pueden tomar en sus manos como si fueran una excepción, y no como una realidad universal.

Si se está educando a los niños para ser trabajadores 
y entrar en el ciclo consumista, 
¿qué cambios son necesarios para transformar esta realidad?

Tendría que haber por parte de los educadores un interés por la felicidad de los educados en lugar de seguir el patrón implícitamente severo que ha tenido la educación hasta el momento. 
Creer que donde hay problemas es la mano dura la que los va a resolver es un mal social muy generalizado.
Pero cuanto más se criminaliza al mundo para arreglarlo, más criminal se vuelve este. La educación es reflejo de esa misma actitud. Hay muchas mujeres en el magisterio que tienen perfecta capacidad materna, y en su casa la ejercen, pero cambian al ponerse el uniforme del sistema.
Este es un sistema patriarcal: no se supone que haya corazón.
No se supone que la relación humana sea relevante ni que lo sea la relación personal con los estudiantes. Por eso no importa el tipo de escuela; el educador debe tener algo para dar y sentirse con libertad para darlo.

Aprender en la naturaleza de una forma más experimental,
 fomentar la creatividad... 
Muchas escuelas alternativas basan su programa en estas ideas.

Estas escuelas están un poco prohibidas. Están muy bien, pero no llegan a la mayoría de la gente. Uno de los temas que más me interesa es cuál es la naturaleza de la resistencia a este tipo de proyectos nuevos si se sabe que funcionan.
¿Son los miembros de un ministerio, individualmente reacios, individualmente cómplices, de que la educación no eduque? ¿Existe la mente sistémica, que hace difícil cambiar el paso? 
No sólo es la educación emocional lo que falla, a mí me interesa mucho el asunto de la libertad, la condición civilizada que ahora se está empezando a poner en tela de juicio.
Hay quienes interpretan la crisis de nuestro tiempo como una crisis de la civilización misma. 
Es la crisis de una situación en la que somos seres domesticados; nuestra animalidad, nuestra “instintividad”, el órgano básico que tenemos para navegar por la vida, ha sido castrado hace mucho tiempo. Domesticamos a los animales hace miles de años y hemos aprendido a domesticar también a nuestros hijos.
La falta de libertad de ser como uno es nos deshumaniza e interfiere con nuestro animal interior.
A mí me interesa mucho la vuelta a la espontaneidad. El ser humano necesita su creatividad para salir de donde se ha metido, y si no existe la espontaneidad, no hay creatividad.

En cuanto al programa SAT que dirige, 
¿cómo se educa a los maestros?

Un elemento es la libertad de la que hablaba antes, la espontaneidad, el ser uno mismo. El atreverse y confiar en lo natural, en los impulsos. 
Otro elemento son las emociones. Hay emociones inferiores y emociones superiores. Las inferiores son lo que los cristianos llamaban pasiones, los pecados. Hoy se les llama necesidades neuróticas.
Pero más allá de las neurosis está el amor, y a eso hay que llamarlo por su nombre. Todavía está prohibido hablar de amor en el mundo burocrático y académico. En el SAT hablo de competencias existenciales, las que se requieren para ser un ser humano. Entre esas competencias están la solidaridad, el sentido de los ideales, los valores...

Hemos hablado de educar para la libertad, 
de educar para el amor. 
¿Y para la sabiduría?

Hoy en día no se sabe lo que es la sabiduría. Tanto domina el saber que poco tiene que ver con la sabiduría. La sabiduría pasa por la paz y el desapego. Pasa por valores que no están vivos en la cultura.
La gente se vuelve sabia pese a sí misma por las pérdidas, por los golpes, porque la vida le enseña, pero son pocas las personas que se vuelven sabias por una disciplina, como en las culturas espirituales orientales. Hoy en día no tenemos una escuela de sabiduría occidental. Yo creo que lo que llamamos educación debería volverse más coherente con los principios de la sabiduría.
Un ser humano inteligente y con corazón se torna sabio cuando conecta con su esencia, con su espiritualidad y con su misión

Fuente: http://www.mentesana.es/entrevistas/claudio-naranjo-educacion_1157

Autor: Caudio  Naranjo es psiquiatra y escritor. Dirige el programa 
SAT de formación
de educadores en el autoconocimiento. Es coartífice del “Movimiento mundial para la innovación y el cambio en la educación”.

lunes, 19 de junio de 2017

«El origen de la depresión surge en la Infancia»



Todo surge a raíz del suicidio de un niño. ¿Pudo dar una explicación a este hecho?:
Yo atendía como terapeuta a una persona que me enseñó la nota que dejó ese niño; explicaba que no soportaba más la soledad de su casa y la depresión de sus padres. Cuando mi paciente se fue, me puse a llorar porque el suicidio no es parte de la infancia. ¡Un niño no piensa en eso! Me conmovió muchísimo y me puse a investigar.

¿Y qué descubrió?:
En 1999, la OMS ya hizo una campaña para concienciar sobre el suicidio infantil y juvenil, un tema tabú. Ese niño vivía una situación muy habitual, sus padres sufrían depresión. Descubrí que, también según la OMS, el crecimiento de la depresión en el mundo es abrumador, así como las psicosis, la ansiedad, las adicciones, la anorexia.
Los primeros años son vitales para prevenir estos trastornos, por eso creí́ necesario establecer una conexión entre esa realidad y sus raíces.
La “desnutrición afectiva” de las sociedades ricas puede ser causada por la falta de tiempo. Muchísimas mujeres han de escoger entre ser madres y trabajar. Es un asunto serio. Las licencias maternales tendrían que ser de seis meses como mínimo, algo que en mi país, Brasil, conseguimos no hace mucho. Estamos lejos de los dos años de Suecia, pero ¡algo es algo! Reunimos muchos datos, avalados por la OMS, y demostramos que los seis meses no resultan costosos, como argumentan los empresarios. Cuestan más las bajas por depresión que por maternidad.

¿Por qué es sagrada la infancia?:
Es el tiempo en el que se forma nuestra estructura biopsicológica, el desarrollo cerebral y psicomotor, lo más importante.
La primerísima infancia, hasta los tres años, es determinante, el fondo de reserva para la vida. Se constituye la base, la matriz de la depresión, bipolaridad, psicóticos.
La infancia es sagrada, pero los tres primeros años, aún más, debemos cuidar el desarrollo cerebral y toda la parte psicoafectiva. Y hasta los once años es importante para constituir un adulto sano, humanizado, respetuoso, equilibrado.

¿Los padres están muy perdidos?:
Mucho. El mundo va muy perdido. Hay adicciones, violencia. Los padres están preocupados. Hay infinidad de publicaciones con todo tipo de consejos: cómo comer, cómo beber, cómo dormir. No doy recetas, con mi libro y mi discurso, doy recursos e información para que la gente reflexione y comprenda lo que se forma en cada etapa y aquello a lo que deben prestar una atención especial.
Por ejemplo, hasta los nueve meses, el bebé necesita explorar la boca con sus manos. Después no lo hace más, pero los adultos creen que el niño que lo hace se quedará siempre con esa costumbre e intentan evitarlo. Igual que la idea de que no hay que coger al bebé en brazos para que no se acostumbre. Las personas miran al niño como un todo y es importante entender cada periodo y actuar como crea mejor, con toda la información pero sin seguir recetas. En esto la intuición es muy importante.
Tenemos una sabiduría innata, pero está contaminada por conceptos antiguos sobre la educación. Mira la sociedad, la depresión se implanta de forma atroz en el mundo y el origen está en el inicio de la vida. La investigación en neurociencia, la OMS y la Unesco dicen que es necesario cambiar la forma de educar. No hay que seguir de forma ciega lo que diga una persona, un libro, una autoridad, tu madre, la abuela...
Los adultos tienden a educar sin entender ni respetar la delicadeza del niño. Dicen 'son cosas de niños', 'tonterías'. Imagina que dijéramos 'son cosas de mujeres' o 'de hombres de 40 años en crisis'.
Hace falta respetar los sentimientos y emociones del niño y el adolescente para comprender lo que está ocurriendo. A veces no entendemos que un niño no nos haga caso y es que aún no tiene desarrollado del córtex para registrar todos los comandos que le damos. Le acusamos de desobedecer, pero no puede interiorizar tantos límites.
Hemos pasado de autoritarismo a libertad total. Creo en la autorregulación tanto para educar a un niño como para nuestra forma de reaccionar. Es necesario educar al educador. La autorregulación es un equilibrio entre la contención sana y la permisión sana. En el pasado teníamos un exceso de límites que no resultó bien y ahora tenemos una falta de ellos. El límite, ni punitivo ni contaminado por la emoción del adulto, es muy importante para el niño, es una orientación. Es un margen, una frontera. Un límite de autoridad, no de autoritarismo. Es necesario recuperar la autoridad del padre, la madre, el maestro y garantizar que el niño pueda desarrollar las virtudes que se constituyen en cada edad. Es difícil seguir recetas porque debes saber cuándo poner un límite.

¿El límite debe ser un bosque en el que el niño entra cuando está preparado?:
Sí, y entra con el padre o la madre cogido de la mano, orientándolo, observando. Pero para esto es necesario comprender qué necesita el niño en cada momento, contención o desarrollo.
No todos los niños son iguales. Cuando presenté el libro en Barcelona, un periodista me preguntó qué había que hacer con un niño de dos años, le respondí: ¿Qué se hace con un hombre de 40? Cada persona es una historia. Lo que necesita un niño depende de muchas cosas.
La elección de la escuela o la guardería es determinante. La infancia es un tema político, está muy relacionado con las políticas sociales y educativas que adopta un gobierno. Finlandia, por ejemplo, adoptó la pedagogía Waldorf, en toda la red pública hay una unidad pedagógica y de línea de trabajo. El maestro es una gran autoridad y los padres no son clientes, que es lo que ocurre en muchas escuelas ahora: los padres tiene tal poder de decisión que se pierde la pedagogía. La unidad entre padres y maestros es muy importante. La elección de guardería es delicada porque muchas son guardabebés.
Por ejemplo, un bebé está archivando todos los músculos esenciales para su desarrollo psicomotor. Si la guardería no permite que se mueva se transforman en hipotónico, no tendrá la fuerza natural que necesitará después. ¿Dónde están esas guarderías bien estructuradas? Hay pocas y los padres necesitan trabajar. ¿Cómo lo hacemos? Hace falta un debate profundo de política social.

¿Estamos acortando la infancia?:
Sí, los adultos fomentan una infancia cada vez más reducida y una adolescencia cada vez más anticipada que, a su vez, se alarga demasiado porque los jóvenes tardan en independizarse. Hoy tenemos niños muy inteligentes y formados, pero emocionalmente inmaduros. Hay una desconexión entre el desarrollo cognitivo y el emocional.

La Autora: Evânia Reichert, terapeuta y escritora, especialista en el estudio de la relación entre las etapas de la infancia y la formación del carácter. Es autora, entre otros libros, de Infancia, la edad sagrada (La Llave).

Fuente:
http://www.mentesana.es/psicologia/evania-reichert-efectos-cultura-separacion_1183
http://www.diariodeibiza.es/cultura/2017/03/18/origen-depresion-inicio-vida/903352.html

lunes, 12 de junio de 2017

"El Puente hacia el Infinito. Richard Bach" PDF




En el principio del Universo, éramos nosotros. 
Antes de todos los principios,
 y cuando se haya apagado el eco del último final, 
somos nosotros. 
Nosotros somos la razón del espacio, 
los constructores del tiempo. 
Somos "el puente hacia el infinito"
... aprendiendo el AMOR

En Juan Salvador Gaviota, Richard Bach escribía sobre una gaviota que practicó durante toda una vida para comenzar a conocer el significado de la bondad y el amor. En Ilusiones escribía sobre un hombre rodeado de milagros, perseguido por una dama, sabia y mística, que vivía a la vuelta de una esquina en el tiempo. El puente hacia el infinito es la gesta de Bach por hallarla, por aprender sobre el amor y la inmortalidad, no en el más allá, sino en el aquí y ahora. No obstante, atrapado en las tormentas del éxito, del desastre y de la traición, abandona la búsqueda, y las murallas que construye para su protección se convierten en su cárcel. Por fin conoce a la única mujer que puede liberarlo. Con ella inicia un viaje de transformación, un mágico descubrimiento del amor y de la alegría. Hay aquí aventuras y choques aéreos, visitas en sueño al futuro y al pasado, viajes fuera del cuerpo, en tanto la pareja busca escapar más allá de la muerte. Se eleva a partir de una empecinada fe en el amor perfecto. Hasta ahora este escritor silenciosamente misterioso ha narrado mediante la alegoría y la ficción. En "El puente hacia el infinito" atrae a los lectores hasta su corazón y comparte con ellos una visión íntima, divertida, triste, ferozmente franca de su vida personal y de su amor.

Sigue el Link para obtener el Libro "El Puente hacia el Infinito" en PDF
http://datelobueno.com/wp-content/uploads/2014/05/Puente-hacia-el-infinito.pdf

sábado, 10 de junio de 2017

¿Son, ciertas respuestas Emocionales, exageradas?


Hace un tiempo, como cada día, abrí mi página de facebook por la mañana y tenía un mensaje de una chica que me pedía ayuda. Le respondí de inmediato preguntando qué necesitaba. Me respondió que la noche anterior había tenido una terrible discusión con su pareja y que ya era tarde, que ya no "me necesitaba".
Me quedé reflexionando sobre esta situación. Primero, ¿qué hace que alguien busque ayuda, contención, consuelo, afecto, consejo, una "oreja", en una red social? 
Uno puede darle una primera vista, como hacemos la mayoría, desde la arrogancia, desde la descalificación (como tantas veces lo he visto): es una tonta, una débil, una persona "limitada". Y muchos adjetivos más, nada agradables. 
Y segundo, ¿por qué una discusión puede desmoronar tanto a alguien, hasta el punto de enceguecerse sin ningún control, y que termine escribiendo a un desconocido, es más, a alguien que no tiene nombre propio sino a un sitio de internet?
Para ser sincera, yo misma me he sentido así -y peor- no una, sino decenas de veces a lo largo de mis cinco décadas de existencia. Se sintió así la niña que fui. También la adolescente -tal vez ella más que ninguna de mis otras "yo"-. La adulta, la novia, la amiga, la madre, la estudiante, la trabajadora, la amante, la compañera...
¿Es proporcional la reacción emocional que tenemos al hecho que la motiva?
¿Hay una escala donde debamos leer la intensidad que tienen que tomar nuestras reacciones respecto de un suceso?
¿Son, ciertas respuestas emocionales, exageradas?
Lo cierto es que no es nada extraño para mí, como terapeuta, que una chica, en su desesperación, busque en quien sea, ayuda para salir lo antes posible de un estado emocional que le resulta INSOPORTABLE.
No le daría a este evento un enfoque, que está muy de moda, relacionado con el peligro de las redes sociales (aunque no podemos desconocerlo), y lo digo, porque las personas no se sienten solas frente a una situación que no pueden manejar solamente hoy, en este mundo globalizado, hostil y donde lo virtual ha tomado el timón: ha sucedido siempre. 
¿Cuántas veces no hemos oído historias de muchachos que agobiados por un mal rendimiento escolar han tomado la decisión de arrojarse al paso del tren!!! O de madres que al no tener la capacidad de visualizar un futuro para ella y sus hijos, han puesto fin a sus vidas y las de esas inocentes criaturas?
¿No pasó en el siglo XXVIII cuando el joven Werther, protagonista de la novela de Goethe, toma esta misma decisión al NO PODER SOPORTAR EL DOLOR de perder irremediablemente a la mujer que amaba?
Claro que el tema que estoy tratando de exponer, no es el suicidio, aunque es éste un punto final extremo a las emociones de desamparo, de desesperanza y de angustia total. 
Esas mismas emociones en desequilibrio, y muchas más, no llevan a la mayoría a las puertas de la muerte, pero sí a procesos en extremo oscuros, a la muerte en vida. 
La chica que me escribió aquella noche, no optó por esta alternativa, al menos no en ese momento y espero que tampoco en días sucesivos. Sin embargo, cuando, especulo, buscó en Internet a alguien o algo que pudiera hacer por ella lo que ella era incapaz de hacer por sí misma, tal vez sí era una posibilidad.
Su respuesta de "ya no la necesito" me embargó de una gran tristeza, frustración y hasta un leve sentimiento de culpabilidad.
Me pregunté ¿Por qué no estuve ahí en el momento que me requería? Pero no soy un súper héroe, sólo soy una profesional a la que se llega por caminos más tradicionales. Aunque no pocas veces he hecho mi "trabajo" con mi vecino de asiento en un viaje de bus, en el metro, en una fila del banco, etc. 
Y ¿Qué puedo hacer, entonces, para sí ESTAR sin estar? 
No tengo otro camino que promover las esencias florales, no porque sea mi trabajo y mi sustento (económico y emocional) sino porque llegué a ellas por esas mismas razones: desamparo, desesperanza y angustia (y extrema sensibilidad, miedo, impaciencia, dispersión, incertidumbre, cobardía -o mejor dicho, falta de coraje-). Cuando ya no hubo NADA que me calmara la tensión del alma, las esencias sí lo lograron.
No hay nada, aparte de un abrazo de alguien que te ame incondicionalmente y que te dé una perspectiva llena de sabiduría, que pueda sacar del profundo abismo en que has caído, que las esencias (no al menos algo que yo conozca).
Ya después, cuando estés arriba y puedas volver a ver la luz del día, oír el canto de los pájaros, sentir la brisa, mirar el paisaje de la cordillera nevada, oler las flores, mirar un gatito jugar con un ovillo de lana, oír las risas de los niños jugando en los columpios, recibir una buena noticia o una visita inesperada, podrás de a poco recobrar la serenidad y al mirar hacia atrás, ver, en perspectiva, con ojos objetivos aquel hecho que te pareció imposible de superar.
Pero si no ocurre esto, qué puede hacer la persona? qué pudo hacer la chica del mensaje de facebook? Mirar desde más arriba y más lejos la situación y no encerrarse en sus pensamientos, que forman un universo paralelo donde reina la razón y no el corazón. 
La razón usa la lógica. Nos dice que 1+1=2, que es lo mismo que "esto no tiene otro destino que al que ya he llegado". Y el corazón nos dice que la vida no es una ciencia exacta y que la magia existe. Y que 1+1 también es 11. 
Tú eliges hacia dónde quieres dirigir este maravilloso vehículo que te ha sido dado para transitar la experiencia de la vida en forma de humano, en este planeta, en estas circunstancias y en este momento. Esas condiciones no las puedes cambiar, pero como te sientes con respecto a ellas, depende de ti.  

Con afecto, Sandra

"Las trampas del Lenguaje y el Baúl de los Recursos "

 
Escribirte es una de las cosas que disfruto de mi vida. Me alegra, claro, que mis cartas te gusten y más me alegra mi propio placer. Y podría haber escrito "pero más me alegra…", etc. Y esto tendría otra significación. 
La palabra, "pero" es una de las trampas del lenguaje. Cuando digo "pero", intento invalidar total o parcialmente lo que dije primero: «Yo no tengo nada contra los negros, pero…» Y antes de seguir escuchando, yo ya sé que quien dice esto, tiene algo contra los negros. 
Me importa utilizar las palabras en su verdadero sentido; 
esto suele ayudarme a hacerme responsable de lo que digo y hago, 
responsable de lo que soy, 
responsable de mí mismo. 
Cada vez que me encuentro diciendo un "pero" trato de reemplazarlo por: "y además".
Si el reemplazo encaja, entonces elijo esta otra forma de decirlo. Si no encaja, entonces hay dos posibilidades: o la primera parte de la frase no es lo que deseo decir o voluntariamente estoy tratando de invalidarla, quizás para enfatizar la segunda, quizás para hacer una aseveración paradójica. 
Sea como fuere siempre me sirve para darme cuenta de alguna zona poco clara de mí mismo. ¡Darme Cuenta! ¡Qué importante! 
¡Qué diferente suena darse cuenta, comparando con tomar conciencia! 
«Tomar conciencia» me suena intelectual, racional, frío y parcial. «Darse cuenta» es total; me doy cuenta es todo mi ser...
Bueno, lo que quiero es contarte sobre las trampas del lenguaje. Todo sucede como si el lenguaje exterior, el que solemos usar para comunicarnos con los demás, no siempre fuera el reflejo fiel de lo que aparentemente quiero decir. 
A veces, Yo Soy Yo y mi lenguaje es mi disfraz.
Por ejemplo, quiero decirte: «Ayer cuando me puteaste, me dio mucha bronca y sentí ganas de romperte una silla en la cabeza». Si me disfrazo te digo: «A veces, la agresividad perturba a cualquiera». Fíjate la indefinición, la ambigüedad y la falta de compromiso de la segunda frase: «a veces (¿cuándo?), la agresividad (¿cuál?, ¿de quién con quién?), perturba (¿qué hace?), a cualquiera (¿a quién?)». 
Otro ejemplo. Te digo: «¿Tienes ganas de tomar un café?», en lugar de: «Quiero tomar un café contigo. Te pido que me acompañes». 
Muchas veces, hacemos preguntas en lugar de afirmar un pensamiento que nos pertenece. Estas son nuestras frases «encubridoras». Si cada vez que hago una pregunta trato de encontrar la afirmación escondida, me daré cuenta de muchas afirmaciones que me callo. 
Preguntar es una eliminación, un robo que hago de una parte de lo que digo o de toda mi expresión. 
En la pregunta no hay compromiso, hablo sin decir, me disfrazo. ¿Para qué hago estas cosas? Quiero que los demás me quieran, que me aprueben, que me acepten, que estén contentos de conocer a una persona tan agradable y gentil como yo. 
Tengo miedo de que me rechacen, que me abandonen, que me critiquen, que no me quieran. 
Y entonces… 
...Abro el baúl de los Recursos y me disfrazo: 
una nariz redonda, un poco de colorete, 
un sombrero atractivo, unos zapatos graciosos 
y, sobre todo, saco, corbata 
(porque no hay que perder la formalidad)
y te engaño, te estafo, te miento
Y tú aceptas mi disfraz, quieres mi disfraz, 
admiras mi disfraz… 
y si lo hago bien, quizás ni siquiera te des cuenta 
y creas que te estás relacionando conmigo. 
Un día, yo me doy cuenta y empiezo a extrañarte y quiero que te contactes conmigo, conmigo de verdad. Y me saco la nariz, el colorete, el sombrero, los zapatos, el saco y la corbata. Y guardo todo en el baúl de los recursos y guardo el baúl bien lejos, como para que no estorbe el paso. 
Ahora sí. Ahora soy yo. Ven conmigo. Mírame. Tócame. Huéleme. Escúchame: Soy yo. 
Es cierto, muchas personas más me rechazan ahora y es también cierto que muchas menos personas me quieren, pero (y aquí sí espero…) cuando te encuentro a ti, a ti que me aceptas así, tal como soy, qué placer… Imagínate ¡Qué placer! 
¡No te disfraces para mí, lo que yo quiero, es estar contigo!

Fuente: Extraído del Capítulo 6 del libro "Cartas para Claudia", de Jorge Bucay