martes, 13 de agosto de 2013

Hipersensibilidad



2.- Agrimony:

Es una planta herbácea, perenne, de hasta un metro de alto, de un color verde profundo. Sus flores son pequeñas, amarillas, de cinco pétalos y cada una de ellas se adhiere a una espiga. Florece entre junio y agosto en el hemisferio norte. La Descripción del Dr. Bach: “Para la gente jovial, alegre, humorística, que ama la paz y se aflige por discusiones o peleas hasta el punto de renunciar a muchas cosas con tal de evitarlas. Aunque generalmente tienen problemas y se atormentan e inquietan y preocupan en mente o en cuerpo, ocultan sus preocupaciones detrás de su humor y chistes y son considerados como muy buenos amigos. A menudo toman alcohol o drogas en exceso, para estimularse a sí mismos y para ayudarse a soportar los tormentos con alegría.” Es la Flor del Dr. Bach para la persona que enmascara sus preocupaciones bajo una apariencia de alegría. El individuo Agrimony no quiere por ningún motivo sufrir, pero esto se le hace muy difícil dada su excesiva sensibilidad. Esta hipersensibilidad lo lleva a percibir como exageradamente doloroso todo lo desagradable. Arquetípicamente está representado por el payaso, que sufre internamente de angustia mientras que exteriormente muestra una eterna sonrisa. Suele ser el alma de la fiesta y sus cercanos son a menudo los últimos en enterarse de que algo anda mal en su vida.

Estas personas eluden los conflictos, siendo incapaces de enfrentar sus verdaderas emociones, las que ocultan detrás de una fingida despreocupación. Para estas personas, una simple discusión es una amenaza a su necesidad de vivir alegremente, por
lo que evaden todo atisbo de conflicto. Actúan como si nada estuviera pasando, pero interiormente los problemas siguen intactos, provocándoles una ansiedad que suele manifestarse como opresión en el pecho. Agrimony es un ser atormentado interiormente por angustias, temores y ansiedades que le provocan mucho sufrimiento. Esto lo lleva a huir de la soledad y de sí mismo rodeándose de personas y actividades que lo mantienen distraído. Esta actitud escapista, puede, en muchos casos, llevar a una adicción, considerando que una de las características comunes del adicto es que tiende a “anestesiarse”, ya sea con alcohol, drogas, comida, sexo, etc., escapando así de sus emociones y de su realidad. La flor ayudará a la persona a aceptar y enfrentar los aspectos oscuros de la vida y de sí misma, de modo de convertirse en un ser humano íntegro. A partir de esto su sentido del humor permanecerá intacto, peero se reirán de sus preocupaciones para disiparlas y ya no más para ocultarlas.

lunes, 12 de agosto de 2013

Hipersensibilidad...



“Me gusta oír los ecos, los zumbidos, los murmullos de la selva. Me gusta sentir el empuje amoroso de las raíces a través de la tierra, el latido de mi corazón, la sangre que inunda mis pulmones, el aire puro que los orea en inspiraciones y espiraciones amplias. Me gusta olfatear las hojas verdes y las hojas secas, las rocas negruzcas de la playa y el heno que se apila en los pajares. Me gusta oír el escándalo de mi voz, forjando palabras que se pierden en los remolinos del viento…”
De “Canto a mí mismo”, Walt Whitman

La persona hipersensible es intuitiva, creativa, consciente, con una desarrollada sintonía emocional consigo mismo y con los demás. En el caso del poeta, la hipersensibilidad le permite captar matices y sutilezas que en general pasan inadvertidos. Y su especial capacidad de percibir la belleza es un verdadero don. Sin embargo, también representa un desafío, porque tiende a tener emociones muy intensas que le pueden generar reacciones desproporcionadas. Para los momentos en que la hipersensibilidad deja de otorgar beneficios, el Dr. Bach indicó las siguientes flores:


1.- Centaury
Pequeña planta anual, de tallo recto que alcanza entre 5 y 35 cm de altura. Crece en campos secos, al borde de los caminos o en lugares áridos. Pisarla es sumamente fácil, porque está escondida entre las matas, sometiéndose a ellas. Las pequeñas flores violeta-rosadas, en forma de estrellas, están insertadas en la punta de las ramas. Florecen entre junio y agosto y se abren cuando sale el sol y se cierran al atardecer. En palabras del Dr. Bach: “Gente amable, reservada y bondadosa que se desvive por servir a los demás. Exceden sus fuerzas en sus empeños. Su deseo de servir va tan por encima de ellos que llegan a convertirse más en sirvientes que en ayudantes dispuestos. Su naturaleza noble los lleva a hacer más de su propia parte del trabajo, y con esto pueden llegar a descuidar su propia y particular misión en la vida”. Para aquellos extremadamente sensibles a los requerimientos de los demás. Influenciables, carentes de voluntad, complacientes y dependientes de la aprobación de aquellos con caracteres más fuertes. Son incapaces de imponerse y satisfacen sumisamente las demandas de los otros. Son terreno fértil para los abusos, se someten a la desconsideración, confundiendo la entrega con el autosacrificio. Derrochan su vida cuidando sacrificadamente a algún miembro de la familia o sometiéndose al poder de un superior jerárquico. Son usuales en ellos frases como “sus deseos son órdenes para mí” o “no puedo decir que no”. En su aspecto positivo, Centaury siempre está dispuesto a ponerse a disposición del otro para ayudar, con una gran capacidad de servicio hacia las buenas causas, pero siendo capaz de discernir entre lo positivo y lo negativo y teniendo el carácter necesario para decir que no a esto último si lo considera destructivo.

jueves, 27 de junio de 2013

"CINE Y SUEÑO: similitudes...y una diferencia", por Luis Teszkiewicz


Se apagan las luces, nos rodean las tinieblas. La sala, las butacas, nuestros acompañantes, quedan sumidos en la oscuridad. Un rectángulo iluminado concentra nuestra atención. Durante una hora y media o dos horas la ficción que se proyecta en el rectángulo se vestirá con las cualidades de la realidad, y nuestra realidad, la de que estamos sentados en la oscuridad, se difuminará en nuestra conciencia. Esa misma noche apagaremos la luz, cerraremos los ojos, nos dormiremos y el mundo exterior habrá desaparecido. Aparentemente nosotros, como sujetos, también habremos desaparecido; pero no totalmente, porque en el transcurso de la noche soñaremos.
En principio, las similitudes entre cine y sueño son muchas. También son muchas sus diferencias. Una, al menos aparentemente, parece la más evidente: del sueño sólo nosotros somos responsables ¿quién sino?

EL CINE COMO SUEÑO DIRIGIDO
En cambio, en el cine, sabemos que un conjunto de personas (guionista, director, productor) han programado esa suerte de realidad ficticia que es una película. La industria del cine es, como tantas veces se ha dicho, una “fábrica de sueños”, esos sueños fabricados, por tanto, no nos pertenecen; pero, desde el momento en que hemos pagado nuestra entrada, hemos aceptado voluntariamente dejarnos llevar por ellos. Sueño dirigido, entonces, con la ventaja de contar con nuestra conciencia adormecida.

CONDICIONES
Para que este fenómeno oniroide se realice, son necesarias, al menos, dos condiciones que no siempre se cumplen: PROYECCION (LUMIÈRE VS. EDISON).
La primer condición es una sala oscura, una butaca cómoda y una gran pantalla. Eso ya es bastante difícil. Las más de las veces (al menos si nos gusta ver las películas en versión original o no nos apetece ir al centro) vemos las películas en unos asientos bastantes incómodos y en una pantalla apenas más grande que la de nuestro televisor. O demasiado cómodos: en nuestra cama, pero en una pantalla aún más pequeña y con constantes interrupciones.
En cualquier caso, el cine, como hecho material, audiovisual, es el mismo. Pero entonces el inventor del cine es Edison, como sostienen los americanos, puesto que Edison inventó la “fotografía en movimienrto”, la película cinematográfica tal cual la conocemos.
Pero los europeos sostenemos que los inventores del “cinematógrafo” fueron los hermanos Lumière, y no creo que sea sólo cuestión de chauvinismo. Los hermanos Lumière inventaron la proyección cinematográfica, y el efecto fue muy diferente al logrado por Edison. Es de sobra conocida la anécdota de la primer proyección: al ver a un tren abalanzarse sobre la platea muchos espectadores salieron corriendo. La ilusión de realidad era perfecta, muy distinta a la del kinetoscopio de Edison: nadie salía corriendo al ver un tren por el pequeño visor.
Los espectadores del primer espectáculo Lumière no repararon en que la imagen era bidimensional, en blanco y negro, ni en que ese tren no hacía ruido. Percibieron un tren y huyeron. ¿Pero es tan sorprendente? Si soñamos que un tren se abalanza sobre nosotros, puede que no sepamos el color del tren, puede que no oigamos su sonido, pero lo más probable es que la angustia que sintamos sea real, porque el peligro que ese tren representa se nos presentifica como real. Si no salimos corriendo es porque nuestro cuerpo duerme.
Los espectadores del cinematógrafo Lumière estaban despiertos y reaccionaron con una acción motora. Después los espectadores aprendieron a quedarse sentados, pero desde sus orígenes el cine se mostró como un espectáculo capaz de producir “emociones fuertes”.
También quedó marcado, desde su nacimiento, por esta “impresión de realidad” que, como dice André Bazin, diferencia al cine “respecto al sistema tradicional de las artes”.
La segunda condición, aún más difícil de obtener que la primera, es que la película esté “bien hecha” CINE “BIEN HECHO” No me refiero a ninguna calidad o valor artístico, sino a que sea capaz de producir en nosotros la ilusión de realidad que se propone.
Desvanecida la ilusión de realidad de la ficción que se nos ofrece en la pantalla, perdemos todo interés en ella y nos vemos forzados a regresar a otra ilusión de realidad, a la de la ficción que constituye nuestras vidas. 
EL CINE (HECHO COMERCIAL-INDUSTRIAL) TIENE COMO MISIÓN FUNDAMENTAL LLENAR LAS SALAS: Para eso debe, ante todo, “satisfacernos”, “realizar” nuestros deseos, en primer lugar el deseo de “entretenernos”, “divertirnos”, es decir: descansar de nuestra vida cotidiana (como el sueño). Y, como el sueño, debe procurar que no “despertemos”, que en el cine equivaldría a desentendernos de la película y volver a la representación de la sala, de las butacas o de nuestras preocupaciones de la vigilia.

CINE E IDENTIFICACIÓN: Uno de los recursos más poderosos (sino el más poderoso) con que cuenta para ello es el de la identificación. Fenómeno extraño este de la identificación en el cine, por el que, sin dejar de ser totalmente nosotros mismos, somos también el héroe o heroína de la historia.
Tanto más extraño en cuanto este héroe o heroína, generalmente bello, y elegido por su belleza entre miles de aspirantes, atlético, sin un gramo de grasa y capaz de las mayores hazañas sin despeinarse, no se nos parece. Y, sin embargo, es una imagen especular en la que nos reconocemos (o nos desconocemos). Podría pensarse que la identificación sería más perfecta si el héroe fuera idéntico a nosotros, o, al menos, si participáramos de la ficción desde su mirada, pero no es así.
Partiendo de esta idea en la década del 40 se hizo una película (”La dama del lago”) íntegramente en lo que se llama “cámara subjetiva”, es decir que al protagonista no se lo veía nunca y toda la película se la veía desde sus ojos. Se esperaba que así el espectador viviera la película desde el lugar del protagonista.
El resultado fue el contrario: el público no encontraba en la pantalla a quién identificarse, perdía interés y se desentendía de la película. Nos identificamos con alguien que está en la pantalla, no fuera de ella. Esto sólo puede sorprender a quien desconozca los mecanismos de lo imaginario: En nuestros sueños, en nuestros recuerdos (verdaderos o falsos), en nuestras fantasías, estamos en escena, nos vemos ahí desde un punto de vista que no es el nuestro, sino el de una mirada que nos abarca…. Pero esto nos lleva un poco demasiado lejos.
PERO NO SÓLO NOS “IDENTIFICAMOS” CON LOS BUENOS. Lo que cualquier analista sabe, por experiencia, es que en el sueño el soñante no se representa sólo en su propia imagen, sino en la de cualquier personaje del sueño (o en un animal, o en un objeto, o en la acción misma).
Algo análogo ocurre en el cine: no sólo nos identificamos con “el bueno”, también podemos identificarnos (de hecho lo hacemos) con “los malos”, con personajes que rechazamos (aunque también tenemos la libertad de rechazar lo que, en una película, nos identifique en un lugar que no nos gusta.
De esta manera el cine nos permite realizar fantaseadamente cosas que de otra forma no aceptaríamos. Por ejemplo: ¿cuántas películas hemos visto en las que un policía se salta las leyes a la torera para detener un delincuente ante la mirada complaciente (y complacida) de un espectador que, probablemente, es un ciudadano escrupuloso y respetuoso de las leyes? ¿O cuántas personas pacíficas asisten alegremente a las masacres en cadena de “Rambo”? EL CINE Y LAS FANTASÍAS PERVERSAS (¡OJO CON EL TÉRMINO!): Tampoco esto es sorprendente.
Hace algo más de un siglo que Freud descubrió que los neuróticos (y para el psicoanálisis todos somos neuróticos, excepto los psicóticos y los perversos) producimos, consciente o inconscientemente, fantasías perversas, de todas las perversiones imaginables. Eso precisamente nos hace neuróticos (los perversos se limitan generalmente a una sola perversión y, en su caso, no es fantasía).
Cuando decimos que el cine realiza nuestras fantasías y nuestros deseos a estos deseos y estas fantasías nos referimos:

VOYERISMO: ¿QUÉ PASA CUANDO EL PERSONAJE NOS MIRA A LOS MIRONES? La más evidente de las fantasías “perversas” que el cine nos ofrece es el voyerismo: No hace falta recurrir al ejemplo más manifiesto, el de “La ventana indiscreta” de Hitchkock, en la que James Stewart se dedica a contemplar con un prismático a sus vecinos (y nosotros con él). Todas las películas son espectáculos para voyers: en ellas “espiamos” (sin ser vistos) escenas de intimidad sexual o psicológica, violencias físicas o psíquicas; vemos una historia y, de paso, satisfacemos nuestra pulsión de mirones. Por eso, quizás, cuando el personaje mira directamente a cámara y “descubre” nuestra mirada, siempre se produce una sensación de incomodidad, la ilusión de realidad se desvanece y despierta la conciencia de estar viendo una película.

SADISMO – “EL SILENCIO DE LOS CORDEROS” Si el voyerismo es consustancial al cine, otras fantasías perversas se cuelan en la historia. Señaladamente, y cada vez más, las escenas sádicas. Muchas películas contemporáneas están construidas en torno a la figura de un sádico, y los “buenos” son realmente personajes secundarios que se nos ofrecen para tranquilizar nuestras conciencias. De paso podemos identificarnos, a la vez, con la víctima y con el victimario (generalmente con la víctima conscientemente y con el victimario inconscientemente, quizás porque el masoquismo goza de mayor tolerancia social que el sadismo). Pero, sin llegar a esos extremos, casi todas las películas de consumo masivo dan múltiples oportunidades de descargar nuestros impulsos agresivos; mejor si el agresor es “bueno” y sus golpes y disparos están motivados por una “buena causa”.

PAIDOFILIA (“LOLITA”) FETICHISMO – ETC. Claro que si la violencia, o lo que sea, es excesiva, siempre podemos volver la cara, cerrar los ojos o salir del cine; pero tampoco es para tomárselo tan a la tremenda, después de todo es sólo una película…. ¿Nunca les ocurrió en medio de un sueño, cuando se vuelve demasiado angustioso, pensar “es sólo un sueño”? Es bastante común.
EL CINE EN LA CLÍNICA Freud propuso en 1900 a la interpretación de los sueños como el “camino real” para dirigirse al inconsciente. Las similitudes señaladas entre sueño y cine permiten también utilizar al cine en la clínica.

MUCHAS VECES UN PACIENTE NOS CUENTA ESPONTÁNEAMENTE UNA PELI. Recuerdo en particular que, hace ya muchos años, en una misma semana 3 pacientes me hablaron de “E.T.”, que habían visto en compañía de sus hijos. La película había movilizado recuerdos y fantasías infantiles, amigos imaginarios o reales perdidos, muñecas que volvían del olvido… no siempre el afecto producido se correspondía con una película aparentemente amable.

CLARO QUE EL SUEÑO ES INDIVIDUAL… Podemos decir que el sueño es una experiencia individual e intransferible, pero la visión de una película también lo es. Si a la salida de un cine pidiéramos al público que simplemente nos contara el argumento, encontraríamos diferencias y matices realmente significativos.

DIJIMOS QUE EL CINE ES UN SUEÑO DIRIGIDO, GUÍADO POR OTRO… ¿Y EL SUEÑO?. Dije al principio que el cine está hecho por otros y el sueño es creación nuestra, pero es ¿realmente así? ¿Acaso dirigimos nuestros sueños?, ¿no hacemos muchas veces en ellos cosas que despiertos no haríamos y que repugnan a nuestra conciencia o a nuestro pudor? Pero entonces ¿quién los dirige? Esa es la experiencia que propone el psicoanálisis: experimentar al Director y así, probablemente, hacer con nuestra vida, dentro de los límites que fija la realidad, nuestra propia película.

Fragmento de una conferencia sobre Cine y Psicoanálisis. Casa de América – Madrid – 1999

jueves, 16 de mayo de 2013

"El Placer Negativo", por Bárbara Brennan


En alguna parte de nuestro interior, nos complace estallar. Dar salida a la energía supone un alivio, aunque no lo hagamos de una forma clara y directa, aunque no asumamos la responsabilidad cuando lo hacemos. Hay una parte de nosotros que disfruta vertiendo nuestra negatividad sobre los demás. Esto se denomina «placer negativo», y se origina en el ser inferior. 
Estoy segura de que usted recordará haber sentido placer en alguna acción negativa que haya hecho. Cualquier movimiento de energía, negativo o positivo, es placentero. 
Esas acciones transmiten placer porque son estallidos de energía que se ha almacenado en el interior. Si usted experimenta dolor cuando la energía empieza a moverse, pronto seguirá el placer porque, a medida que suelta el dolor, libera también la fuerza creativa, que se experimenta siempre como placer. 
El placer negativo tiene su origen en el ser inferior. Nuestro ser inferior es la parte de nosotros que ha olvidado quienes somos. Es la parte de la psique que cree en un mundo separado y negativo y que actúa de acuerdo con él. 
El ser inferior no niega la negatividad, sino que la disfruta. Tiene la intención de gozar del placer negativo. Puesto que el ser inferior no niega la negatividad, como sí lo hace la máscara, es más honesto que ésta. 
El ser inferior es veraz respecto a su intención negativa. No finge ser bueno, porque no lo es. Impone sus intereses y no se anda con rodeos. Dice: «Yo me ocupo de mí, no de ti». No puede ocuparse de sí mismo y de otro por causa de su mundo separado. Gusta del placer negativo y quiere más. Conoce el dolor existente en la personalidad, y no tiene ninguna intención de experimentarlo. La intención del ser inferior es preservar la separación, hacer todo cuanto quiere hacer, y no sentir dolor. 
Por supuesto que durante el proceso de maduración no toda nuestra psique está separada del núcleo. Una parte de nosotros es franca y afectuosa, sin ánimo de lucha. Está directamente conectada a nuestra divinidad individual interna. Está llena de sabiduría, amor y valor. Establece conexión con el gran poder creativo. Facilita todo lo bueno que ha sido creado en nuestra vida. 
Es la parte de nosotros que no ha olvidado quienes somos. 
Donde haya paz, alegría y satisfacción en su vida, es allí donde su ser superior se ha manifestado a través del principio creativo. 
Si se pregunta qué se entiende por «quién es realmente» o «su verdadero ser», explore estas áreas de su vida. Son una expresión de su verdadera esencia. Nunca asuma que un área negativa de su vida expresa su verdadero ser. Las áreas negativas de su vida son expresiones de quien no es usted. Son ejemplos de cómo ha bloqueado la expresión de su verdadero ser. La intención del ser superior es la verdad, la comunión, el respeto, la individualidad, una autoconciencia clara y la unión con el creador. 

Nota: Bárbara Ann Brennan es una sanadora, terapeuta y científica. Después de completar un master de Física Atmosférica en la Universidad de Wisconsin fue investigadora de la NASA. Durante los últimos años ha estudiado y trabajado en el campo de la energía humana, y ha participado en proyectos de investigación en la Universidad Drexel y en el Instituto de Nueva Era. Se ha especializado en terapia bioenergética.

domingo, 14 de abril de 2013

Inteligencia Emocional: hacernos cargo de lo que sentimos y ponernos en el lugar del otro.




En los años 90 dos psicólogos norteamericanos, Peter Salovey y John Mayer, dieron nombre a una facultad primordial del comportamiento humano que tiene que ver con la forma como nos adaptamos a las contingencias de la vida, denominándola “inteligencia emocional”. Hay dos pilares básicos en los que se fundamenta la inteligencia emocional: tomar contacto con lo que sentimos en cada momento y ponernos en el lugar del otro, para intentar comprender también lo que el otro siente. Sin embargo, esto por sí sólo no es suficiente; para desarrollar la inteligencia emocional necesitamos aprender a gestionar la información. Es decir, debemos visualizar con una nueva mirada ese conglomerado de pensamientos, imágenes, emociones y sentimientos que fluyen de forma incesante en nuestra mente, hasta transformarlo en una herramienta que nos ayude a canalizar el pensamientos y las acciones, de manera adecuada y según nuestros propósitos.
Solamente cuando somos capaces de encausar los sentimientos, los pensamientos y las acciones de forma productiva, por voluntad propia y de acuerdo con nuestra realidad, en nosotros mismos a la vez que con el entorno, podemos decir que poseemos una adecuada inteligencia emocional. Como sabemos, el que una persona posea esta capacidad no significa que tenga un coeficiente intelectual alto, aunque puedan haber rarísimos casos en los que de forma innata se den ambas cosas. Lo más común es encontrar personas muy inteligentes intelectualmente pero incapaces de experimentar el bienestar en su vida, debido a las ataduras autoimpuestas provenientes de las propias inseguridades y/o de aquellos aspectos emocionales no resueltos. También hay personas que proyectan su vida de forma parcelada, utilizando o desarrollando sus recursos sólo en una faceta de su existencia, sobresaliendo en una área pero débiles o infelices en los demás aspectos; de ahí que se hable de inteligencia social, física, verbal, espiritual, etcétera. Otros en cambio, sin tener una inteligencia brillante, logran proyectar y concretar sus anhelos, encausar los cambios necesarios, innovar y desarrollar una vida personal, familiar y social de forma productiva a la vez que armónica.

Para comprender estos mecanismos que secundan nuestro despliegue en la vida, lo primero que debemos tener presente es que generalmente tan sólo el 10% de la información que circula por nuestra psiquis se relaciona con la experiencia presente -es el porcentaje de la actividad mental que denominamos consciente-; el 90% restante viene de nuestro pasado, aflorando desde el inconsciente: experiencias que van quedando registrada en la psiquis y que posteriormente emergen, transformadas en emociones, imágenes o pensamientos que condicionan nuestra forma de reaccionar y actuar. Por esto, a veces no comprendemos porque respondemos de una u otra forma ante una determinada situación, o porque tomamos una decisión y no otra.

En el artículo anterior explicaba de manera similar el mecanismo de la intuición, y es porque la intuición forma parte de la inteligencia emocional, necesaria para el desarrollo de nuestra vida y su proyección hacia el futuro. Por lo tanto, debemos tomar contacto con nuestras emociones ya que son una fuente de información importantísima, útil para nosotros mismos y para conducirnos en la vida. En su libro “El directivo emocionalmente inteligente” David R. Caruso y Peter Salovey exponen seis afirmaciones que deberíamos tener presente:


1. La emoción es información.
2. Podemos intentar ignorar la emoción, pero no podemos ignorar cómo actúa en nosotros o en los demás.
3. Ignorar la emoción no es tan bueno como se piensa comúnmente.
4. Las decisiones deben incorporar las emociones para que sean efectivas.
5. Las emociones siguen patrones lógicos, aunque no lo parezca.
6. Existen emociones universales, pero actúan de un modo específico en cada persona y según las circunstancias.


En otras palabras, a través de las emociones descubriremos un camino para explorar de forma honesta tanto nuestros recursos como las debilidades que poseemos y, al mismo tiempo encontraremos las fortalezas necesarias para redibujar y proyectar nuestra vida. Sin embargo, la mayoría de nosotros tendemos a procesar la información de la misma manera como nos la han entregado y ni siquiera intentamos averiguar si hay otras alternativas. Etiquetamos y organizamos todo con los patrones aprendidos: lo que sentimos, el pensamiento, lo que vemos e incluso las emociones.

Si logramos desestructurar esos patrones, intentando visualizar la vida, los miedos, el dolor, la enfermedad, las alegrías, la familia o los proyectos que tenemos desde otra perspectiva, desplegaremos una mirada distinta a la habitual, relacionaremos de otra forma los sucesos vividos, permitiendo que afloren nuevos canales de conocimiento y percepción; conseguiremos así romper con ese viciado código con el que nuestra mente acostumbra a funcionar.

Por eso también la creatividad es un componente de la inteligencia emocional, ya que nos permite explorar las cosas y los hechos desde una perspectiva diferente a la que estamos habituados, nos permite ir más allá de esa forma de pensamiento alienado, a la que la rutina del día a día y la sociedad en la que vivimos nos conducen. Según la experiencia que he tenido al impartir mis talleres, he corroborado cómo las personas que se han comprometido seriamente con el proceso experimentado en el taller, además de impresionarse a sí mismas por los logros estéticos o plásticos realizados, consiguen una proyección más honesta y más libre de su vida; de este modo, reforzados en su valía personal comienzan a visualizar cada día como un reto creativo, seguros de que poseen todos los recursos para enfrentarlo.

Pensar que “nada puedo cambiar” o “que mi vida es así y no hay más” no es la mejor forma de luchar por una existencia más plena. Tal vez no podamos cambiar algunas cosas o personas de nuestro alrededor -aunque les puedo asegurar que podemos mucho más de lo que creemos-, pero sin duda lo que sí podemos cambiar es el prisma con el que vemos las cosas. Además, al transformar la mirada nos liberamos y dejamos salir el amor y la sabiduría interior que poseemos. Es un buen comienzo ya que en este prisma se sustenta el sentimiento de la felicidad; a partir de ahí dependerá de nosotros hacia dónde queramos llevar nuestro personal proceso de transformación. ¡Os invito a dejar de lado la comodidad y los temores, buscad formas de transformar la mirada y cogeréis las riendas de vuestra vida!


http://procreartevida.wordpress.com

Patricia Abarca ... Matrona, Doctora en Bellas Artes


domingo, 10 de marzo de 2013

Una nueva Comunicación, N. D. Walsch.



Vamos a cambiar la palabra hablar por la palabra comunicarse. Es un término mucho mejor; resulta más completo y más apropiado. Cuando tratamos de hablar a otros - tú a Mí, Yo a ti -, inmediatamente nos vemos restringidos por la increíble limitación de las palabras. Por esta razón, no me comunico únicamente con palabras. En realidad, rara vez lo hago. Mi modo usual de comunicarme es por medio del sentimiento. 
El sentimiento es el lenguaje del alma.
Si quieres saber hasta que punto algo es cierto para ti, presta atención a lo que sientes al respecto
A veces los sentimientos son difíciles de descubrir, y con frecuencia aún más difíciles de reconocer. Sin embargo, en tus más profundos sentimientos se oculta tu más alta verdad. El truco está en llegar a dichos sentimientos. 
El pensamiento y los sentimientos no son lo mismo, aunque pueden darse al mismo tiempo. Al comunicarme con el pensamiento, a menudo utilizo imágenes. Por ello, los pensamientos resultan más efectivos como herramientas de comunicación que las mismas palabras. Además de los sentimientos y pensamientos, utilizo también el vehículo de la experiencia, que es un magnífico medio de comunicación. Y finalmente, cuando fallan los sentimientos, los pensamientos y la experiencia, utilizo las palabras. 
En realidad, las palabras resultan el medio de comunicación menos eficaz. Están más sujetas a interpretaciones equivocadas, y muy a menudo a malentendidos.¿Y eso por qué? Pues debido a lo que son las palabras. Éstas son simplemente expresiones: ruidos que expresan sentimientos, pensamientos y experiencia. Son símbolos. Signos. Insignias. No son la verdad. No son el objeto real. Las palabras le pueden ayudar a uno a entender algo. La experiencia le permite conocerlo. Sin embargo, hay algunas cosas que uno no puede experimentar. Por eso existen otras herramientas de conocimiento: son los llamados sentimientos; y también los pensamientos. 
Se le da tan poco valor a la experiencia que, cuando la experiencia difiere de lo que se ha oído, automáticamente se desecha la experiencia y te quedas con las palabras, cuando debería ser precisamente lo contrario.
Tu experiencia y tus sentimientos sobre algo representan lo que efectiva e intuitivamente sabes acerca de ello. 
Las palabras únicamente pueden aspirar a simbolizar lo que sabes, y a menudo pueden confundirlo.

Del libro "Conversaciones con Dios"....

domingo, 3 de marzo de 2013

Cómo benefician a los niños las Flores de Bach


¿Cómo es la consulta con un terapeuta floral? 
Lo primero es una entrevista con el niño, que provee al terapeuta de un bagaje 
importante de datos para el momento de decidir qué flores irán en su fórmula. Se 
observa la postura, el modo de hablar, la carita, la mirada del niño...
Las flores de Bach, ¿curan enfermedades? 
No curan enfermedades, sino que equilibran emociones. Los niños tienen fuerzas 
internas potenciales, que cuando no se pueden expresar es porque están ausentes, 
como un niño triste, abatido, que le falta la alegría natural. En ese plano entrará a 
actuar la esencia floral, en el desequilibrio emocional, y eso naturalmente tendrá un 
correlato en su cuerpecito. Por eso se dice que no curan males específicos, sino los 
desequilibrios emocionales que se producen con estos problemas. Cada niño tiene 
un temperamento, que es biológico y que trae como carga genética, y que es 
modificado por el medioambiente. 
¿Cómo actúan las flores de Bach?, ¿cuáles son sus propiedades?
Básicamente son agua, no tienen ningún compuesto químico. El agua es un muy 
buen vehículo; es el mejor transportador o conductor de energía, y lo que hay en 
los frascos es energía floral, capturada de las 38 flores elegidas por el creador del 
sistema, el Dr. Edward Bach. Las flores tienen una propiedad vibratoria, cada una 
vibra en forma diferente, y cuando ese patrón vibratorio resuena con el nuestro, se 
consigue la curación. 
¿Se pueden comprar en cualquier lugar? 
Sí, pero quizás la eficacia no es la misma que si es preparada por un terapeuta, 
porque las emociones son mezclas de estados, no son emociones puras, por lo que 
es mucho mejor hacerlo como una fórmula. Pero se puede. 
¿Se pueden usar esencias de un niño en otro niño con el mismo mal? 
No, porque cada fórmula está pensada para cada persona. 
¿Desde qué edad se pueden usar? 
Desde el momento de nacer, cuando se sale del vientre de su mamá. 
¿Hay niños a los que nos les hace efecto? 
La experiencia clínica dice que la esencia floral hace todo el esfuerzo por 
restablecer la armonía del niño y sacarlo adelante, pero si el niño está en un 
medio de desamor, no pasará nada. Si está en un ambiente de agresión, de 
violencia intrafamiliar o indiferencia, ninguna fórmula, por precisa que sea, logrará 
hacer algo. Los medicamentos tampoco hacen efecto si no se hace modificación del 
entorno. 

Las dos flores más utilizadas en los niños: 
Luego de la evaluación de cada niño, el terapeuta elaboran una mezcla de estas 
flores que trabajarán con cada emoción perturbada. Sin embargo, destacan dos que son especialmente utilizadas en el mundo infantil: 
- Impatiens: para el niño irreflexivo, intolerante a la frustración, impulsivo, de 
actividad mental desmesurada, inquieto, impaciente. Puede presentar torpeza 
motora o atropellamiento al hablar y dificultad para fijar la atención por períodos 
prolongados. Se irrita fácilmente y en la casa parece ser un tornado de actividad. 
En el colegio colma la paciencia. Es un niño que se accidenta a menudo, que se 
rompe sin querer, que está continuamente moviendo los pies, que se sienta en su 
puesto como si fuera a salir disparado en cualquier momento o hace sonar los cubiertos mientras esperan que le sirvan la comida.  Es poco prolijo. Olvida cuadernos y 
estuches debajo del banco, no sabe si por la mañana salió con más ropa de la que 
lleva puesta, es de juego brusco, no le gusta ceder su turno ni esperar a que 
llegue. 
En el plano físico, suele presentar contracturas musculares, dolores de 
cabeza, bulimia, tics, malos hábitos alimentarios, alto consumo de azúcar y líquidos 
y mal dormir. Sus padres suelen describirlos como nerviosos o agotadores. 
Al tomar esta esencia, poco a poco aparece la paciencia, baja el nivel de 
intolerancia e impulsividad, y mejora notoriamente la capacidad de empatía del 
niño en la casa y escuela. 
- Holly: es para el niño susceptible o hipersensible, que reacciona 
desmesuradamente a los estímulos, sobre todo a aquellos relacionados con los 
afectos. Se siente a menudo perjudicado, agraviado por sus pares y adultos. 
Celoso, lo desestabiliza la llegada de un nuevo hermano. Se pone agresivo. 
También suele afectarlo la envidia, a tal punto que se puede enfermar físicamente. 
Muchas veces los padres los describen como constantemente insatisfecho. No tolera 
frustraciones y se irrita cuando algo sale mal. A menudo ofende con reacciones 
exageradas. Se levanta de mal humor. Es inseguro. 
Al tomar la esencia: poco a poco entra el amor a la vida del niño, puede alegrarse 
con los triunfos ajenos, reconoce cualidades de sus pares, se relaja y serena.

Extracto del artículo de la revista YA, El Mercurio, 17 de abril 2007